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La aventura por el Tajo del capitán Boyton

Miércoles 19 de Septiembre, 2012
En el mes de enero de 1878, los habitantes de las riberas toledanas y extremeñas del Tajo se asustaron ante la presencia de un extraño ser flotando sobre las aguas del río. Lo que en un principio parecía ser una desconocida criatura de inquietante aspecto, se trataba realmente del cuerpo del capitán americano Paul Boyton que, enfundado en un traje de caucho impermeable, se dejaba llevar impulsado por la corriente con la pretensión de llegar hasta su desembocadura en Lisboa. Esta es la historia de su sorprendente aventura. Por: José Luis Hernández Garvi
Los orígenes de nuestro héroe son inciertos y las diferentes biografías del personaje no consiguieron ponerse de acuerdo a la hora de determinar su lugar de procedencia y el año de su nacimiento hasta fechas muy recientes. Según estas mismas fuentes Paul Boyton nació en 1848 en Rathangan, población situada en el condado de Kildare, Irlanda, y cuando contaba once años emigró junto a su familia a los Estados Unidos. En tierras americanas los Boyton se instalaron en Alleghany, una pequeña localidad cercana a la ciudad de Pittsburg, donde sus padres regentaron un pequeño negocio dedicado a la importación de conchas y corales traídos desde oriente. Las dificultades económicas y el clima hostil que encontraron contra la comunidad irlandesa posiblemente forzaron al joven Boyton a tomar una decisión que le permitió escapar de aquel opresivo ambiente.

Con apenas quince años se alistó en la Marina de la Unión, sirviendo a bordo del USS Hydrangea, un acorazado fluvial que durante la Guerra Civil americana combatió contra los estados del Sur a lo largo del cauce del Mississippi. Tras finalizar la contienda su espíritu aventurero lo llevó hacia los mares de las Indias Occidentales, aguas en donde tendría oportunidad de desarrollar y perfeccionar sus facultades como nadador y submarinista mientras trabajaba como buscador de perlas. En uno de sus viajes la goleta en la que viajaba naufragó frente a las costas de México, dramática circunstancia que Boyton aprovechó para unirse a los revolucionarios mexicanos que luchaban contra Maximiliano de Austria, el emperador impuesto por Napoleón III. Durante ese tiempo se dedicó a traficar con armas americanas destinadas a equipar al ejército rebelde hasta que desencantado de comerciar con la muerte decidió desertar.

Finalizada su etapa mexicana regresó a los Estados Unidos para hacerse cargo del negocio familiar, buscando tal vez la estabilidad y tranquilidad que hasta entonces su vida no había tenido. Sin embargo, en 1869 un incendio destruyó la tienda y su casa, arruinándole y frustrando sus planes. Boyton decidió entonces retomar sus andanzas aventureras y en 1870 lo encontramos en Europa sirviendo como voluntario en el ejército francés y combatiendo contra los prusianos. Tras licenciarse cargado de medallas, nuestro intrépido personaje decidió probar fortuna como buscador de diamantes en Sudáfrica, experiencia en la que no tuvo demasiada suerte.

De nuevo en Norteamérica y tras una breve etapa en el Oeste, su destreza como nadador y buceador experto le permitieron encontrar trabajo como salvavidas. Instalado en la costa de Nueva Jersey, entró a formar parte del Servicio de Salvamento de los Estados Unidos, agencia de rescate precedente de los modernos Guardacostas. Por aquel entonces la ciudad de Atlantic City comenzaba a ser un destino turístico y sus playas se llenaban de bañistas que no sabían nadar. Actuando como salvavidas en esas costas, Boyton salvó a muchas personas de morir ahogadas, convirtiéndose en un héroe local.

En el verano de 1873 conoció a Clark S. Merriman, inventor de un primitivo traje de hombre rana. Construido en caucho vulcanizado, estaba compuesto por dos partes impermeables unidas por la cintura y una capucha que se ajustaba a la cabeza. Su mayor innovación eran los cinco compartimentos de aire que podían hincharse soplando por una boquilla y que permitían la flotabilidad del cuerpo enfundado en él al mismo tiempo que servían para controlar la estabilidad. Como accesorio remolcaba un pequeño recipiente estanco en el que podía llevarse un reducido equipo de emergencia compuesto por alimentos, agua, un cuchillo y banderines para hacer señales. Originariamente había sido diseñado para salvar las vidas de los pasajeros de los grandes cruceros que hacían la travesía del Atlántico pero Merriman, hombre acaudalado con importantes negocios en la costa atlántica de los Estados Unidos, pensó en aplicarlo para salvar las vidas de los turistas que se arriesgaban demasiado en el mar.

Los salvamentos protagonizados por Boyton llamaron la atención del millonario que no tardó en hacerle una oferta para que probase la eficacia de su invento. Como era de esperar, el intrépido salvavidas no dudó en aceptar su propuesta y convencido de las posibilidades del traje de Merriman lo puso a prueba recorriendo con él las riberas del río Delaware. Por su extraño aspecto algunos de los tripulantes y pasajeros de los barcos fluviales con los que se cruzaba llegaron a confundirlo con un esquimal o un enorme pez.

Tras el éxito obtenido durante las pruebas, el Servicio de Salvamento decidió adoptarlo y equipado con su peculiar atuendo Boyton rescató personalmente de las aguas de la costa atlántica a más de setenta bañistas imprudentes, reduciendo espectacularmente las cifras de fallecidos entre los turistas. Por sus méritos como salvavidas fue ascendido a capitán y se convirtió en un personaje célebre más allá de Nueva Jersey.

Su fama no dejó de crecer durante la gira de exhibición que emprendió por todos los Estados Unidos mostrando las posibilidades del traje de Merriman mientras descendía por los cauces de los ríos Mississippi, Missouri o Hudson, entre otros. Convertido en el primer hombre rana de la Historia, su experiencia le permitió añadir algunas mejoras al traje. Flotando boca arriba, se impulsaba con un remo que también le permitía controlar el rumbo y para las travesías marítimas que empezaba a planear diseñó un pequeño mástil equipado con una vela triangular. Dispuesto a ofrecer espectáculo, Boyton causaba la admiración del público que acudía a las exhibiciones fumando mientras nadaba, protegiendo su cabeza del sol con un paraguas o mostrando su ropa interior completamente seca cuando salía del agua.

El invento de Merriman y las hazañas de Boyton despertaron el interés de los militares sobre las posibles aplicaciones bélicas del traje flotante. Durante la conocida como Guerra del Pacífico, conflicto armado que en 1879 enfrentó a Chile contra Bolivia y Perú por hacerse con el control de los yacimientos de salitre en el desierto de Atacama, numerosos mercenarios y aventureros fueron contratados para luchar en ambos bandos. Cuando un oficial de la Marina peruana le propuso a Boyton utilizar el traje para hundir los barcos enemigos con explosivos colocados bajo su línea de flotación, nuestro protagonista no se lo pensó dos veces.

Las autoridades peruanas le ofrecieron 100.000 dólares por el primer barco que hundiese, cantidad que iría progresivamente en aumento con los siguientes navíos que destruyese. Cuando estaba preparado para lanzar su primer ataque en solitario aprovechando las sombras de la noche, los barcos chilenos se retiraron mar adentro después de atacar las posiciones peruanas con un bombardeo naval, decisión que convirtió el plan inicial de Boyton en una misión imposible. Tras diversos avatares, nuestro protagonista fue capturado por los chilenos que se apresuraron a ordenar su fusilamiento. Sin embargo consiguió esquivar la muerte escapando de su cautiverio.
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