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Los comprachicos

Martes 22 de Diciembre, 2015
En el siglo XIX Víctor Hugo escribió una novela titulada El hombre que ríe en la que va de una misteriosa organización criminal dedicada al tráfico de niños con fines horrendos. Se compraba a los niños para deformarlos y convertirlos en monstruos, y así poder revenderlos después como bufones, monstruos de feria, etc. Nunca se ha podido probar la existencia de esta temible asociación que tenía una de sus mayores sedes en España… Hasta ahora. Por: Mado Martínez
Comprachicos, Victor Hugo, El hombre que ríe

En 1869 Víctor Hugo escribió El hombre que ríe. Pero, ¿de qué hablaba Victor Hugo en esta pieza literaria? De los comprachicos o comprapequeños, como también los llamaba, haciendo uso de una palabra compuesta española. Por eso lo primero que hizo el autor fue explicar el significado de esta palabra: “Comprachicos, lo mismo que comprapequeños, es una palabra española compuesta. Los comprachicos comerciaban con los niños. Los compraban y vendían. No los robaban. El robo de niños es otra industria. ¿Y qué hacían con esos niños? Monstruos. ¿Para qué monstruos? Para reír […]. El siglo XVII, llamado el gran siglo, fue una de esas épocas. […]Había criadores. Se tomaba a un hombre y se hacía de él un aborto […] Se comprimía el crecimiento, se modelaba la fisonomía. […] Compraban chicos, trabajaban un poco esa materia prima y la revendían luego. […] Durante largo tiempo los comprachicos sólo se ocultaban al medias. Hay a veces en el orden social una penumbra complaciente para las industrias infames; se conservan en ella. En nuestros días hemos visto en España una asociación de esa clase dirigida por el trabucaire Ramón Sellés y que duró desde 1834 hasta 1866, y durante treinta años mantuvo bajo el terror a tres provincias: Valencia, Alicante y Murcia. […] eran una asociación más bien que una horda […] Eran toda el hampa del universo que tenía por industria el crimen. […] Errar era la ley de vida de los comprachicos. Aparecer y luego desaparecer […] Los comprachicos eran pobres. […] Tal vez, inclusive, probablemente, sus jefes, los desconocidos, los empresarios en gran escala del comercio de niños, eran ricos. […] Quien al presente deseara saber más acerca de los comprachicos no tendría que hacer más que ir a Vizcaya o a Galicia. Como había muchos vascos entre ellos, es en esas montañas donde perdura su leyenda. Todavía se habla de los comprachicos en Oyarzun, Urbistondo, Lezo y Astigarraga. […] Los comprachicos, como los cíngaros y los gitanos, se daban citas; de vez en cuando los jefes conversaban. En el siglo XVII tenían cuatro puntos de encuentro principales: uno en España, el desfiladero de Pancorbo; […] Los comprachicos, insistimos, no tenían nada que ver con los gitanos. […] eran un compuesto de todas las naciones […] Sobresalían en las desapariciones. El bien del Estado quiere desapariciones de vez en cuando […] Eran además muy discretos y taciturnos, se comprometían a mantener silencio y cumplían su palabra”.

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