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La División Azul de Napoleón

Martes 03 de Mayo, 2016
El regimiento José Bonaparte fue una unidad española que en contra de su voluntad luchó junto a las tropas napoleónicas entre 1807 y 1814. Originariamente pertenecían a la División del Norte al mando del marqués de La Romana. El levantamiento del 2 de mayo... lo cambió todo.
La campaña de Rusia sería la tumba del victorioso Napoleón... y de miles de sus hombres.

A finales del 1806, el emperador Napoleón Bonaparte solicitó que Carlos IV enviase un contingente de tropas al Norte de Europa para formar parte como ejército. Unos meses más tarde, en marzo de 1807, volvió a solicitar a su aliado 3.000 caballos y que la división que estaba en Liorna partiese para Altenburgo para oponerla a los desembarcos que se preveía iban a realizar los ingleses.

España no solo respondió a esta demanda del emperador francés, sino que además aumentó la cifra de efectivos que Napoleón pedía para dejarlos en un total de 14.000 hombres, entre los cuerpos de caballería e infantería, dispuestos a acatar las órdenes del ejército francés y dejando el mando de este contingente al marqués de la Romana. Se constituía así la llamada “División del Norte”.

Lo detalla Carlos Montero Rocher en un reportaje que ha visto la luz en el número de mayo de Historia de Iberia Vieja titulado La División Azul de Napoleón.

En efecto, mucho antes de que miles de jóvenes españoles se enrolaran en la fuerza expedicionaria que Franco puso a disposición de Hitler en la Segunda Guerra Mundial, hubo otra División Azul. Hablamos del regimiento “José Bonaparte”, un cuerpo de españoles que tuvo una activa participación en la campaña de Napoleón en Rusia.

Uno de los motivos para alistarse en el regimiento José Bonaparte fue la esperanza que muchos soldados españoles albergaban de ser enviados a combatir en España, no con el ánimo de guerrear contra sus propios compatriotas sino para aprovechar esta circunstancia para desertar del ejército francés y pasar a luchar junto al ejército español.

Las primeras tropas salieron a finales de abril de 1807 en dirección a Hannover, donde se integraron en el ejército del mariscal Brune.

Otro contingente estaba integrado por los regimientos de infantería ligera de Asturias y de infantería ligera de voluntarios de Barcelona, así como los Dragones de Almansa. Dicha fuerza pasó a Francia a través de La Junquera.

Mientras esto sucedía, a primera hora de la mañana del 2 de mayo de 1808, una multitud de comenzó a concentrarse ante el Palacio Real en Madrid. La muchedumbre conocía la intención de los soldados franceses de llevarse a Francia al infante Francisco de Paula con el resto de la Familia Real, por lo que, al grito de «¡Que nos lo llevan!», parte del gentío asaltó el palacio. El infante se asomó a un balcón provocando que aumentara el bullicio en la plaza. Este tumulto fue aprovechado por Murat, que mandó un destacamento de la Guardia Imperial al palacio, acompañado de artillería, la cual hizo fuego contra la multitud. Al deseo del pueblo de impedir la salida del infante, se unió el de vengar a los muertos y el de deshacerse de los franceses. Con estos sentimientos, la lucha se extendió por todo Madrid.

Nada más saberse los acontecimientos que ocurrían en España, el mariscal Bernadotte exigió al marqués de la Romana que tanto él como sus hombres jurasen fidelidad al ejército y al imperio francés, cosa que ya había ocurrido con la Junta de Bayona. La exigencia llegó también hasta el general español a través de un comunicado firmado por el ministro Urquijo, en el que se le ordenaba que se diese parte de los soldados que se revelasen contra aquella nueva situación.

La tropa perteneciente a la División del Norte se encontraba en esos momentos diseminada por distintos puntos de Dinamarca y no todos reaccionaron de la misma forma a la orden del juramento de fidelidad a Napoleón. Las fuerzas destinadas en Jutlandia no opusieron ningún reparo, pero el resto de la División se vio sometida a protestas y desaires hacia los franceses, teniendo que intervenir en muchos casos los oficiales españoles para calmar los ánimos de sus soldados, a los que les repugnaba la idea de apoyar José Bonaparte como nuevo Rey de España.

Averígualo todo sobre la División del Norte en el número de mayo de Historia de Iberia Vieja

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