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Españoles contra Rommel

Martes 26 de Junio, 2018
El avance contra Rommel en el norte de África fue uno de los más importantes golpes estratégicos para la derrota del Tercer Reich, facilitando el comienzo de la invasión de Europa por el Mediterráneo. No obstante, luchar contra las fuerzas comandadas por el “Zorro del desierto”, el Afrika Korps, no fue ni mucho menos sencillo, y sí un camino sembrado de sangre y muerte en que destacaron las acciones de numerosos combatientes españoles. Óscar Herradón.

Tras las imparables victorias iniciales de los carros de combate alemanes, los Panzer que parecían imbatibles, comenzaron los éxitos, no siempre absolutos, de las fuerzas aliadas; diversos episodios bélicos que tuvieron como protagonistas a muchos españoles que se habían visto obligados a exiliarse de su país tras la victoria franquista en la reciente Guerra Civil.

La “Nueve”, nombre con el que se conocía popularmente a la 9ª Compañía de la 2ª División Blindada de la Francia Libre, formada casi íntegramente por unos 150 republicanos españoles a las órdenes del general Lecrerc, es quizá el aspecto más conocido de aquella importante participación de nuestro país en la lucha contra la esvástica –contrapuesta a la División Azul franquista que optó por defender al Tercer Reich en las heladas estepas rusas–, pero existieron otras compañías en las que abundaron soldados españoles cuyas hazañas fueron menos publicitadas pero no por ello menos relevantes en el transcurso de la contienda.

Una de las grandes hazañas bélicas en este sentido tendría lugar en Bir Hakeim, un antiguo fortín otomano situado a unos 65 kilómetros al suroeste de Tobruk, en Libia. Según el general Bernard Saint Hillier, Bir Hakeim era “Un simple cruce de pistas en un desierto árido, pedregoso y desnudo que barren los vientos de arena, Bir Hakeim se ve por todas partes”. Antonio Vilanova describe en su libro Los Olvidados lo que era aquel campo atrincherado: “Era una pequeña estación de aguada enclavada en un cruce de pistas en pleno desierto, a unos sesenta kilómetros de la costa y al borde de los inmensos arenales de Cirenaica.

Al noroeste, en la cota 186, se encuentran lo que llaman “Les Mamelles” (Las Tetas), unos pequeños montículos que son dos antiguas cisternas recubiertas por la arena. A tres kilómetros al sur, en línea recta, se encuentran los vestigios de un antiguo fortín árabe. Entre ambos y a la derecha se extendía la posición militar de Bir Hakeim. El suelo no era rigurosamente horizontal, sino que, bajo el efecto de los vientos, se ondulaba en dunas de escasa altitud. El calor era espantoso (…)”. Considerado de vital importancia para ambos contendientes en la lucha por el control del norte africano, era un sitio prácticamente desprotegido ante un ataque enemigo.

PREPARANDO LAS DEFENSAS
El fortín fue en un principio ocupado por tropas neozelandesas procedentes de Siria, pero una vez que las tropas de la Francia Libre –cuyo comandante en jefe era el general Charles De Gaulle, exiliado en Londres– intervinieron en la campaña del norte de África, la seguridad del enclave sería confi ada a la Primera Brigada de la Francia Libre (1BFL). Esto formaba parte de un plan del general Ritchie, al frente del 8º Ejército Británico, quien ideó una línea defensiva de norte a sur con posiciones fortificadas –conocidas como box–, de las cuales la más meridional era Bir Hakeim.

Era necesario frenar el avance del general Rommel, el carismático “Zorro del Desierto” que sería condecorado por el propio Hitler y más tarde defenestrado por él, al frente de 45.000 hombres del Afrika Korps y de seis divisiones italianas que, a principios de 1942, reiniciaba su ofensiva para tomar el puerto de Tobruk, paso previo para la conquista de Alejandría y el Canal de Suez en las ansias expansionistas del régimen de Berlín.

Los box más reforzados se hallaban al norte, en Ain-el-Gazala y en Gott-el-Oualeb y la protección de Bir Hakeim, como digo, se le encargó a la Primera Brigada de la Francia Libre. Ésta estaba compuesta por la Legión Extranjera (13ª Demi-Brigade), bajo el mando del coronel Dimitri Amilakvari, un príncipe georgiano que había luchado junto a los rusos blancos y que, paradójicamente, debía comandar a muchos españoles ideológicamente antagónicos –situación que, sin embargo, parece que no generó ningún conflicto–; también por otra Demi-Brigade y dos batallones de infantería de marina formados por franceses, subsaharianos, magrebíes, libaneses, polinesios e indochinos.

Alrededor de millar de aquellos legionarios, sobre cuya cifra exacta no hay consenso entre los historiadores, eran republicanos españoles que se habían enrolado para evitar los campos de concentración franceses –algunos de ellos ya habían combatido en misiones previas en Noruega, Eritrea y Siria y lo harían más tarde en Italia y en Normandía–, muchos militantes socialistas, anarquistas o miembros del POUM, el Partido Obrero de Unifi cación Marxista.

La 1BFL estaba mandada por el general galo Pierre Koening y disponía de un armamento formado por 24 cañones de 75 mm y 47 de 25 –la mayor parte manejados por españoles, debido a su experiencia en España contra blindados durante la Guerra Civil–, 44 morteros, 72 ametralladoras y fusiles ametralladores, 28 cañones antiaéreos y ocho ametralladoras antiaéreas, además de 65 tanquetas británicas Bren-Carrier, conocidas coloquialmente por los soldados como “muchachas de servicio”, porque decían que servían para todo.

En unos días, los hombres de la 1BFL reconvirtieron Bir Hakeim en un campo atrincherado en forma triangular con un perímetro de 17 kilómetros rodeado de alambradas y un campo fuertemente minada. A su vez, cavaron 1.200 trincheras y pozos de tirador, y enterraron gran parte del armamento e incluso la enfermería, situada bajo el nivel del suelo. Unas obras vertiginosas que Koening supervisaba subido a la moto sidecar conducida por su enlace, precisamente un español de apellido Carrillo.

COMIENZA EL ATAQUE
El ataque germano-italiano contra las líneas aliadas sería encabezado por tres divisiones italianas –Brescia, Pavia y Ariete– y otras tres alemanas –la 15, la 21 y la ligera 90, del Afrika Korps–. Gracias al primer parte de la Séptima División británica, expedido a las 7.30 horas del día 27 de mayo, sabemos cómo comenzó todo:

“El enemigo ha iniciado su maniobra de envolvimiento, intensamente apoyado por su aviación y su artillería, y se localizan, por el S y el SE, gran número de tanques y vehículos diversos (…) Poco después se divisan una cincuentena de carros de asalto italianos que inician el ataque en orden desplegado. Detrás avanza un segundo escalón compuesto por otros treinta tanques…”.

En su avance, alcanzados por proyectiles y objetivo de las múltiples minas, varios acorazados italianos de la 132ª División Blindada “Ariete” quedarán inmovilizados, aunque el resto continúa y una segunda oleada pone dirección hacia el sector que defienden los legionarios españoles, disparando a los tanques incluso con los antiaéreos. En medio del caos, tiene lugar un acto casi temerario de defensa, que conocemos gracias a declaraciones que el general galo Jacques Pâris de Bollardière hizo al historiador Erwan Bergot, que narra lo sucedido a continuación: “Por encima de aquella barahúnda artillera, se empezaron a oír gritos en español, mientras los tanques italianos iban y venían, aplastando todo lo que salía al paso y ametrallando a mansalva. Parece que los estoy oyendo: ‘¡Cómo en Madrid, camaradas! ¡A por ellos!’”.

Tras inmovilizar los tanques de la División “Ariete”, “los legionarios se subían a ellos, la emprendían a tiros con sus ocupantes, disparando por las aspilleras, hasta que se abrían las torretas y las portezuelas…”. Un escenario realmente infernal en el que era difícil orientarse. Según La Bollardière: “Las botellas de gasolina saltaban por todos lados: aquello fue una especie de fuegos artificiales totalmente desconocida para nosotros, si bien es cierto que los legionarios los habían practicado ya en Noruega, aunque en escala mucho más reducida…”. Aquel episodio acabaría siendo conocido como “el recital español de Bir Hakeim” por la bravura de los soldados de nuestros país, que sin embargo no pudieron evitar la tragedia.

Muchos blindados italianos quedaron inutilizados en el campo de minas y sus tripulantes hechos prisioneros. Después, los atacantes optaron por replegarse, dejando en el campo de batalla 36 blindados y 90 soldados capturados. En los 45 minutos que duraron los combates, la División “Ariete” quedó reducida a 46 tanques, según cuenta Joaquín Mañes Postigo en su libro La Legión Extranjera y sus españoles (1831-2017).

El cabo 1º de la artillería antitanques era el barcelonés José Millán Vicente, que narra aquel éxito principalmente coronado por españoles: “Las tres cuartas partes de los tanques italianos puestos fuera de combate lo fueron por los antitanques del 7´5. Y esto, a los españoles, además de restablecer la verdad, no nos quita el menor mérito; puesto que, de los tres pelotones de antitanques que operaron frente a las oleadas de blindados italianos infiltrados, dos estaban mandados por gente nuestra: uno por Enrique Marco Nadal, de Valencia, y el otro por José, Artero, de Tarrassa. Yo combatía con Enrique”.

UNA TRAMPA MORTAL
Los ataques continuaron varios días más, con intenso apoyo artillero y aéreo. La línea de boxes, que iba desde la costa, en Tobruk, hasta el desierto en Bir Hakeim, defendido por la 150 Brigada británica, caería en poder del general Rommel la noche del 31 de mayo al 1 de junio, un verdadero desastre para los aliados en el que se capturó a 3.000 prisioneros y se incautaron 124 cañones y un centenar de vehículos. Y aunque aquello permitió a los atacantes desviar importantes efectivos y realizar un mayor kadj de fuego, obligó a los defensores a prolongar su resistencia, prevista en un principio para diez días, hasta catorce largas y agotadoras jornadas, lo que, a pesar de las consiguientes pérdidas humanas y materiales, acabaría siendo beneficioso para el bando aliado. Pero no adelantemos acontecimientos.

Las cosas se complicarían cuando el 1 de junio Koenig recibe la noticia de que la principal posición de la línea defensiva, Gott-el-Oualeb, había caído y que el Batallón del Pacífico que envió en su ayuda regresa mermado. De esa forma, el Zorro del Desierto tenía vía libre para tomar Tobruk. Sin embargo, Rommel no estaba dispuesto a dejar en su retaguardia un enclave de las características de Bir Hakeim. Los hombres de Koenig deberán defenderlo sin ayuda.

El segundo gran despliegue contra el campo atrincherado tuvo lugar a las 7 de la mañana del 2 de junio de 1942 y fue encabezado por 150 carros de combate de la 90 División Ligera alemana, al sudeste de Bir Kakeim, y por la división motorizada italiana Trieste, que tomó posiciones en el nordeste.

Tras pedir una vez más la rendición de los soldados de Su Majestad, entre ellos casi 1.000 españoles, y ante la reiterada negativa de éstos a dejar las armas, el Afrika Korps lanzó durante todo el día un constante diluvio de artillería. Sin embargo, los hombres de Koenig siguieron negándose a la rendición ofrecida por los alemanes y resistieron el feroz ataque con el apoyo de las tanquetas –y cobertura aérea de la RAF, que también causaría bajas entre sus propios aliados, y de la artillería de la 7ª Brigada Motorizada Británica–, que rechazaron las continuas incursiones de los Panzer y de la infantería italo-alemana.

A pesar de la lluvia de bombas y balas, del humo que todo lo envolvía y de que estaban cercados por prácticamente todos sus flancos, algunos españoles del batallón señalaron que en el Ebro lo habían pasado peor. Se estaban ganando a pulso su justa fama de intrépidos.

El día 6 volvieron a atacar con ferocidad, y los defensores resistieron con tal entrega que el propio Rommel escribió en su diario: “Y con todo, al día siguiente, cuando mis tropas volvieron a salir, fueron acogidas con un fuego violento, cuya intensidad no había disminuido desde la víspera. El adversario, enterrado en sus agujeros individuales, seguía siendo invisible. Necesitaba Bir Hakeim, de ello dependía la suerte de mi Ejército”.

“EL ATAQUE FINAL”
El más implacable de los bombardeos aéreos tuvo lugar en la madrugada del día 8 de junio, cuando tras ordenar Rommel el ataque final, las fuerzas del Eje dejaron caer sus bombas con una escuadrilla de 45 Stukas, 3 Ju-88 y 10 Me-110 –los temibles cazas a reacción de la Luftwaffe–, escoltados por 54 caza-bombarderos en un ataque planificado por el teniente general J. Von Waldau. Aquella ofensiva aérea sería decisiva para la toma alemana de la plaza. Pero aún así seguían resistiendo; a pesar de que el calor era insoportable, de que los víveres, el agua y la munición se estaban agotando y a que al ruido ensordecedor del tableteo de las ametralladoras y las explosiones se unía una espesa niebla provocada por el fuego continuo.

El día 9, desesperado, Rommel lanzó un nuevo ataque con blindados e infantería al grito de “Vorwärts! Avanti!”. Esa tarde, ya prácticamente sin reservas de ningún tipo, el mando del Octavo Ejército británico, que había podido replegarse gracias a la contención de los defensores de Bir Hakeim sobre las fuerzas alemanas, comunicaría a Koenig que la posición ya no era estratégica y que debían evacuarla. Lo harían la noche del día 10, pero hasta ese delicado momento, a lo largo del día, sufrirían el mayor ataque aéreo de todo el sitio a manos de 130 bombarderos Ju 87 Stuka que causarían enormes daños a la ya de por sí castigada defensa. Los alemanes aprovecharon la confusión para abrir una brecha en la línea defensiva, pero los legionarios y las tanquetas, comandados por el capitán Pierre Messmer –futuro primer ministro galo–, lograrían, una vez más, repelerlos. Un asedio terrible y una resistencia heroica. Pero aún quedaba lo peor: preparar la evacuación.

En una orden confidencial se indicó que los zapadores-minadores de la Legión Extranjera, apenas caída la noche, debían abrir en la zona minada un corredor para la evasión de unos 200 metros de ancho y reunirse en un determinado mojón de la pista militar británica número 837, a unos 10 km al noreste del fortín. Los legionarios, la mayoría de los cuales tenían nacionalidad española, fueron los primeros en salir para hacer frente en los flancos del corredor al enemigo, hasta que el resto de la brigada hubiera salido de Bir Hakeim. Los franceses se abalanzaron hacia el sudoeste, en pequeños grupos motorizados, destacando los Bren Carrier del capitán Lamaze, que fue uno de los que cayó en la retirada.

El general Koenig, junto con Amilakvari, atravesó un campamento enemigo con su vehículo, que curiosamente estaba conducido por la única mujer en las fi las de la Legión Extranjera, la inglesa Susan Travers, y logró, con una dosis tremenda de habilidad y de suerte a la vez, ponerse a salvo en Gasr el Abid. Sobre las ocho de la mañana del día 11 la mayoría de los hombres de la Brigada francesa habían llegado a las líneas británicas, aunque, como señala Mañes Postigo, hasta varios días después se estuvieron rescatando a grupos aislados.

El legionario barcelonés Millán Vicente lo contaba así en el libro de E. Pons Prades: Nosotros salimos poco antes de media noche. Teníamos cita con los elementos motorizados británicos en un punto donde los ingleses tenían instalada una gasolinera volante. Yo salí junto con uno de Tarrasa, José Artero, que caería prisionero aquel mismo día. Perdimos a bastante gente, a causa de los ametrallamientos aéreos y otros se despistaron y no encontraron los camiones. Tres jornadas duró nuestra marcha y a medida que nos recuperaban, los ingleses nos enviaban a Ismailia, a orillas del Nilo, donde se reorganizaría la 13 Semi-Brigada”.

Unos pocos que lograron cruzar el cerco, aparecieron hasta una semana después ante las posiciones británicas, entre los que se encontraban legionarios españoles, como Rufí el Yayo, barcelonés, que era un cadáver andante, tal y como lo describió Millán Vicente en el libro de Pons Prades.

De los 3.703 hombres de la brigada, 2.700 efectivos lograron romper el cerco y reagruparse en las líneas británicas. Cuando los alemanes entraron en el campo, el día 11 de junio, 93 de sus últimos defensores perdieron la vida y los alemanes se hicieron cargo de casi un centenar y medio de heridos y otros tantos prisioneros que fueron enviados a Bizerta, en Túnez, y allí embarcados con destino a Italia.

El mayor logro aliado de la batalla de Bir Hakeim, a pesar de la derrota, fue la ralentización de la ofensiva alemana sobre el Canal de Suez. El propio Winston Churchill señaló: “Al retrasar quince días la ofensiva de Rommel, los franceses libres de Bir Hakeim han contribuido a salvaguardar la suerte de Egipto y del Canal de Suez”.

Aunque varios días más tarde el Zorro del Desierto entraba en Tobruk, obligando a que las fuerzas aliadas se retiraran hasta El Alamein, el último bastión defensivo antes de Alejandría y el Canal de Suez, las tropas de Rommel habían llegado exhaustas, sin combustibles y suministros, lo que permitió a los aliados parar la ofensiva alemana. Los españoles que integraron la 13ª Media Brigada de la Legión Extranjera habían contribuido sobremanera a aquella victoria, que suponía un retroceso importante del Eje en el camino a la victoria, aquel “recital español” que merece su lugar en la historia.

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