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Las explosiones del metro de Madrid: ¿accidente o sabotaje?

Lunes 10 de Julio, 2017
El 10 de enero de 1938 ocurrió el más grave suceso en la historia del Metro de Madrid, y a la vez una de las mayores incógnitas sobre la guerra civil. Aquel día una explosión en el interior de un túnel causó un número indeterminado de víctimas, sin que las causas de la misma fueran convenientemente aclaradas.
Manuel Espín

Con el río Manzanares y sus aledaños en una guerra de trincheras, el frente quedaba a poca distancia del centro. Mientras al otro lado, el nordeste permanecía mejor protegido. Esa zona, cercana al barrio de Salamanca, apenas sufrió ataque aéreo –se suponía que residían allí los “simpatizantes de los sublevados”– y en sus proximidades se localizaban embajadas y consulados. La red del ferrocarril suburbano aportaba cierta seguridad a la retaguardia. Excepto el ramal Ópera-Norte (hoy Príncipe Pío) cerrado por su cercanía al frente, la red funcionó para el transporte de viajeros y de tropas, armamento, mercancías y cadáveres.

En una época donde no existían tuneladoras y se construía a túnel abierto, siguiendo el trazado de las calles, la estación de Goya, perteneciente a la Línea 2, Cuatro Caminos-Sol-Ventas, se bifurcaba en dos direcciones, con trenes alternos. Por un lado hacia Ventas. El segundo ramal inaugurado en 1932 partía de Goya hacia Lista y Diego de León. En noviembre de 1936 ese ramal bajo la calle Torrijos (actualmente Conde de Peñalver) empezó a ser utilizado para la preparación y depósito de materiales de artillería, con abundante mano de obra femenina. La zona se comunicaba con el centro a través de la línea 51 del tranvía Sol- Torrijos. Se completó con el destino como polvorín y almacén de una cercana sala de cine cuya inauguración estaba prevista para finales de 1936: el cine Ronda, situado en el paseo del mismo nombre (hoy calle de Francisco Silvela), diseñado en 1935 por el arquitecto Luis Gutiérrez Soto (1890-1977), creador de cines como Callao, Barceló, Europa, Argüelles, De la Flor, Narváez, Rex, y Carlos III, del primer aeropuerto de Barajas, y en la postguerra del Ministerio del Aire. El Ronda fue construido empleando hormigón armado, y por su aforo estaba llamado a ser el tercero más grande de la capital. Fue definitivamente inaugurado el 16 de marzo de 1940 con el nombre de cine Victoria.

LA EXPLOSIÓN
En la mañana del 10 de enero de 1938 se produjo una explosión dentro del túnel. De la magnitud de la catástrofe fue exponente el enorme boquete abierto en la calle Torrijos/Conde de Peñalver, que perforó la calzada y se tragó a los coches que circulaban y a un tranvía. La devastación pudo ser mayor si la onda expansiva hubiera alcanzado al depósito de material bélico y arsenal instalado en el cercano cine Ronda.

En el exterior se apuntó una cifra que se puede considerar hoy improbable y exagerada de 700 /800 muertos. El supuesto dato fue adelantado por L’Epoque de París. En los años 80 se revisaron los registros de enterramientos en el Cementerio del Este/La Almudena, mencionándose hasta 63 muertos cuyo deceso se atribuyó a la “explosión”, la mayoría mujeres, constatación de su presencia en trabajos de retaguardia. En el Libro de Inhumaciones correspondiente a los días 11, 12 y 13 aparecen citadas 63 personas bajo el epígrafe “Explosión de Torrijos”, 18 hombres y 45 mujeres, más otros “sin identificación”. En el cuartel 16 NB Manzana 25 letra C se encuentra una lápida con el texto “10 de enero de 1938: en el accidente de la explosión de Torrijos”. A ese número habrá que añadir otras víctimas enterradas en cementerios de la periferia y en localidades alejadas de Madrid.

Los cadáveres fueron llevados al Cementerio del Este donde el General Miaja, responsable de la Junta para la Defensa de Madrid, propuso que fueran enterrados bajo un mausoleo común, lo que chocó con la oposición de varias familias, obligando al militar a marcharse contrariado.

Daniel Sueiro, uno de los narradores más representativos de los 50, publicó un artículo donde exponía ese dato en el amplio libro colectivo El Metro de Madrid: gente, colores, gestos (Compañía Metropolitana de Madrid, 1985) bajo el título “El Metro de Madrid durante la guerra civil y la misteriosa explosión de la estación de Lista”. Sueiro mencionaba un texto de 1940 atribuido a Carolina Peralta, autora de textos muy propios de la época como “El comunismo en España: 32 meses de barbarie en la zona roja” (Editorial Aguilar, Madrid, 1940), donde se fecha “La catástrofe del Metro” el 11 de enero de 1938: “Ayer fue un día de luto para Madrid.

A más de dos mil según unos y a cinco mil según otros, asciende el número de víctimas de la voladura del Metro, ocurrida a mediodía en el trayecto Goya-Diego de León. Hacía cosa de un año, ante el avance de las tropas de Franco, los técnicos del Ejército de la República tuvieron la luminosa idea de convertir en polvorines y talleres de material de guerra varios trozos de recorrido del Metro que cerraron al tráfico. Uno de ellos estaba en la línea Goya-Diego de León, en el que instalaron una importante fábrica de municiones y un depósito de granadas y explosivos”. “Sin que se sepa a ciencia cierta la causa, ha ocurrido una explosión formidable en el taller donde trabajaban unas trescientas muchachas. Un gran trozo de la calle Torrijos, debajo del cual había ocurrido la explosión, ha sido levantada, lanzando al aire un tranvía y dejando una manzana de casas en estado ruinoso. Los efectos de la explosión han llegado, por los túneles del Metro hasta las salidas del Banco de España, cogiendo cuatro trenes en camino, en los que han perecido todos los que estaban en los andenes que a esa hora eran muchos, y empleados, taquillas, etc.”.

Lee el reportaje completo en el nº145 de Historia de Iberia Vieja

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