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Franco sigue vivo en más de mil calles de España

Lunes 10 de Septiembre, 2018
En España hay 1.143 calles y plazas dedicadas al franquismo que abren a debatir temas de consciencia histórica y nacional. ¿Sabes cuántas calles hay dedicadas a los golpistas en tu provincia? Puedes verlo aquí. Sergio Basi.

Fue un 18 de julio el día de la sublevación. Un 18 de julio de 1936 cuando unos golpistas de extrema derecha iniciaron una Guerra Civil que no sólo supondría la absoluta decadencia de todo un país en un sentido físico. También suponía la huella imborrable de unas ideas que, por un periodo dictatorial de 40 años, fueron gobernadas e impuestas por los sublevados.

La historia no es objetiva… la escriben los vencedores. Y como vencedores de la Guerra, estos traidores a su patria, no tardaron en definirse como sus guardianes. “Nacionales”, se llamaron, –como si los que defendían el Estado republicano no estuvieran defendiendo su nación–.

El lenguaje es una de las peores armas con las que se puede hacer una dictadura. Y es que una mentira repetida mil veces acaba pasando por verdad. Aunque no lo sea. Y esta gente tuvo, como ya he dicho, 40 años para hacer que, por la fuerza, su mentira cuajara.

Y fíjense si cuajó la mentirijilla de esos facciosos que, a día de hoy, todavía conmemoramos, en al menos 5 calles del país, el día en que se sublevaron e iniciaron una guerra que dejó España hecha un erial.

Nadie puede creer que el lastre de una dictadura tan larga muere con su dictador. O no debería. Ese, quizá, fue el mayor error de una Transición que fue medianamente conducida por miembros de la dictadura reconvertidos a demócratas incuestionables –más mentirijillas–.

En realidad, recriminar errores pasados no es fructífero y no tiene lugar dedicarle muchas más palabras a un proceso de transformación política y social que, digamos, se hizo como buenamente se pudo. Esto es, se miró hacia otro lado ante asuntos como reparar los destrozos de la dictadura fascista o dejar pulcra una memoria histórica para las generaciones que crecían.

Y así, se cuentan en España (según datos facilitados en mayo por el INE, Instituto Nacional de Estadística) 1.143 calles y plazas dedicadas a gente que cometió toda forma de crímenes contra las libertades, los derechos humanos o la expresión.

Calles y plazas que honran episodios que deberíamos recordar con mucha compostura. Es escalofriante.

Porque nadie debe engañarse –basta de seguir con las mentirijillas–, que pongan una calle con tu nombre es un premio, no un castigo. Esta no es la forma de recordar lo que pasó en el país, esta es la forma de homenajearlo.

Y lo que pasó fue una desgracia de ocho lustros. Mucho tiempo en juego. Tiempo en contra de este país, pues, cuanto más tiempo se está expuesto a algo, más normal parece; es una cuestión de hábito y costumbre, hacen posible asimilar casi cualquier cosa, aunque sea de dudosa moral. Y ni nos damos cuenta. Hagan números: tenemos 40 años de dictadura y 40 años de democracia en que no se hace prácticamente nada por reparar daños de la dictadura.

El problema está clarísimo. 40 años sin mirar a un problema que duró otros 40 años, significan 80 años –¡casi un siglo!– en que tienes a toda una sociedad normalizando cosas que no tienen nada de normales.

Una cosa es que el pasado no pueda corregirse de facto y otra es que no tener algo de conciencia de él en el presente. No es válido seguir con mentirijillas porque luego le hablo a mi abuelo de la plaza de Francesc Macià en la Avenida Diagonal de Barcelona y no sabe qué digo. Le tengo que hablar de Calvo Sotelo, el Protomártir de la Cruzada hacia la dictadura.

El diario El País, publicaba en mayo que “En España, según la lista, un total de 314 [calles franquistas] se llaman José Antonio Primo de Rivera; 144, General Mola; y 137, Generalísimo. Queipo de Llano tiene 51 calles y plazas con su nombre. El general Sanjurjo tiene 45; Julio Ruiz de Alda, 37; y el general Yagüe, 32. También hay cinco vías públicas que hacen referencia al día 18 de julio”.

Se homenajea a generales que dieron un golpe de estado, a líderes falangistas y a dictadores. ¿Saben ustedes quién es Onésimo Redondo? Este señor se dedicó a “realizar, animar y ver”, en nombre de su bando, auténticas purgas por toda la región de Valladolid: fusilaba a más de 40 personas por día. Este buen samaritano de la patria cuenta con 51 calles con su nombre por España –igual que Queipo de Llano, un tipo con 14.000 asesinados a sus espaldas–, incluso en la región en la que perpetró estos crímenes.

calles franquistas: pasaje del general mola

El General Mola cuenta con bastantes calles a su nombre por distintas poblaciones de la Comunidad de Madrid (entre muchos otros lugares). Pues bien, este personaje gestó el alzamiento, conspiró y llamó a “eliminar sin escrúpulos ni vacilación alguna a todos los que no piensen como nosotros”. No parecen valores típicos de la democracia y, sin embargo, ahí está, ocupando más de 140 calles franquistas del país.

Pero, ¿saben qué es lo peor de todo? Porque en efecto, hay algo peor. Esta normalización del franquismo en España no sólo se encuentra en el inconsciente social, sino también en el institucional.

El Estado consiente que a día de hoy exista la Fundación Francisco Franco –que no se dedica precisamente a vender gominolas– y en alguna ocasión se ha demostrado que ha llegado a financiarla con dinero público... Pues bien, esta organización puso un recurso judicial a la petición de Manuela Carmena de cambiar los nombres de un gran número de calles franquistas de la ciudad de Madrid.

calles franquistas: caídos de la división azul

El recurso, por surrealista, parece anecdótico. Pero lo verdaderamente surrealista, y que convierte esto en un asunto muy serio, es que el magistrado Alberto Palomar aceptó parte del recurso de la Fundación franquista para que 9 calles no pudieran cambiar de nombres. Calles como Caídos de la División Azul.

Pero no debería sorprender, ¿no? Se trata del mismo sistema judicial que acusó y juzgó de prevaricación al juez que quiso determinar una responsabilidad criminal a los líderes del franquismo…

calles franquistas: gráfico de El País

El diario El País también publicaba en mayo el mapa y la gráfica que se muestran, con el número de calles franquistas por provincia y los fascistas más homenajeados. Al poco tiempo, también eldiario.es realizaba un concienzudo análisis de estos datos.

Toledo se lleva la palma con 123 calles franquistas, seguida de Cáceres, Valladolid y Ávila, con 103, 98 y 88 respectivamente. En la capital encontramos 44, otra cifra que asusta –aunque, por suerte, su ayuntamiento ya toma medidas–.

No sorprende comprobar que en los lugares con mayor conciencia identitaria hacia su tierra, lengua y cultura haya mucha menor presencia de estas calles aborrecibles. En Euskadi no hay ninguna y en Catalunya tan sólo hay 7, seis de ellas en Barcelona, ciudad en la que quitaron más de 500 placas de edificios construidos durante la dictadura.

calles franquistas: retirada de placas fascistas en Barcelona

Quizá sería oportuno leer estas gráficas en función de la conciencia nacionalista. Y aquí es donde se pueden ver dos lados del nacionalismo.

Además de Euskadi y Catalunya, lugares como Navarra, Galicia, Andalucía, Baleares o Valencia tienen pocas de estas calles que preferiría no tener que pisar. Justamente  todos ellos han tenido y, tienen en algún caso, sentimiento de identidad propia, un tipo de nacionalismo que siempre ha demandado mayor autonomía y autogobierno respecto al Estado central.

En cambio, donde más se pueden encontrar estas calles franquistas honrando a la dictadura es donde, quizá y salvo excepciones, se puede encontrar un mayor nacionalismo de Estado.

Todos los nacionalismos pueden ser peligrosos. De eso no cabe duda, basta ver el siglo pasado. Sin embargo, si no operan desde la violencia y el crimen, son dignos de ser respetados; al final no dejan de ser formas de pensar que se corresponden a una idea o sentimiento de identidad.

Pensar diferente es riqueza. El pensamiento único e impositivo es precisamente el que se denuncia a lo largo de estas líneas.

En el caso del nacionalismo de Estado no debería preocuparnos el nacionalismo como tal. Como digo, todo el mundo tiene derecho a sentir orgullo por el lugar del que procede. Lo que debería preocuparnos es que en un nacionalismo se puedan hallar este tipo de relaciones con el pasado negro más reciente.

Que haya sectores del nacionalismo de Estado alineados a tendencias fascistoides es culpa de la mentirijilla de la que se viene hablando en todo este artículo. Es la bochornosa mentira que construyeron unos golpistas diciendo que asesinaban por y para la patria. Eran unos asesinos y encontraron en la nación el pretexto perfecto para dar validez a sus crímenes.

El orgullo nacional debe ser por motivos que realmente enorgullezcan. En el caso de España no deberían ser pocos, tiene una historia y una cultura increíblemente ricas. Es muy necio aquel que pueda sentir orgullo por cualquier cosa que se relacione al franquismo o al fascismo porque esos han sido los responsables de la peor versión del país. Gente y valores de los que avergonzarse.

En vista de los datos y analíticas del INE presentados por El País sólo queda entender la necesidad de un proceso de autoconciencia colectiva.

No podemos tener generales asesinos en las calles de nuestras ciudades y menos aún debemos tolerarlos.

Los generales asesinos tienen que estar en los libros de historia y en los museos, con el fin de hacer pedagogía para que generaciones venideras no perpetren nunca más crímenes sustentados por mentiras de tal envergadura.

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