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La Ley de Vagos y Maleantes

Miércoles 21 de Octubre, 2015
Cuando se investiga en archivos y hemerotecas uno se encuentra a veces con cantos de sirena –datos interesantes ajenos al tema de estudio– que le quieren apartar de su rumbo. Si se resiste la tentación siempre se puede volver después sobre el particular. Eso me ocurrió con la revista Estampa del 18 de agosto de 1934 buscando información sobre otros asuntos. En ese número había un reportaje sobre la cárcel de Alcalá de Henares, donde recluían a quienes se había aplicado la Ley de Vagos y Maleantes de Azaña, también conocida como La Gandula. Por: Fernando Ballano

En la II República se aprobó un nuevo Código Penal que se publicó en la Gaceta de Madrid, número 310, el 5 de noviembre de 1932. Según Iván Heredia, estaba basado en el de 1870. La costumbre española de cambiar leyes continuamente no es algo nuevo. Parece ser que, tal como quedó, no contemplaba penas adecuadas para atajar determinadas conductas como mendicidad, hurtos continuados, etc. que estaban catalogadas como faltas y castigadas con multas que nunca se cobraban. Rápidamente, al año siguiente, se vieron en la necesidad de establecer algún tipo de control social efectivo y, en la época del gobierno republicano-socialista –el 5 de agosto de 1933–, se publicó en la Gaceta de Madrid la nueva ley, firmada por Alcalá-Zamora y Azaña el día anterior. La Gandula se dirigía a vagos, rufianes, proxenetas, mendigos, jugadores, ebrios, conductas reveladoras de inclinación al delito…

Las penas se cumplían en "colonias agrícolas”, “establecimientos de custodia” o “casas de templanza”.

Era una ley muy ambigua en la que cabía casi todo. Las penas se cumplían en “colonias agrícolas”, “establecimientos de custodia” o “casas de templanza”. Como no existían, salvo en el caso de Alcalá, se les mantenía en prisiones, en galerías específicas para ellos. No se dictaba una sentencia concreta, se aplicaban medidas de seguridad. Se podía recurrir demostrando que ha vivido, durante los cinco años anteriores, de un trabajo o medio de subsistencia legítimo o que los hechos que constaban en el expediente eran inexactos. Parece ser que se aplicó en algunos casos a anarquistas. Curiosamente, como especifica Heredia, la amnistía de febrero de 1936 no se aplicó a los encerrados bajo la Ley de Vagos hasta bastantes semanas después que al resto.

Con el golpe de Estado de julio de 1936 siguió vigente en ambos bandos aunque las especiales características del periodo hizo que pasara a segundo plano, salvo en Guinea Española, para cuyos nativos se adaptó la norma.

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