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Los orígenes del Servicio Secreto español

Lunes 23 de Octubre, 2017
El servicio secreto español tiene sus más profundas raíces en la Guerra Civil y el franquismo. En aquellas décadas, eran militares, sin medios y dedicados a espiar a los propios españoles. En 1977, hace ahora 40 años, nació el CESID, que tardaría bastante en comenzar a ser el ansiado servicio de inteligencia civil, tecnológicamente avanzado y con un ojo mirando al extranjero. No es posible entender el CNI actual sin volver la vista a su larga historia.
Fernando Rueda

La Guerra Civil fue el primer banco de pruebas de los servicios secretos en España. El bando republicano y el franquista dispusieron de organismos de espionaje de no muy alta preparación con suerte dispar. Los republicanos tuvieron servicios disgregados, todas las facciones querían tener uno propio y se dedicaron más a espiarse entre ellos que al enemigo. El papel más deprimente lo tuvo el servicio secreto soviético, el GPU, que operó en territorio español y dedicó demasiado tiempo a perseguir y matar a los críticos con el Partido Comunista, en lugar de volcarse en luchar contra los franquistas.

Los servicios de Franco, mejores, dispusieron en 1936 de uno privado, el Servicio de Información de la Frontera Noroeste de España, en el que colaboraron escritores como Josep Pla, Carlos Sentís y Eugenio D’Ors, y el banquero Juan March. A veces hacían cosas tan simples como leer los periódicos y sacar información útil aprovechándose de la escasa sensibilidad por la custodia de información del bando republicano.  También fue destacable su capacidad para interceptar comunicaciones de radio. Otro preponderante fue el Servicio de Información Militar (SIM), que en 1938 absorbió al anterior y se convirtió en el Servicio de Información de la Policía Militar. Además, cada Ejército tuvo el suyo propio. Todos ellos, tras un mal inicio, funcionaron coordinadamente y volcados en ganar la guerra. Durante el conflicto, jugaron un papel novedoso en diversas ciudades las llamadas “Quintas columnas”, la más importante en Madrid, con la presencia de un joven infiltrado que muchos años después fue muy conocido: Manuel Gutiérrez Mellado. También hay que destacar la Tercera Sección del Alto Estado Mayor, que en 1939 se convirtió en el primer servicio de inteligencia exterior, aunque sus resultados fueron más bien escasos.

Tras la guerra, Franco compartimentó la búsqueda de información entre diversos servicios porque no se fiaba de ninguno, algo típico en cualquier dictadura. Los espías no fueron especialmente buenos, se dedicaron al control de la población y gozaron de bajos presupuestos y escasos medios.

Trascendental en esta etapa fue la colonización que llevó a cabo la CIA de los servicios secretos españoles. En 1953 Franco firmó el Acuerdo de Colaboración con Estados Unidos, que sacó al país del aislamiento, a cambio de ponerlo en sus manos. Esta influencia permanecería decenas de años y no ha desaparecido nunca del todo.

La configuración caótica de los servicios secretos comenzó a ordenarse en 1968, cuando el ministro de Educación y Ciencia José Luis Villar Palasí se preocupó por las manifestaciones de los estudiantes en Francia en Mayo del 68 y promovió la creación de la Organización Contrasubversiva Nacional (OCN), que dirigió José Ignacio San Martín. Más tarde, ampliaron sus competencias al mundo laboral y al religioso, y pasaron a depender del Ministerio de Gobernación.

En 1972 se integrarían en un nuevo organismo, el Servicio Central de Documentación (SECED), dependiente del entonces vicepresidente del Gobierno, el almirante Luis Carrero Blanco. Su misión era perseguir a los opositores al régimen e intentar controlar la Transición. Vigilaban sin piedad a los dirigentes y simpatizantes del Partido Comunista, su gran bicha, y se volcaban en la persuasión del resto de responsables de partidos ilegales, incluido el PSOE. Hasta tal punto ayudaron a los socialistas para que se integraran en la democracia tras la muerte de Franco, que consiguieron pasaportes para Felipe González, Pablo Castellano, Alfonso Guerra y Nicolás Redondo, para que pudieran acudir al congreso de Suresnes, en Francia, y su vía pudiera tomar el control del partido.

El rey Juan Carlos en la Agrupación Operativa de Misiones Especiales del Cesid en 1979, dos años después de que este organismo se fundara.

EL CESID POR MAL CAMINO
Tras las primeras elecciones democráticas, en 1977 el presidente Adolfo Suárez creó el CESID con la base del SECED dependiente de la Presidencia del Gobierno y con la inteligencia militar, ubicada en el Alto Estado Mayor. El proyecto fue del Vicepresidente para Asuntos de Defensa, el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado. José María Bourgón López-Dóriga fue nombrado primer director por la necesidad de poner al frente a un general, aunque Suárez habría querido colocar a su hombre de confianza en estos temas, el teniente coronel Andrés Cassinello. Intentaron crear un servicio a la imagen y semejanza de los occidentales, pero no pudieron evitar que fuese militar, sin mujeres agentes y con solo 500 profesionales. Sus trabajos fueron similares a los de sus predecesores en el franquismo: la seguridad interior y, en una proporción escasa, la inteligencia exterior.

Lee el reportaje completo en el nº148 de la revista Historia de Iberia Vieja

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