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Otto Skorzeny: Un nazi en la corte de Franco

Viernes 05 de Mayo, 2017
Llegó a ser considerado el hombre más peligroso de Europa. El laureado militar nazi Otto Skorzeny buscó refugio en la España franquista, un régimen que lo acogió con los brazos abiertos y donde el austriaco intentaría revitalizar un ejército de soldados de la esvástica contra el avance del comunismo. Un plan secreto que ahora sale a la luz y muestra los estrechos vínculos de la dictadura con los nazis fugados.
Óscar Herradón

Cuando el régimen de Hitler estaba siendo cercado por todos sus frentes, muchos fueron los nazis que intentaron escapar a otros países, como el Portugal de Salazar, la Argentina de Perón… y, por supuesto, la España de Franco, cuya diplomacia supo jugar muy bien sus cartas a lejándose –al menos en apariencia– de la orbe nacionalsocialista, manteniendo una falsa “neutralidad”.

Muchos de los principales a llegados al Generalísimo eran filonazis, como Serrano Súñer, y el mismísimo Heinrich H immler, jefe de las SS y la Gestapo, realizó un viaje a nuestro país en 1940. Incluso en los años finales de la guerra europea, cuando la Alemania nazi comenzaba a perder el conflicto en todos los frentes, ahogada por el invierno r uso, Franco envió a su División Azul, comandada por el general Agustín Muñoz Grandes.

Pues bien, puesto que el régimen español comulgaba en muchos aspectos con el nacionalsocialista –salvo en el delicado tema de la religión–, y por supuesto con la Italia fascista, no es de extrañar que nuestro país se convirtiera en uno de los lugares predilectos para los prófugos que escapaban de la justicia aliada.

De proteger y trazar una ruta de huida a criminales de guerra, la mayoría pertenecientes a las SS, se encargaría una red secreta que recibió el nombre en clave de ODESSA y que permitió a peligrosos personajes del régimen como el “Ángel de la Muerte” Josef Mengele o Adolf Eichmann escapar hacia Sudamérica. También esa organización sería la responsable de proteger a uno de los más temibles criminales nazis, Otto Skorzeny, quien llegaría a jactarse de ser uno de los principales impulsores de la red secreta encargada de dar cobijo a los antiguos SS.

SOLDADO DE FORTUNA
El que acabaría siendo considerado por los americanos como “el hombre más peligroso de Europa”, había nacido el 12 de junio de 1908 en el seno de una familia de clase media de Viena, aunque tenía antepasados alemanes.

Según su partida de nacimiento, su nombre completo era Otto Johann Bapt Anton Skorzeny, aunque adoptaría distintas identidades tras la derrota del nazismo. Al igual que la mayoría de sus compatriotas, en su juventud sufrió los rigores del periodo de Entreguerras y la fuerte crisis que provocó en Austria y Alemania la derrota en la Gran Guerra.

Cuando el dinero austríaco apenas valía el coste del papel en el que estaba impreso, Otto y sus hermanos pudieron sobrevivir gracias a la ayuda de la Cruz Roja Internacional. Su padre grabó a fuego en la mente del joven la necesidad de la autodisciplina y le recomendó siempre una vida austera. A los dieciocho años Otto se matriculó en la Universidad de Viena para estudiar ingeniería. Allí se inscribiría en una de las muchas Studentenverbindung, unas sociedades estudiantiles donde se practicaba el Mensur –un combate de esgrima con reglas específicas–, que constituían un paso fundamental de la adolescencia a la madurez.

Según cuenta el historiador y militar Charles Whiting, Skorzeny tuvo el primer duelo el mismo año en que se matriculó en la facultad. Para él fue un tema algo angustioso y que puso a prueba sus nervios, pero se convirtió también en una de sus pasiones. Al primer lance seguirían trece duelos más durante los cuales finalmente recibió las Schmisser, las llamadas cicatrices de honor que marcarían su fisonomía de por vida. Con los años, el esbelto austriaco –medía más de un metro noventa– sería conocido como “cara cortada” (Scarface en su forma inglesa) por la enorme cicatriz que recorría parte de su cara hasta la barbilla. Una vez graduado, consiguió reunir el dinero necesario para iniciar un negocio propio en Viena. Entonces toda Europa estaba expectante ante los movimientos cada vez más temerarios de Hitler y el Partido Nazi. Tras el Anchluss, la anexión de Austria, Skorzeny no esperó a ser llamado a filas y se presentó a la primera división de las SS, la Leibstandarte.

DIVERSOS DESTINOS
Más tarde pasó a la división Das Reich de las Waffen SS. Ya entonces destacó por no cumplir estrictamente con las órdenes de los superiores. Sin embargo, la guerra seguía su curso y los acontecimientos se desarrollaban frenéticamente: Skorzeny fue destinado a los Balcanes, participó en la marcha sobre Rumanía y Hungría y después en la Operación Barbarroja, el plan del Führer para invadir la Unión Soviética. Sería en la tierra de Stalin donde recibió la Cruz de Hierro y, tras caer enfermo, fue enviado de vuelta a Viena en diciembre.

OTTO EL ESPÍA
Una vez en Alemania fue ascendido a capitán de Reserva. Su destino: trabajar como una suerte de oficial espía para los Servicios de Inteligencia de la Oficina Central de Seguridad del Reich (R.S.H.A). Aquel trabajo le serviría para desenvolverse muy bien en el campo de la diplomacia durante sus años de exilio. Después, fue destinado como Jefe de Comandos con la misión de entrenar tropas especiales cuyo cometido sería la guerra de guerrillas y el sabotaje en el frente, además del secuestro y la tortura. El 25 de julio de 1943, con la guerra ya en contra, Hitler le mandó llamar a la Guarida del Lobo y lo puso a cargo de la operación de rescate de Benito Mussolini, que acababa de ser arrestado en Italia y del que se desconocía el paradero.

Los servicios secretos alemanes dieron con su pista en el Hotel Campo Imperatore, en el macizo de los Apeninos conocido como Gran Sasso, una zona de difícil acceso.

Aquella misión fue conocida como “Operación Roble” y se programó para el 12 de septiembre de 1943. Al mando de un escuadrón de las Waffen-SS se hallaba el capitán Otto Skorzeny. Doce planeadores DFS 230 sobrevolaron la zona montañosa donde estaba recluido el Duce y un grupo de expertos paracaidistas descendió sobre la residencia montañosa. Los italianos que custodiaban al líder fascista fueron cogidos por sorpresa y no ofrecieron resistencia alguna. Acto seguido, Mussolini era rescatado personalmente por Skorzeny.

Este éxito hizo que Otto pasase del anonimato a convertirse en un auténtico héroe de guerra. Hitler le otorgó la Cruz de Caballero y lo ascendió a Sturmbannführer –“jefe de unidad de asalto”– de las Waffen SS. Durante el tiempo que restaba de la contienda, a Skorzeny se le encargaron importantes misiones, como capturar al jefe de los partisanos yugoslavos, el mariscal Tito –misión que fracasó– o doblegar al regente de Hungría, el almirante Miklós Horthy. Después, cuando tuvo lugar el más célebre atentado contra Hitler, la “Operación Valkiria”, Skorzeny ayudó en Berlín a poner fin a la rebelión, estando 36 horas a cargo del centro de mando de la Wehrmacht antes de ser relevado de sus funciones.

Luego vendría la Operación Greif, que consistía en una orden del propio Hitler de llevar a cabo el asalto al Cuartel General de Eisenhower y su asesinato, misión que se frustró y momento en el que los norteamericanos definieron a Skorzeny como “el hombre más peligroso de Europa”. Tras ello no tardó en llegar la inevitable derrota y el momento en el que nuestro protagonista, como otros matarifes nazis, fue internado en distintos campos de prisioneros… Hasta ser juzgado en Núremberg, donde fue declarado inocente en relación con la llamada Matanza de Malmedy, en la Batalla de las Árdenas, gracias al testimonio en su favor del espía inglés F. F. E. Yeo-Thomas. Ello no impidió que fuese internado en un campo de “desnazificación”. No obstante, Skorzeny nunca renegó de su ideología y finalmente logró huir de las garras aliadas. Uno de los lugares en los que buscaría refugio sería la España franquista, un país en el que el antiguo miembro de las SS pretendía revitalizar el nazismo y dar forma a un nuevo Reich...

Skorzeny pudo viajar a la Península Ibérica gracias a miembros de la citada  red ODESSA, entonces en la clandestinidad, el 27 de julio de 1948.

Según documentos desclasificados, el antiguo nazi se instaló en Madrid  bajo identidad falsa –durante un tiempo residió en la calle Montera, en los números 25-27– y retomó su trabajo de ingeniero, representando a prósperas compañías alemanas del acero, gozando de gran popularidad entre los franquistas gracias a sus hazañas en la Segunda Guerra Mundial. Era un héroe para ellos y uno de los últimos acólitos de Hitler que seguía con vida, al igual que el belga Léon Degrelle, que moriría en Málaga el 31 de marzo de 1994.

LA SUBASTA DE SU ARCHIVO
El 8 de diciembre de 2011 la casa de subastas Alexander Autographs Inc. de Stamford (Connecticut, EE.UU.), sacaba a subasta el impresionante archivo que Otto Skorzeny legó a su muerte a su mujer, Ilse Lüthje, con la que se casó en 1954. Ésta dilapidó pronto la fortuna familiar y sólo una familia española la ayudó a costearse un asilo en Madrid, donde fallecería, sola y arruinada, el 29 de diciembre de 2002.

Como agradecimiento, Ilse legó el archivo de su marido al dueño de esos importantes documentos, cuyo hijo, Luis M. Pardo, decidió sumergirse en las miles de páginas de la historia que el nazi no quiso escribir –a pesar de haber publicado unas resonadas memorias en dos volúmenes, Vive peligrosamente y Luchamos y perdimos–, antes de ponerles precio.

PUNTOS OSCUROS DEL DIABLO
Los documentos contienen de todo, desde planes de guerra y negocios, hasta secretos que revelaban parte del rol desempeñado por Skorzeny después de la guerra. Gracias a tan importante archivo, han salido a la luz numerosos puntos oscuros sobre un cuarto de siglo de actividad de Skorzeny en nuestro país, del final de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte, en 1975. El libertador de Mussolini mantenía un estrecho vínculo con el gobierno español, sus generales, algunos de los que sirvieron a Hitler, dictadores sudamericanos y negociaciones con importantes empresas alemanas como Krupp, Thyssen o la exportadora de armas Merex, según el periodista Rafael Poch, “una tapadera de los servicios secretos alemanes en la que trabajaban, o colaboraban, criminales de guerra teóricamente buscados por la justicia”.

En el archivo se encuentran también felicitaciones del antiguo nazi a Manuel Fraga del año 1964, cuando éste era ministro de información y turismo, así como dos recomendaciones de visados con la rúbrica del periodista falangista Víctor de la Serna, que estuviera a sueldo de la embajada de Hitler en Madrid, dirigidas a diplomáticos españoles en Alemania.

Sería precisamente uno de ellos, Jorge Spottorno, quien siendo cónsul en Fráncfort emitiría un visado con nombre falso para el prófugo. Entre los “secretos” se encuentran las pruebas de la transformación de Skorzeny en un hombre de negocios sin escrúpulos, reconvertido en traficante de armas –a través de Merex– o vendedor de petróleo y representante de las empresas alemanas supervivientes a los juicios de posguerra. Tangencialmente, dichos archivos apuntan a una supuesta relación del antiguo SS con el fundador del club Bilderberg, Józef Retinger –algo extraño si tenemos en cuenta que éste último era uno de los mayores representantes del sionismo europeo–, entre muchos otros personajes de gran poder que supuestamente marcaban las directrices de la política internacional por aquel entonces.

¿UN HOMBRE DE NEGOCIOS?
Otto era accionista de un ingente número de sociedades, poseía un patrimonio estimado en unos mil millones de pesetas, casas y terrenos en Madrid, Andalucía, Alemania, Austria, Irlanda… Evidentemente, todos ellos bajo identidades falsas, salvoconductos y pasaportes emitidos con el visto bueno de las más altas autoridades franquistas, como Juan Vigón, Antonio Garrigues Walker o Ramón Serrano Súñer, de abiertas simpatías filonazis en los años cuarenta. Entre otras, adoptó las identidades de Rolf Steinbauer, Hanna Eff Khoury, Frey Hans Rudolf o Hans R. Frey, y quizá incluso otras, siendo su papel el de negociar acuerdos comerciales de la España franquista con empresas alemanas y egipcias. Fue precisamente Skorzeny el responsable de negociar el tratado hispano-anglo-egipcio del petróleo, a instancias del entonces presidente de Egipto, Abdel Nasser, amigo íntimo del antiguo nazi.

Sobre Skorzeny planea la sombra de haber trabajado en secreto para la CIA, algo que no era nuevo para la Agencia estadounidense, en un tiempo en el que el enemigo en Europa ya no era la derrotada esvástica sino la amenaza del avance del comunismo soviético. Así, el historiador suizo Daniele Ganser, en su libro Los ejércitos secretos de la OTAN. La Operación Gladio y el terrorismo en la Europa occidental, señala que el oficial alemán de la Wehrmacht Reinhard Gehlen también trabajó para la Agencia Central de Inteligencia americana, a la vez que ocupaba el puesto de jefe de los servicios secretos de la República Federal tras la guerra. Al parecer, y por encargo de la Inteligencia estadounidense, éste contrató a Skorzeny en la década de los 50 para entrenar al ejército egipcio, en unos años en los que ya se había fundado en tierras palestinas el Estado de Israel, cuyo servicio secreto, el Mossad, también seguía sus pasos. Y es muy probable que Skorzeny formara parte también de Gladio, una red clandestina anticomunista que operó en Italia durante la Guerra Fría, ideada por la CIA y el MI6 tras la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de prepararse para una eventual invasión soviética de Europa occidental a través de fuerzas armadas paramilitares secretas de élite diseminadas por distintos países, entre ellos España.

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL
Uno de los proyectos más increíbles que estuvieron cerca de hacerse realidad y tuvieron a Otto Skorzeny como protagonista fue la intención de crear una fuerza militar en nuestro país en previsión del estallido de una Tercera Guerra Mundial.

El proyecto personal de Skorzeny era crear, con antiguos militares nazis protegidos, entre otras instancias, por la Santa Sede, una especie de “ejército alemán en el exilio”, según publicó en diciembre de 2011 La Vanguardia. Un contingente de hasta 200.000 hombres, que adoptaría el simbólico nombre de Legión Carlos V, de ecos marcadamente fascistas.

El objetivo de este ejército de nostálgicos de la esvástica era contraatacar tras una eventual ofensiva militar comunista que hubiese culminado con éxito en Europa occidental, algo que no parecía imposible en los años duros de la Guerra Fría.

Ni el proyecto fructificó ni, por suerte, se desencadenó un conflicto de tales dimensiones, aunque la tensión política –y los conflictos consecuentes en diversos países– se prolongaron durante décadas, lo que explica el mantenimiento del régimen franquista por las potencias occidentales tras la caída del Tercer Reich. El plan implicaba a altos cargos del régimen franquista y a otros generales alemanes; al parecer, también contaba con el visto bueno de parte de la Curia romana e incluso de la mismísima embajada de los Estados Unidos, donde el miedo al avance del comunismo se había convertido poco menos que en un delirio en amplios sectores. Hoy el archivo de Skorzeny es un verdadero sanctasanctórum para el historiador que indaga en el colaboracionismo de muchos de los hombres de Franco –y del propio Generalísimo–, para ofrecer identidades falsas y un cómodo lugar de retiro a aquellos criminales. El mismo Skorzeny poseía una hermosa propiedad en Mallorca, en Alcudia, donde vivía en medio de todo tipo de lujos, como si jamás hubiese participado de la barbarie nazi. Sus planes, para alegría del mundo libre, nunca se hicieron realidad. Otto Skorzeny, el libertador de Mussolini, “Caracortada”, moría en Madrid, en una cama de la habitación 388 de la ciudad sanitaria Francisco Franco, el 7 de julio de 1975 –paradojas del destino, apenas cuatro meses después moría el dictador español–, abatido finalmente por un cáncer de pulmón causado por su adicción al tabaco, que no dejó ni en los momentos de mayor agonía.

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