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El poder de la CIA en la España de la Transición

Miércoles 01 de Marzo, 2017
En los 13 millones de documentos que la CIA ha puesto a disposición del público hemos encontrado datos suficientes para darnos cuenta de que no siempre hemos creído la verdad de las cosas. En muchos casos, la versión oficial fue sólo la versión que interesaba que se conociera. Ahora toca reescribir parte de la historia.
Mado Martínez
La CIA en España
Haría falta que miles de personas durante miles de horas leyeran, analizaran y bucearan en los más de 12 millones de documentos que la CIA ha puesto a disposición del público. Hay cartas, comunicados sencillos, burocracia… ¡Y mucho tachón! La censura aún existe, pero entre todos los documentos también hemos encontrado verdades no confesadas. El tiempo cura todas las heridas, pero lo que el tiempo no cura es la verdad.

Era un secreto a voces desde el año 2000, cuando la CIA decidió desclasificar más de doce millones de páginas hasta entonces secretas. Sin embargo, sólo podían ser consultadas en los ordenadores de los Archivos Nacionales de College Park, Maryland, con autorización previa y en horario restringido. Ahora la agencia de inteligencia estadounidense ha puesto estos documentos al alcance de todo el mundo en su página web, donde cualquier persona con acceso a internet puede acceder a ellos de forma instantánea.

Entre sus páginas encontramos información sobre la forma en la que los yanquis veían España, un país que si bien al principio no revertía gran interés, fue cobrando, con el tiempo, mucha importancia para los intereses de Estados Unidos y el orden mundial establecido.

¿PACTÓ EN SECRETO EL REY LA MARCHA VERDE CON HASSAN II?
Si hay un capítulo en la historia española que todavía no ha cerrado sus heridas es el del Sáhara Occidental, y los acontecimientos que entre el 6 y 9 de noviembre de 1975 tuvieron lugar, orquestados por Hassan II de Marruecos, para arrebatar el territorio saharaui a España. El monarca marroquí aprovechó que Franco se encontraba enfermo para organizar lo que denominó como Marcha Verde, la invasión del Sahara español. El 5 de noviembre el rey Hassan II anunció que al día siguiente decenas de miles de civiles cruzarían la frontera de forma pacífica. Las fuerzas españolas minaron la zona, se replegaron y se colocaron inmediatamente detrás. “No quiero hacer la guerra a España”, había dicho el monarca alauí en su arenga a los voluntarios, animándoles a besar a los españoles que pudieran salirles al paso: “Si encuentras a un español, militar o civil, abrázalo y bésalo y festeja el encuentro”. Ciertamente, los marroquíes marchaban desarmados. Las tropas españolas se vieron despojadas así de la posibilidad de sujetar a las masas, aunque, la verdad sea dicha, tampoco había interés en la metrópoli madrileña de entrar en ningún tipo de conflicto bélico por el territorio.

Siempre se ha pensado que el papel del rey Juan Carlos de Borbón, por aquellos entonces jefe de Estado en funciones, se limitó a actuar como mediador. Sin embargo, los papeles de la CIA parecen sugerir que el Borbón pudo haber pactado de antemano con Hassan los términos de la marcha. Según uno de los documentos desclasificados, fechado el 6 de noviembre de 1975, el mismo día de la Marcha Verde, Juan Carlos de Borbón confesó al embajador de Estados Unidos, Wells Stabler, que Madrid y Rabat habían llegado a unos acuerdos. ¿A qué se refiere la CIA con Madrid y Rabat han alcanzado un acuerdo?

Cuando dice “Madrid”, ¿se refiere a la persona de Juan Carlos de Borbón? El por entonces jefe del Estado español ¿fue mediador, negociador en la sombra, portavoz o mero correveidile? No está claro. Lo único que parece obvio en estos documentos desclasificados que recientemente han visto la luz es que el gobierno de Estados Unidos siguió de cerca el proceso, y que fueron los primeros, por no decir prácticamente los únicos, junto a Francia, en dar su beneplácito a la anexión marroquí del territorio, pues en pleno contexto de la Guerra Fría, Argelia y el Frente Polisario eran cercanos a la Unión Soviética, lo que era lo mismo que decir enemigos.

Otra de las conclusiones que podemos extraer tras la lectura de este documento es que, a pesar de que los términos de la Marcha Verde estaban supuestamente pactados con la intención de salvaguardar su carácter pacífico, existía el temor de que el asunto se fuera de las manos y desembocara en acciones violentas.

JUAN CARLOS I SE GANÓ LA CONFIANZA DE LA CIA EN EL 23-F
A nadie se le escapa que Juan Carlos sembraba algunas dudas entre ciertos sectores de la población. Tampoco los norteamericanos se fiaban mucho de él. En un cable de la CIA fechado en 1974, habiendo asumido el Borbón la jefatura de Estado a causa de la enfermedad de Franco, no pensaban que tuviera mucho peso. De hecho, el asunto del cable se titulaba precisamente así: “Juan Carlos no ejerce ningún poder”.

Dos días después de la muerte de Franco, la CIA todavía dudada de que Juan Carlos tuviera “las cualidades para acometer” la tarea de la Transición, descrita como una “tarea formidable” y nada sencilla, porque mantener la ley y el orden durante un proceso político de apertura gradual, obviamente, no era fácil: “Si tiene éxito a la hora de preservar la ley y el orden con una apertura gradual del proceso político, ganará respaldo.

La tarea será formidable y no estamos seguros de que tenga las cualidades para acometerla”. El documento destacaba el “poco entusiasmo por Juan Carlos o la Monarquía” de los españoles pero que el pueblo español estaba dispuesto a darle una oportunidad a falta de “una alternativa mejor”. La CIA también recoge el temor que los militares inspiraban a Juan Carlos I. Al parecer, el líder de la Transición no las tenía todas consigo, y veía sus reticencias como una amenaza al proceso. Sabía que los cambios no podían hacerse “de la noche a la mañana” y que habría que “tener en cuenta qué aceptarán los militares”.

Lee el artículo completo en el nº141 de Historia de Iberia Vieja

 

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