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El Servicio Vasco de Información

Lunes 22 de Enero, 2018
Fue creado en 1937 Por José Antonio Aguirre y se distinguió por su habilidad para tejer relaciones y desafiar al espionaje franquista. Su objetivo era liquidar el fascismo y alcanzar la independencia. Tuvo una aparente disolución, aunque hay quién cree que todavía operan para el PNV…

La familia de José Antonio Aguirre tenía una fábrica de chocolate, que él regentó durante algunos años. Fue jugador del Athletic, abogado y hasta alcade de Getxo. Pero lo que permitió escribir su nombre en los libros de historia fue ser el primer lendakari del Gobierno Provisional del País Vasco y ocupar el trascendental puesto de Consejero de Defensa. Un puesto desde el que se ocupó de la seguridad y en el que creó su propio servicio secreto, llamado Servicio Vasco de Información (SVI), conocido popularmente hasta nuestro días como “el Sector Servicios” o simplemente “Servicios”. Poco conocido, vilipendiado con frecuencia, las investigaciones de los últimos años, amparadas en la desclasificación de documentos oficiales de varios países, demuestran que estamos delante de una organización plagada de trabajos exitosos, que tejió importantes influencias.

Aguirre creó el SVI en 1937 con hombres de su máxima confianza, lo que abarcaba básicamente a militantes del Partido Nacionalista Vasco, su partido. Por eso es fácil deducir que con el paso de los años se confundiera la lealtad de los espías, aunque en el fondo todo era lo mismo.

Derrotados por el bando franquista en agosto de 1937, los espías vascos estuvieron trabajando en el interior de España buscando información política de lo que tramaban los dirigentes rebeldes, sin hacer ascos a conseguir información sobre los movimientos de los republicanos. Al mismo tiempo, obtuvieron información militar de los franquistas que pasaban a la dirección republicana. Ellos siempre tuvieron la intención de ser autónomos, por lo que uno de sus principales esfuerzos fue tejer una red de colaboradores que funcionaran con lealtad al Gobierno vasco. Una red clandestina pensada para la Guerra Civil, que perduraría cuando Franco ganara la contienda. Paralelamente, establecieron un despliegue en el exterior con los agentes y militares que habían escapado de España.

Montaron su centro de operaciones en Francia, en la localidad de Bayona, desde la que empezaron a levantar una red de relaciones internacionales que les permitiera conseguir en el futuro los apoyos necesarios para expulsar a los franquistas de España. Una misión como agentes de influencia típica en cualquier servicio secreto del mundo. Teniendo en cuenta además que su responsable político era el lendakari Aguirre.

El SVI fue creado y dirigido desde un punto de vista operativo por José Michelena Aguirre, que junto a su hermano Juan José, se estableció en Bayona. Durante la Guerra Civil utilizó una motora para viajar al País Vasco y sacar a muchos compañeros cuyas vidas estaban en peligro. También llevó a cabo la misión humanitaria de recuperar las cartas que los fusilados vascos habían escrito a sus familiares antes de morir y que el Gobierno vasco tramitó una vez finalizado el conflicto.

Los agentes de Michelena también trabajaron activamente en Francia para la república, intentando contrarrestar las acciones llevadas en el país por el espionaje franquista. Una de las más importantes fue la alerta que dieron de que un submarino de la república iba a ser destruido en la región de la Bretaña, en el puerto de Brest.

EXILIO EN FRANCIA TRAS LA GUERRA CIVIL

Concluida la Guerra Civil, los objetivos del lendakari Aguirre y de su Servicio Vasco de Información se hicieron más acuciantes. Los republicanos habían sido derrotados por los franquistas, que se habían situado en el bloque fascista con Alemania e Italia. Muchos en Europa ya se preparaban para una guerra que los vascos veían inevitable desde el momento en que se vieron obligados a salir de España.

Pensaban que la única forma de alcanzar la independencia del País Vasco era consiguiendo el apoyo de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, las tres democracias más fuertes respecto a Hitler. La idea de Aguirre y su gente era ofrecer su apoyo en dos sentidos: la capacidad de espionaje del SVI, con presencia en Francia y el interior de España, y la red vasca desplegada en Latinoamérica.

Francia les apreció desde el primer momento, pues su servicio secreto, el Deuxieme Bureau, ya estaba colaborando con ellos desde la Guerra Civil. El capitán francés Simon, su contacto, no pudo evitar que a principios de 1940 el embajador de Franco en París, José Félix de Lequerica, consiguiera la detención de los principales dirigentes del SVI, encabezados por José Michelena.

Una cesión diplomática por parte gala bastante cosmética, porque ya por entonces, y en los siguientes años, la red vasca en el interior de la península y en el Marruecos español, les proporcionaba información sobre la colaboración con los nazis, los sistemas de defensa en los pirineos, los movimientos de barcos en los puertos, los arsenales de armas, los desplazamientos de tropas y sobre todo aquello que podía tener alguna relevancia en la guerra mundial que se avecinaba.

De hecho, unos días antes de que la invasión alemana de Francia fuera un hecho, el capitán Simon consiguió liberar a todos los espías vascos encerrados en el campo de concentración de Gurs, para que pudieran ejercer labores de resistencia.

Los dirigentes del SVI nunca perdieron de vista los auténticos motivos de su actuación: su objetivo era ayudar a los aliados a acabar con los fascismos en Europa, con todos, incluido el de España. De tal forma, que derrotadas Alemania e Italia, después se quitaran de en medio al franquismo. La ayuda del SVI fue importante para los franceses durante la Segunda Guerra Mundial, no solo por la ayuda prestada desde Francia, sino por la colaboración de tantos vascos leales a su servicio que se jugaron la vida en el interior de España para que los aliados ganaran el conflicto.

Durante el conflicto y en los años posteriores, Francia se convertiría en el centro neurálgico de la dirección del movimiento vasco, cuyos dirigentes en el interior de España, como Juan Ajuriaguerra, o en el exterior, como José Antonio Aguirre, irán allí para diseñar sus planes con Michelena y el resto de miembros del SVI.

AGENTES VASCOS EN EL SOE INGLÉS

Al mismo tiempo que el gobierno en el exilio buscó una relación con Francia, lo hizo también con Gran Bretaña. Allí se estableció el Consejo Nacional Vasco cuando todavía se luchaba en España, que mantuvo contactos productivos con el gobierno inglés y sus servicios secretos, el MI5 y el MI6. De nuevo, se encontraron las puertas abiertas gracias a lo que podían ofrecer a un país consciente de que, antes o después, iban a entrar en guerra con el fascismo emergente en Europa.

El acuerdo que ya funcionaba con los franceses facilitó también que los ingleses estuvieran dispuestos a negociar y conseguir el respaldo de los miembros del SVI tanto fuera como especialmente en el interior de la península ibérica. Aguirre hablaba de conseguir en el futuro un País Vasco independiente y los ingleses, según algunos estudios, les dieron buenas palabras aunque parece que nunca tuvieron una intención real de entrar en esa cuestión.

La colaboración de los vascos con Gran Bretaña quedó plasmada en la participación de varios de sus agentes en el SOE, la fuerza creada por Winston Churchill en 1940 para hacer la puñeta todo lo que pudiera a los nazis en Europa. Una fuerza integrada por los más osados, capaces de aterrizar en cualquier punto de Europa para cumplir las misiones más arriesgadas, casi suicidas.

Según revelan Pedro J. Oiarzabal y Guillermo Tabernilla en su importante investigación sobre la presencia de los vascos en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno inglés desclasifi có la lista completa de espías que trabajaron para el SOE y uno de ellos era “Leisaola”, en referencia a Jesús María de Leizaola, que muchos años después sería lendakari en el exilio tras la muerte de Aguirre y con la llegada de la democracia en España conseguiría un escaño en el parlamento autonómico.

Leizaola era un destacado agente del SVI que permitía al SOE contar en sus acciones en Europa, cuando fuera necesario, con la ayuda del grupo resistente vasco, dispuesto a apoyar cualquier operación que sirviera para que los aliados ganaran el conflicto. Leizaola también era el responsable económico del servicio, pues desde que Aguirre consiguió fondos en Estados Unidos, como veremos más adelante, él era el encargado de encauzarlo para conseguir la permanente actividad de los agentes del SVI allí donde estuvieran, tanto en Francia como en España. El dinero procedente de Estados Unidos llegaba al SOE y este se lo pasaba a Leizaola para su distribución.

Otro de los agentes vascos del SOE británico fue Juan Bandrés Jáuregui, al que todos conocían por el alias de “Punch”. Se había exiliado en Francia y fue el responsable de un ataque contra la base de submarinos italianos situada en Burdeos. Su caza y captura por los fascistas fracasó, pues el SOE puso en marcha con celeridad su plan de huida que terminó con el vasco vivito y coleando en la zona segura de Gibraltar.

OPERACIÓN AIREDALE

Gracias a la tesis doctoral del investigador David Mota, tuvimos conocimiento el año pasado de una operación cuando estaba finalizando la Segunda Guerra Mundial en la que tuvo especial protagonismo el SVI. Se llamó “Airedale” y consistió en un plan del OSS –el predecesor de la CIA estadounidense– para formar un grupo paramilitar encargado de liquidar nazis tras el fi n del confl icto. Pensaban en 1945 que con el fi n de la guerra muchos nazis se esconderían en la ratonera de Europa dispuestos a no dejarse detener sin resistencia.

En abril de ese año se activó “Airedale” en Francia. Se trataba de que un grupo de expertos de la OSS diera formación especial a un nutrido grupo de soldados expertos en la guerra de guerrillas –lo que hacía la resistencia-. Tenían que ser capaces de moverse silenciosamente por el territorio, atacar sin ser vistos a sus objetivos alemanes y desaparecer sin dejar rastro.

Decenas de soldados vascos fueron enviados a la abadía de Notre Dame de Vaux, en Cernay-la-Ville, a 50 kilómetros de París, propiedad del barón de Rothschild. Allí fueron formados en tácticas de combate que les permitieran llevar a cabo su misión.

Sin embargo, tras dos meses de formación, llegó desde Estados Unidos la orden de abandonarlo todo. Su gobierno había decidido cambiar de estrategia, pero no dejaron tirados a esos soldados. Los enviaron a un centro de formación, cerca de la frontera con España, para operaciones secretas de espionaje, donde estuvieron hasta 1946. Pensando posiblemente en que el enemigo del futuro sería la URSS e iban a necesitar una fuerza especial para hacerles frente desde el interior de la Europa no comunista.

Los soldados vascos de operaciones se distribuyeron en tres grupos, uno de los cuales, dirigido por Pablo Beldarrain, entró en España con el objetivo de llevar a cabo acciones de sabotaje que no tuvieron repercusión.

ESTADOS UNIDOS, LA TERCERA PATA

El lendakari Aguirre tomó la decisión de exiliarse en Estados Unidos cuando los alemanes entraron en Francia, una decisión motivada porque junto al país galo y Gran Bretaña, la tercera pata de su ofensiva internacional era el país norteamericano. Los archivos desclasifi cados de la época procedentes del FBI y la CIA demuestran la importancia que tuvo su colaboración con el SVI.

La OSS aceptó la colaboración que este servicio les ofrecía en Europa, sabían que los espías vascos habían demostrado su capacidad en la resistencia. Pero lo que más les podía benefi ciar era la red que habían tejido desde hacía muchos años en Latinoamérica.

Tras considerar a Aguirre como un aliado, le propusieron que viajara a todos los países donde tenía agentes para constatar sus capacidades. La lista fue apabullante: Argentina, Chile, Colombia, México, Venezuela, República Dominicana, Panamá, Uruguay y Perú. En todos ellos tenía agentes que trabajaban para el SVI, aunque algunos de ellos eran más fi eles servidores del Partido Nacionalista Vasco que otra cosa.

Según los informes posteriores de la OSS, había países como Chile en los que el SVI no funcionaba bien, pero en general las posibilidad de aportar a los intereses de Estados Unidos era grande. Tan grande que, como hemos señalado, decidieron financiar las actividades del SVI por todo el mundo, especialmente las que tenían lugar en la Europa ocupada por los nazis. La OSS también encargó trabajos especiales a sus colaboradores del SVI.

El propio Aguirre consiguió captar a un conserje vasco de la embajada de España en Washington para que consiguiera una copia del código de comunicaciones con España. Una operación exitosa que siguió al robo el año anterior de otro código de comunicaciones en la embajada española en Venezuela.

Otra historia bien distinta fue la propuesta de Aguirre de conseguir el apoyo y la financiación para atacar en España al gobierno de Franco y tratar de imponer por las armas un país libre. La OSS estudió el plan en 1942, pero en aquel momento el equilibrio en Europa era muy complicado y una acción de ese tipo se les podía volver en contra. Si Franco mantenía esa frágil neutralidad –aunque más cercana a Hitler–, para ellos era de momento suficiente. Estudiaron el plan de Aguirre, buscando incluso apoyos y dinero que jamás pudiera demostrarse que procedían de Estados Unidos, pero al final el plan se archivó.

La colaboración entre la estructura de espionaje vasca y los servicios secretos estadounidenses fue disminuyendo tras el fin de la guerra. La política geoestratégica de los norteamericanos declinó hacia conseguir un pacto con Franco que les garantizara el control de la península ibérica. Cuando consiguieron firmar el acuerdo de 1952 para instalar sus bases en territorio español, ya no les interesó su relación con Aguirre. En esa fecha, el SVI estaba viviendo sus momentos fiiales y ya no levantaría la cabeza.

Alguno de sus agentes, como Jesús Galíndez, que había colaborado con la OSS y después con la CIA en la República Dominicana, terminó dirigiendo para ellos una red de espías en el Caribe. Este agente vasco fue asesinado en 1956 en Nueva York en extrañas circunstancias, según muchos por una trama dirigida por agentes del dictador de la República Dominicana Leónidas Trujillo.

Otros espías vascos también trabajaron para la CIA durante la Guerra Fría. Eran hombres que tras la desaparición del SVI se quedaron sin trabajo y se reengancharon al espionaje gracias a la oferta de los estadounidenses.

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