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Los sobornos a los generales de Franco

Miércoles 23 de Agosto, 2017
La neutralidad de España en la Segunda Guerra Mundial tuvo un precio. Lo pagó Gran Bretaña y lo recibieron, con la intermediación del banquero mallorquín Juan March, hombres muy próximos al general Franco.
Ángel Viñas
El general Varela recibió importantes sumas de dinero de los británicos.

Las victorias clandestinas más significativas de los británicos en España y nunca cantadas adecuadamente estuvieron relacionadas con aquella operación tan secreta que Churchill jamás osó identificar en su correspondencia con Hoare. En un período especialmente tenso en la percepción británica como fue la primavera de 1941, SOBORNOS llegó a contar incluso con dos beneficiados en el seno del Gobierno de Franco. Es esta una circunstancia que se ha ocultado cuidadosamente hasta el momento, pero cuya importancia no puede en modo alguno minusvalorarse.

No es preciso especular demasiado para pensar que algún efecto tendría un bien tan poco preciado como el dinero o la promesa de su entrega. Sobre todo cuando se trataba de realizar una actividad tan específica y secreta como era influir sobre Franco y evitar que diera el paso al frente al que le empujaba Serrano, con su búsqueda ansiosa de la “cartita”. En aquella coyuntura los “hombres de March”, como convendría quizá denominar a tan ilustres patriotas, fueron el bilaureado general Varela, ministro del Ejército, y el coronel Galarza, que ascendió a ministro de la Gobernación. Dos nombres de peso. A decir verdad, superpesados. Pero aun así, los británicos nunca se fi aron del todo.

Mientras los sobornos desarrollaban todo su potencial, el SOE fue incrementando su interés por España. Esta es una historia relativamente poco conocida, salvo por los trabajos de Messenger.

IMPORTANCIA ESTRATÉGICA
En aquel período, la guerra estaba poniendo en tensión todos los recursos económicos y militares de que disponía el Reino Unido. Las disponibilidades de divisas eran uno de sus puntos más débiles y su gestión se llevaba a cabo con extremado rigor. Que SOBORNOS jamás careciera de apoyo financiero no es solo un tema contable. Es un reflejo de su crucial importancia estratégica desde la perspectiva británica.

La primera indicación relevante en la documentación desclasificada tan tardíamente en 2013 figura en una nota enviada desde el Foreign Office al Exchequer el 28 de abril de 1941. En ella se decía que el capitán Hillgarth se encontraba en Londres por unos días y que había informado a Eden de que se necesitaban otros tres millones de dólares. De esta suma, solo un millón era urgente. El resto se desembolsaría según resultados. También estaba en tramitación la idea de “comprar” [sic] a unos cuantos almirantes españoles y propietarios de barcos, con el fi n de asegurarse de que los buques no caerían  en manos alemanas. Sobre los almirantes no he encontrado nada. Respecto a los barcos, tampoco podría tratarse de la operación NAVÍOS, ya que esta se financió con fondos del SOE. Queda, pues, materia por investigar.

Eden ordenó que el desembolso se pusiera en práctica por los canales habituales. Era, pues, necesario que el canciller del Exchequer dijese si estaba de acuerdo con utilizar estos o si prefería algún otro procedimiento. En ese caso, tendría que discutir el tema con Eden mismo. Sin embargo, los misterios continúan. El 29 de abril, Churchill envió una pequeña nota a Eden. Le decía que era muy infrecuente que gente de fuera compareciera ante el Consejo de Ministros. Había tantos presentes que manejar las reuniones era complicado. Ello no obstante, sí había invitado a Hillgarth a que hablara ante el comité de Defensa [sic] en ausencia de Eden. Pero la base de la política que preconiza Hillgarth es del máximo secreto hasta el punto que no debe mencionarse en absoluto. Sin embargo, de no conocerla, sus afirmaciones no serían convincentes [...] Si quieres podemos repetirlo. Mientras tanto, me lo llevo a almorzar.

ASÍ SE GES LATRAMA
En el lapso de cuatro meses y en las dos ocasiones de que tenemos noticias de que Hillgarth fue a Londres, compareció otras tantas veces ante lo que era uno de los dispositivos fundamentales para gestionar el esfuerzo de guerra al máximo nivel. Pensar, pues, que a la operación SOBORNOS no se le prestó la más alta atención es una entelequia.

Evidentemente, el  canciller del Exchequer no puso dificultades a la petición de Eden. Sí parece que hubo una pequeña dilación. El 10 de mayo de 1941, Hoare terció desde Madrid con un telegrama personal y supersecreto a su ministro. Le dijo que, sin duda, se había percatado de que lo que estaba pasando en España se debía directamente al plan que él y el primer ministro conocían.

A Cadogan le llegó una transcripción muy mutilada de una conversación entre Berlín y la embajada nazi en Madrid en la que un funcionario de esta declaró que la actitud del partido (probablemente Falange) les causaba mucha preocupación.  Berlín preguntó si estaba por medio alguno de los hombres de Hoare. Ello nos permite suponer que se  trataba del cambio gubernamental en dos fases que ya se precipitaba.

Este tipo de información debió de favorecer la decisión, porque el 16 de mayo Hoare telegrafió que,  según los arreglos efectuados con el agregado naval, era imprescindible transferir a la Société de  Banque Suisse en Nueva York, por cuenta de la central en Ginebra, los tres millones de dólares.  Quienes podían disponer libremente de los mismos eran los ya conocidos Kern, Silva y Burguera. Como en ocasiones anteriores, también resultaba imprescindible disfrazar el origen de los fondos. Esto significa que el Exchequer no habría querido modificar los procedimientos.

PRIMERASTRANSFERENCIAS
La transferencia se hizo con toda urgencia y el 19 de mayo Hoare recibió la confirmación. Se había enviado solo un millón de dólares, probablemente como consecuencia de la relativa escasez de divisas, pero alguien debió de tener dudas. Al día siguiente, desde el Foreign Office se preguntó a Hillgarth si quería también los dos millones restantes.

Si tal fuera el caso, se transferirían de inmediato. La respuesta de Hoare, el 21, resultó afirmativa. Se necesitaban con toda urgencia. Por conducto que no aparece en la documentación desclasificada en 2013, el embajador se apañó para informar al Foreign Office de que hasta aquel momento solo se habían hecho pagos pequeños, más que nada para mantener vivo el interés de los sobornados. Pero las cosas podían cambiar. De aquí que prefiriese tener a su disposición la suma completa como respaldo de las promesas hechas por el banquero. Se entregarían las dádivas en junio de 1942 en función del comportamiento que los beneficirios hubiesen manifestado. Si alguno no cumplía con sus compromisos perdería su parte, que se distribuiría entre los demás.

De nuevo el Foreign Office se puso en contacto con el Exchequer. En este no quedó más remedio que movilizar los dos millones. Uno de sus funcionarios que intervenían en los contactos interministeriales aprovechó la ocasión para recordar a los diplomáticos que era absolutamente preciso que Hoare supiera que no convenía emplear los fondos hasta que los beneficiarios se los hubiesen ganado. El 26 de mayo se le cursaron instrucciones para que hiciera llegar el mensaje a la persona adecuada, sin duda, Juan March.

El 31 de julio, uno de los secretarios de Cadogan, Peter Loxley, encargado de los contactos con los servicios secretos, le informó de los desembolsos efectuados hasta el momento. Eran los siguientes, expresados en libras esterlinas, chelines y peniques:

17 de junio de 1940: 496.894-8-2
5 de julio de 1940: 745.341-12-3
10 de agosto de 1940: 745.341-12-4
7 de enero de 1941: 745.341-12-4
29 de mayo de 1941: 745.341-12-4
Total en £: 3.478.260-17-5

LO QUE FALTA POR SABER
En total, 14 millones de dólares. Loxley recordó al subsecretario de Estado permanente que no se habían recibido informes del embajador. El último databa del 10 de mayo. Se observará, en cualquier caso, que la suma gastada en el primer año de la operación había superado en un 40 % las previsiones iniciales. Es evidente que, cualesquiera que fuesen las tensiones de divisas por las que atravesaba el Reino Unido, las supersecretas actividades que había impulsado el tándem Hoare/ Hillgarth no solo no habían carecido de medios, sino que incluso habían aumentado. La pregunta que se plantea es obvia: ¿Cómo se había empleado tan importantísima suma? Si, como es de suponer, se hicieron informes al respecto, no se han desclasificado todavía.

Sobornos (Crítica, 2016), que expone la investigación sobre el asunto que ha realizado uno de los historiadores más importantes de nuestro país, Ángel Viñas. Por cortesía de la editorial, os presentamos uno de los capítulos de este trabajo, que dará que hablar.

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