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La tragedia de Gernika

Viernes 26 de Agosto, 2016
El 26 de abril de 1937, la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana bombardearon en sucesivas oleadas Gernika (Vizcaya), en uno de los episodios más salvajes de la Guerra Civil española. Ahora, el 9 de septiembre, el director Koldo Serra estrena en los cines de nuestro país Gernika, un sensible melodrama apoyado en los trágicos hechos reales en los que el periodismo y el amor se cuelan entre el estruendo de las bombas y el dolor.

Las dimensiones que alcanzó esta salvajada trascendieron pronto las coordenadas de la Guerra Civil y se instalaron en el imaginario de un horror que no ha cesado desde entonces. Porque eso fue el bombardeo sobre esta población vizcaína, una salvajada contra la indefensa población civil. Cuando los bombarderos y los cazas alemanes e italianos se retiraron, los responsables últimos de la masacre quisieron mirar para otro lado, pero ya era demasiado tarde: la historia había emitido su veredicto. Es cierto que la cifra de muertos ha variado mucho en función de los estudios. De acuerdo con uno de los últimos, elaborado por sendos historiadores de la asociación Gernikazarra, Vicente del Palacio y José Ángel Etxaniz, hubo un total de 126 muertos, cómputo que rebaja en varias decenas los propuestos por Raúl Arias Ramos o Josep Maria Solé i Sabaté en los últimos años.

UN OBJETIVO POCO ESTRATÉGICO
Junto a ese baile de cifras, otra disputa ha enardecido a especialistas de una y otra tendencia: ¿por qué Gernika? Desde el punto de vista táctico, era un objetivo improcedente, pese a que podía servir de tránsito a las tropas que marchaban a la defensa de Bilbao y a la existencia de varias fábricas de armas, que los cazas no detectaron. Tal como señaló el periodista George Steer en su legendaria crónica para The Times y The New York Times, “Gernika estaba muy lejos de las líneas del frente”; y si la única misión de los aviones era destruir el puente de la localidad, no cabe duda de que se les fue de las manos.

Pero Gernika era algo más que un “punto de paso en la retirada enemiga”, como apuntaba el citado resumen del Estado Mayor. Era la cuna de los fueros vascos, el lugar donde se reunían las Juntas Generales de Vizcaya, el símbolo de la tradición y el diálogo sustanciado en un árbol –un roble– que ya en el siglo XIV daba cobijo y sombra a todo un pueblo. Ese era su valor táctico, y contra él procedieron los aviones alemanes e italianos.

Si todos los testigos hubiesen enmudecido o el periodista George Steer no se hubiera acercado hasta allí para que tembláramos de espanto –“por su ejecución y el grado de destrucción perpetrado, así como por la elección de su objetivo, el bombardeo de Gernika no tiene ejemplo en la historia militar”–, es posible que el eco de aquella primavera se hubiera apagado junto con el de otras ciudades castigadas por el mismo horror. Pero los testigos hablaron y Steer mojó su pluma en sangre para ahorrarnos la vergüenza de la desmemoria.

UNA HISTORIA DE AMOR EN EL HORROR
Y al mismo Steer, de forma un poco velada, es a quien homenajea Gernika, la película de Koldo Serra que se estrena el 9 de septiembre. Resulta sorprendente que, siendo uno de los episodios más conocidos de nuestra Guerra Civil –indudablemente en ello mucho, casi todo, tiene que ver el arte inmortal de Pablo Picasso– y teniendo en cuenta lo mucho que nuestro cine ha filmado diferentes momentos de dicho conflicto, esta sea la primera vez que estos trágicos sucesos se han llevado a la gran pantalla. Y además, el director, Koldo Serra, rueda su cinta huyendo de los tópicos desde su inicio. La historia comienza en la oficina de prensa del bando republicano en Bilbao. Allí Henry, un periodista americano –reflejo en la ficción del ya referido George Steer–, dado a la bebida y que cubre sin pasión la guerra en su frente norte, conoce y cae perdidamente enamorado de Teresa, una entusiasta trabajadora de la oficina. De este modo, esta historia de amor conduce al espectador hasta el momento en que los aviones de la Legión Cóndor –y sus aliados italianos– llevarán el terror hasta Gernika. La peripecia de los enamorados, y las de los componentes de varias tramas secundarias que jalonan el relato, confluye en el momento y el lugar adecuado para el dramatismo. Aquella población vizcaína que, inexplicablemente, ve con tanto asombro como terror cómo las bombas la arrasan.  

TESTIMONIOS DEL HORROR
Pero para llegar hasta aquí, para que la tragedia se haya convertido en algo tan icónico que haya llegado a ser una película, hubo varios personajes fundamentales que dieron a conocer los hechos en su día. El sacerdote Alberto Onaindía, amigo personal del lehendakari José Antonio Aguirre, fue uno de los primeros en transmitir el horror fuera de nuestras fronteras: “Pasábamos cerca de la estación cuando oímos una explosión de una bomba, a la que siguieron inmediatamente otras dos. Un avión que volaba muy bajo lanzó su carga y se alejó en unos instantes (…). Durante más de tres horas se sucedieron oleadas de bombarderos, de aviones con bombas incendiarias y de aparatos sueltos que bajaron unos 200 metros de altura para ametrallar a las pobres gentes que huían despavoridas”.

Imposible leer las palabras de los supervivientes –entonces niños y jóvenes– sin ponernos en su piel y reconocer al punto que la empatía es aquí tarea imposible. Una de las visitas que organiza el ayuntamiento de Gernika, que se puede reservar en la oficina de turismo, recrea el bombardeo y, durante una hora y media, expone al público a lo que pudo sentir una de sus víctimas aquel día: el pánico en el interior de los refugios, la pintura cenicienta que lo ennegreció todo. Durante la Guerra Civil, los pueblos eran, en efecto, hogueras alimentadas por sus propios habitantes.

UN PUEBLO EN LLAMAS
Pero, al fin, Gernika ganó. El ataque aéreo enmudeció al mundo solo por unos instantes. Tras la crónica de Steer y su hábil manejo por la propaganda de la República, la localidad vizcaína se convirtió en una estampa viva del antifascismo, a la que solo restaba el genio creador de un artista para que perdurara hasta el fin de los tiempos.

Ese artista fue, ya lo sabemos, Pablo Ruiz Picasso, que leyó la noticia de la devastación en su periódico de cabecera, L’Humanité. En la Exposición Internacional de París de 1937, que visitaron más de treinta millones de personas, el malagueño expuso por primera vez el Guernica, su obra más sobrecogedora, un mural por encargo del entonces Director General de Bellas Artes, Josep Renau, a petición del Gobierno. Una madre con su hijo muerto, un hombre que implora, el toro, la paloma, el guerrero caído, el caballo, la bombilla, una casa en llamas, elementos en riguroso luto –o blanco y negro– que siguen dando que pensar y que sentir a todos. El arte, “un instrumento de guerra” en palabras de Pablo, fue más fuerte que las bombas. Siempre lo es. Ahora, esta película de Koldo Serra, con María Valverde, James d’Arcy y Jack Davenport, insiste en ello. Para que no lo olvidemos nunca.

Gernika se estrena en los cines españoles el 9 de septiembre. 

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Comentarios

Dos cosas. Los primeros bombardeos sobre civiles vinieron por parte de la izquierda republicana: http://gaceta.es/juan-e-pfluger/bombardear-civiles-practica-frentepopuli.... El cuadro de Picasso es anterior al bombardero: http://letralia.com/161/articulo07.htm se le puso el nombre para aprovechar la publicidad del mismo. Y un par de propuestas para la gente del cine español que vive del dinero de todos: Los bombardeos de Cabra (http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/75-anos-bombardeo-cabra_84...) y Valladolid (http://www.elnortedecastilla.es/v/20110715/valladolid/bombas-sobre-ciuda...) por parte de la izquierda republicana.

He tenido ocasión otras veces, de comentar el bombardeo dde Guernika. He estado allí, junto a su árbol y es verdad que me ha impresionado. Ahora tenemos una vez más, otro tema que seguiremos inspirádonos en esa tragedia. Ese bombardeo continuado, me recuerda al realizado por la aviación israelí, con apoyo de EE.UU. en Junio de 2014 y durante 51 dias sobre una población civil, en La Franja de Gaza. Hubo varios miles de muertos y dentro de ellos, más de 600 niños muertos. La tragedia de Guernika, fue algo que los Nazis y los fascistas, unos alemanes y otros italianos, que aportaban terror al régimen de los fascistas españoles. SALUD Y REPÚBLICA

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