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La última misión del 
Powerful Katrinka

Jueves 29 de Octubre, 2015
El bombardero B-17 Powerful Katrinka fue un impetuoso avión de guerra, una enorme plataforma volante que completó un total de 45 misiones de guerra desde el 13 de abril al 25 de junio de 1944. La 46ª no llegó a completarse... Su cita con el destino depararía a este coloso volante un encuentro con la bella población navarra de Mezkiritz, muy cerca de Roncesvalles. Aquel domingo 25 de junio de 1944, cuando los habitantes de esa población se encontraban en misa, escucharon un enorme estruendo, una terrible explosión... Todos salieron corriendo: una colosal bola de fuego ardía en mitad del bosque. Por: Mikel Navarro
Powerful Katrinka, Navarra, Normandía, Mezkiritz
El Powerful Katrinka fue un Boeing B-17-G-35-DL llamado “fortaleza aérea” con número de serie 42-107068 perteneciente a la unidad 379a BG/524a BS y fabricado por la compañía Douglas Aircraft en Long Beach, California. Cada una de sus misiones era reflejada junto a la cabina del piloto con el dibujo de una bomba, como recordatorio de cada hazaña bélica.
El 12 de febrero de 1944 ya estaba al servicio de la U.S. Army Air Force y su primera misión se completaría con éxito dos meses más tarde. Cuarenta y cinco misiones después, llegamos a la última, cuyo nombre en clave era Operación Francazal. Objetivo: destruir unas importantes bases de suministro en Toulouse, el aeródromo de Francazal. 
 
De camino sufrieron diferentes ataques de las posiciones alemanas situadas en Normandía, por parte de las baterías antiaéreas Flak
 
El 6 de junio de 1944 las tropas aliadas habían desembarcado en Normandía; tres semanas después, en el sureste de Inglaterra, varios bombarderos norteamericanos esperaban su misión, cuyo objetivo era el sur de Francia. El ataque sería feroz, un total de 270 bombarderos pesados B-17 participarían en la acción, 104 aviones atacarían el aeródromo de Francazal, 72 el de Blagnac, y 64 destruirían los depósitos de combustible situados en Montbartier, al sur de Montauban. La operación fue dura, más de diez horas de vuelo, y, una vez sobre el objetivo, se realizaron siete oleadas de ataque. 
De camino sufrieron diferentes ataques de las posiciones alemanas situadas en Normandía, por parte de las baterías antiaéreas Flak (abreviatura de la palabra alemana Flugabwehrkanone), que dañaron unos cuantos aviones. En Tours la defensa desde tierra fue muy virulenta; sin embargo, pasado ese punto el vuelo transcurrió con normalidad.
 
CANSANCIO, FRÍO... Y FATAL DESTINO
No obstante, otros enemigos se hicieron presentes: el cansancio y el frío. Así lo sintieron los hombres del Powerful Katrinka, que contaban, además, con otros contrincantes: los fallos mecánicos y la desorientación. Un motor comenzó a fallar y, cuando el piloto Thomas D. Butcher quiso enderezar el rumbo, se dieron cuenta de que estaban completamente solos. Se habían perdido. 
Con tres motores de cuatro se puede pilotar, pero era difícil forzar el aparato para buscar la formación y reencontrarse con sus compañeros. Tantas horas de vuelo estaban haciendo mella en el aparato, que llevaba ya 46 misiones de larga duración en dos meses. Mientras Butcher intentaba localizar a sus compañeros de formación, falló un segundo motor. La situación empezaba a ser alarmante, la velocidad disminuyó considerablemente, debían tomar una decisión de urgencia… Nueve hombres se hallaban en serio peligro. Pero, ¿quiénes conformaban la tripulacion?
Pilotando el avión, Thomas D. Butcher Jr., de 23 años. A su lado, el copiloto Joseph L. Wells, de 24. Franklin R. Vita, navegador, sumaba veintiuno. Richard Daniels era el encargado de arrojar las bombas y velar por ellas; su edad, 20 años. Rollin L. Bonham era el operador de radio y contaba con 19 años. Robert M. Reid, de 20, se encontraba en la parte superior del aparato y se ocupaba de la torre ametralladora. Bennie G. Burseth era el artillero y encargado de la munición; tenía 23 años. Rudolph F. Supper, ametralladora inferior, tenía 22 años; y el sargento Ralph F. Crawford, ametralladora de cola, 23.
Debían tomar una decisión. Eran las nueve de la mañana y tenían dos motores en funcionamiento de cuatro, así como una carga de diez bombas de 230 kilos cada una. Estaban perdiendo altura, y decidieron aligerar el peso del avión, para lo que se desprenden de numeroso equipo pesado (ametralladoras, munición, chalecos antibalas…, etc.). En condiciones normales la velocidad máxima del aparato era de 472 km/h y podía subir a 25.000 pies en 41 minutos, pero en esa coyuntura tan solo era posible intentar mantener la estabilidad como fuera, y estaban perdiendo altura poco a poco.
 
¡LUZ ROJA!
La tripulación era consciente de su situación geográfica, en el sur de Francia y cerca de la frontera española. Tal vez pudieran llegar a ella volando bajo, aunque maniobrar el coloso era cada vez más difícil. Volaban ya al nivel de las montañas y el choque podía ser inminente. En un último intento a la desesperada, ante un campo abierto decidieron arrojar alguna bomba para aligerar lo más posible el aparato y poder llegar a España. Sin embargo, no consiguieron que el Powerful Katrinka levantara el vuelo. Además, para mayor desesperación de los americanos, aparecieron en escena dos aviones alemanes, dos junkers stuka. Rápidos aviones de combate siguen, pues, su estela y les disparan, están perdidos… Las balas enemigas impactan en el fuselaje, saltan las alarmas, luz roja, los hombres se lanzan en paracaídas. Los norteamericanos van cayendo escalonados en diferentes localizaciones. El sargento Crowford, artillero de cola, se rompe una pierna en una mala caída, y junto a él se encuentra Robert Reid, que entablilla su pierna utilizando el cinturón del paracaídas y un par de fuertes ramas. Crowford se apoya en su hombro y se esconden en el bosque: están solos y asustados. 
 
 Uno de los soldados, al verse rodeado y escuchar algo que no parece ni francés ni alemán, exclama “Spain, Spain!”
Supper, Vita y el piloto Butcher caen en Mezkiritz (Navarra). Todavía no saben si se encuentran o no en España, pueden seguir en Francia y temen por su vida, se esconden en una casa que encuentran vacía; agazapados pistola en mano, vigilan tras la ventana. Varios pobladores los han visto y van en su ayuda, diferentes curiosos se agolpan, uno de los soldados, al verse rodeado y escuchar algo que no parece ni francés ni alemán, exclama “Spain, Spain!”. La respuesta no se hace esperar. Uno de los habitantes habla inglés, fue pastor en California. Se aproxima y exclama: “Yes, this is Navarre!“ Sonrientes, los tres soldados salen de la casa y son bienvenidos con suculenta comida y gran recibimiento. La guardia civil los evacua al hospital de Pamplona, todos son localizados y están bien, la pierna del herido Crowford es curada en el hospital de Navarra. Los demás son llevados a la base de Alhama de Aragón bajo la protección del ejército español y de un miembro de la embajada norteamericana, y se alojan en el hotel balneario Termas Pallares, entre el 27 de junio y el 20 de julio. Muy relajados, se encuentran en un ambiente vacacional de ensueño. Después son enviados a Gibraltar para llegar a Inglaterra. Finalmente son repatriados desde allí hasta EE.UU. El sargento Crowford, una vez recuperado, es igualmente repatriado. 
 
VIAJE A MEZKIRITZ
En mi afán por encontrar los restos de aquella singular historia viajo a Mezkiritz para entrevistarme con el único testigo directo de los hechos.
Me recibe en su casa Honorio Ibarra, que hoy cuenta con 85 años. Aquella mañana de domingo de 1944 se encontraba cuidando de sus ovejas cuando vio caer el avión en picado y estrellarse en la espesura del bosque. Salió de allí corriendo para pedir ayuda. 
El propio Ibarra nos relata cómo una terrible explosión sacudió todo el valle. “Porque tiró todo lo que tenía dentro, muchas bombas y munición”. “Por el miedo, nadie se atrevió a acercarse; podía haber más explosiones, porque eran constantes, hasta que poco a poco el fuego fue apagándose solo”, según nos cuenta el testigo. También nos dice que los americanos fueron recibidos en el pueblo como héroes. “Además, dos o tres aviones alemanes les venían siguiendo de cerca y los terminaron de averiar”. La señora de Don Honorio nos relata el aprovechamiento tanto de los restos del aparato como de los presentes que había en su interior:
“En seguida vino la guardia civil, se llevaron los motores y las cosas de importancia, que según parece acabaron en Burgos. Igualmente evacuaron a los americanos, que fueron muy bien tratados”.
 
Don Honorio Ibarra, muy amable, nos conduce hacia el lugar del avión siniestrado. Accedemos a un tramo en todoterreno, para después seguir a pie, introduciéndonos en el hayedo
“Cuando se fueron llegaron los chatarreros, que dieron buena cuenta del fuselaje. Algunos se hicieron huertas y las protegieron con chapas del avión. Con los paracaídas las mozas del pueblo se confeccionaron vestidos de domingo, y hasta visillos para el sagrario de la iglesia. Además se elaboraron incluso anillos con un material nuevo que todavía no se conocía en España, el vinilo”. Don Honorio añade que los chalecos salvavidas sirvieron para que no pocos del pueblo aprendieran a nadar en el río. 
“Y hasta hace poco teníamos en casa una vaina metálica para calentar agua”. La vaina era nada menos que la carcasa de una bomba vacía...
Don Honorio Ibarra, muy amable, nos conduce hacia el lugar del avión siniestrado. Accedemos a un tramo en todoterreno, para después seguir a pie, introduciéndonos en el hayedo. En seguida descubrimos un claro en el bosque, la cicatriz de aquella hazaña bélica. Robustos árboles rodean el círculo del accidente, su huella todavía hoy es visible, han crecido nuevos árboles pero todavía son jóvenes y de tronco fino.
 
LOS SUPERVIVIENTES
Con una azada excavamos unas cuantas capas del terreno, se aprecian los sustratos negros de la devastación, restos metálicos pueden todavía hoy ser encontrados, pequeños fragmentos de esos fósiles de guerra.
Impresiona ver todavía hoy ramas calcinadas, recuerdo de un pasado no tan lejano. Al contacto casi se deshacen: es el pasado de otro tiempo, casi como el último recuerdo de una acción que pide ser honrada.
Posteriormente los integrantes del mítico avión fueron separados para complementar otras tripulaciones que habían sufrido pérdidas en combate. Todos ellos sobrevivieron a la guerra.
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