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Wolframio: La batalla oculta de la II Guerra Mundial

Lunes 30 de Mayo, 2016
Durante la Segunda Guerra Mundial, Galicia fue epicentro de una guerra secreta. En sus entrañas se encontraba el mineral empleado para endurecer las armas de combate de la contienda lo que hizo que sus minas se convirtieran en el núcleo de una historia en la que se mezclan explotación y maniobras secretas.
Minas de Wolframio en Galicia

El wolframio, volframio o wólfram, también llamado tungsteno, es un metal escaso en la corteza terrestre que se encuentra en forma de óxido y de sales en ciertos minerales. Se trata de un material estratégico que  ha estado en la lista de productos más codiciados desde la Segunda Guerra Mundial.

El wolframio se usó para blindar la punta de los proyectiles anti-tanque y  la coraza de los blindados. La adquisición de wolframio se convirtió en un elemento vital e indispensable para la Alemania nazi, que lo adquiría a través de la España franquista.

Lo recuerda Alex Fidalgo en un reportaje publicado en la edición de junio de Historia de Iberia Vieja. El mayor productor de este codiciado metal era China, pero cuando los alemanes atacaron a la URSS en 1941 se echó el cerrojo a la principal ruta de comercio entre Asia y Europa y quedó como alternativa el territorio español, amén de algunas zonas de Portugal.

Los nazis pudieron servirse ad libitum aprovechando los ricos yacimientos de Galicia, Cáceres o Castilla y León.

Alrededor de 20.000 personas trabajaron en las minas –oficialmente— y con toda seguridad muchas más lo hicieron de forma clandestina. No eran pocos los que acechaban las excavaciones custodiadas por la Guardia Civil y el Ejército español con la complicidad de la madrugada, y es que en aquellos tiempos de pobreza el estraperlo formaba parte de la cotidianidad de pueblos como el gallego.

Diego Castro en su libro Las rutas del wolframio en Castilla y León asegura que se pagaba tan bien el metal que había una famosa partida –la “cuadrilla del gas”– para gente armada convertida en salteadores de caminos que robaban a quienes lo tenían.

Por otro lado, explica Fidalgo que las minas de wolframio se convirtieron en una suerte de campos de concentración, en donde miles de prisioneros del bando republicano eran hacinados en barracones adyacentes a las excavaciones y obligados a dejarse la piel, literalmente, sin descanso y en condiciones infrahumanas. A algunos de aquellos presos se les había conmutado la pena de muerte a cambio de convertirse en mano de obra para los nazis.

La ventaja militar que proporcionaban las bondades del wolframio fue descubierta por el bando de los aliados e ingleses y americanos empezaron a comprar de forma masiva el metal para evitar que fuese a parar a manos germanas.

Una buena parte de este material adquirido por los aliados fue a parar a la ría de Vigo. Cuenta la leyenda que uno de los mayores yacimientos de wolframio de la actualidad se encuentra, precisamente, en las aguas de la ciudad olívica.

Así las cosas, entre 1942 y 1944, el precio del metal se multiplicó por cuatro cada año, intensificándose con ello los trabajos de extracción e incrementando su valor de venta por las tasas que el régimen aprovechó para imponer sobre su exportación.

Roosevelt empezó a presionar al gobierno franquista, lo que alcanzó su punto álgido con el embargo de productos petrolíferos estadounidenses a España. El dictador, consciente de la gravedad de la situación, terminó por bloquear la salida del metal hacia tierras germanas. Tras la guerra, la fiebre del wolframio se diluyó, aunque hechos como la Guerra de Corea en 1948 y 1952 provocaron su resurrección.

Averigua todo sobre las minas del Wolframio en España en Historia de Iberia Vieja 132

EN EL DOCUMENTAL Lobos sucios, as minas de Casaio, dos mineros describen los avatares de su día a día en aquellas minas de tugsteno.

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