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Couto mixto, ¿el primer paraíso fiscal de la historia?

Lunes 16 de Julio, 2018
Era un país entre España y Portugal que no les pagaba impuestos ni sus habitantes servían en ninguno de sus ejércitos. Elegían en asamblea a un máximo entre los vecinos cada tres años. Nadie que se refugiara en este territorio podía ser arrestado ni se podían embargar sus bienes. Fue el primer paraíso fiscal antes de que existieran los paraísos fiscales. Carlos Gabriel Fernández

Octubre de 1143. Afonso Henriques, proclamado rey de Portugal tras su gesta contra los musulmanes, y su primo Alfonso VII, monarca de León y Castilla, se sentaban una vez más para firmar un acuerdo que pusiera fin a las hostilidades: el Tratado de Zamora.

Pero no era la primera vez, ya que antes habían rubricado la Paz de Tui, que poco tiempo había durado –cuatro años–, ya que en ese periodo el primer rey portugués había invadido Galicia y su primo le había devuelto la ofensiva arrasando los castillos al norte del río Vez.

Esta vez, en el acuerdo sellado en Zamora, se delimitaban los territorios para ambas coronas. Muchos historiadores consideran este tratado como el nacimiento del Reino de Portugal, pero con esta firma también comenzaba su andadura un territorio independiente de ambas coronas, con un autogobierno elegido por los vecinos y ciertos privilegios, una “república” que duró más de 700 años.

Comprendía cerca de 27 kilómetros cuadrados situados en la frontera, que se convirtieron en un espacio único en Europa: el Couto Mixto. Este “microestado”, que en ningún momento de su historia superó el millar de habitantes, estaba formado por tres núcleos de población: Santiago era la capital del Couto Mixto, donde tenían lugar las asambleas que decidían las cuestiones relativas a todo el territorio, Rubiás era el núcleo poblacional más grande, mientras que Meaus era el epicentro de la actividad comercial, donde se importaba y exportaban productos como café, tabaco (este producto podía cultivarse libremente por los mixtos), aceite, sal y seda.

Y es que las tierras montañosas donde se asentaba el Couto Mixto –entre las sierras de Larouco y Cebreiro– no son especialmente fértiles, por lo que el comercio –e incluso el estraperlo– eran el sustento de sus habitantes. Y esta actividad estaba apoyada por algunos privilegios.

El “Camino Privilegiado”
LAS TRES POBLACIONES del Couto Mixto estaban conectadas con la localidad portuguesa de Tourem a través de un “Camino Privilegiado” del que aún se conservan algunos tramos. Esta senda, de unos 6 kilómetros de longitud, servía como vía para el libre comercio y ninguna de las fuerzas de seguridad de España o Portugal pudiera intervenir mercancías ni impedir el tráfico, a pesar de que discurría por ambos territorios.

Las coronas de España y Portugal no tenían jurisdicción sobre este trayecto. Así, el “Camino Privilegiado” favoreció el trasvase de mercancías entre los dos países, lo que suscitó los recelos de gallegos y portugueses ante la proliferación del contrabando en esta vía. En la actualidad, este camino pertenece a un recorrido de unos 60 kilómetros que promueven diferentes asociaciones de ambos países con el fi n de mantener viva la historia de los pueblos del Couto Mixto y los “pueblos promiscuos”, en los que la frontera atravesaba algunas viviendas.

NI ESPAÑOLES NI PORTUGUESES
Los mixtos no se consideraban ni españoles ni portugueses y gozaban de algunos fueros que los desvinculaban totalmente de las leyes de los dos países. Así, no podían ser detenidos por las autoridades lusas o españolas, a menos que se alejaran 5 kilómetros de su territorio, ni tampoco en el “Camino privilegiado”, que unía los tres núcleos de población con la localidad portuguesa de Tourem, con la que mantenía un vínculo administrativo.

Asimismo, las autoridades del Couto Mixto podían dar asilo a huidos de la justicia de cualquiera de los dos países lindantes, incluso a los perseguidos por contrabando. Este privilegio fue motivo de numerosos incidentes, especialmente en el siglo XVI, entre mixtos y sus vecinos gallegos y portugueses, que consideraban al Couto Mixto como un nido de contrabandistas y territorio franco para criminales.

Los mixtos no debían tributar a ninguna de las dos coronas por sus actividades comerciales ni tampoco estaban obligados a aportar hombres para el ejército de ninguno de los dos países, aunque sí tenían derecho a portar armas, sin necesidad de ningún permiso.

La excepción eran los delitos de sangre, en los que las autoridades de cualquiera de los dos países podían intervenir, con el fin de detener a los acusados. A pesar de su independencia, y por tratarse de un territorio tan pequeño, el Couto Mixto estaba vinculado, en términos administrativos, a la cercana localidad portuguesa de Tourem.

En lo religioso, era la diócesis de Ourense la que designaba a los sacerdotes, con el beneplácito de la iglesia lusa. Los mixtos utilizaban el gallego y el portugués en sus conversaciones cotidianas, mientras que los documentos que redactaban estaban escritos en castellano. Incluidos los que daban sustento a sus fueros y a su peculiar forma democrática de autogobierno, que es varios siglos más antiguo que los de Portugal y España.

UNA “REPÚBLICA” DE HECHO
Uno de los aspectos más sorprendentes del Couto Mixto es su organización política, con aspectos democráticos que no se registraban en sus vecinos del norte ni del sur y que funcionaba, de hecho, como una “república”. El “parlamento” de este territorio era el atrio de la iglesia de Santiago, en la que se reunían los cabezas de familia, cada tres inviernos, para elegir un alcalde/juez, que ejercía durante este tiempo los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del Couto Mixto.

Esta figura debería estar ratificada por la Casa de Bragança, a la que el territorio estuvo vinculada en gran parte de su historia. Asimismo, se designaban tres “homes de acordo” (hombres de acuerdo), uno por cada núcleo de población –Santiago Rubiás y Meaus–, que ejercían de autoridad en cada una de las aldeas. También existía un “vigairo”, que hacía las funciones de agente ejecutor.

El juez tenía competencias en el ámbito civil, y los mixtos podían recurrir sus decisiones –en segunda instancia– ante las autoridades judiciales de España o Portugal. En cuanto a las decisiones administrativas, la figura del juez tenía potestad soberana. Cada uno de los “homes de acordo” tenía una llave que abría un arca con tres cerraduras, en las que se guardaban todos los documentos relativos al gobierno del Couto Mixto.

La apertura se realizaba en un acto en el que debían estar los tres representantes y en el que cada uno aportaba su llave. El profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Vigo Álvaro Xosé López Mira, autor de varios artículos sobre el autogobierno del Couto Mixto, lo define como “un modelo político participativo sumamente avanzado para su tiempo” y destaca que, además de la elección democrática, existía la capacidad de “revocación” de las autoridades elegidas, es decir, “la capacidad de cambiar a los representantes electos por parte de sus electores”.

Asimismo, llama la atención de que esta fórmula que “está vetada expresamente por los textos vigentes” de la Constitución española y del Estatuto de Autonomía de Galicia. En todo caso, buena parte de la historia del Couto Mixto se perdió tras la invasión napoleónica, cuando el mariscal Soult quemó numerosos documentos en su huida, que se produjo en 1809.

Diez años después se rubricó un nuevo acuerdo en el que se reconocían los privilegios del territorio, aunque pocos años después, una revisión del tratado entre los lindes de España y Portugal puso fin al autogobierno para integrarse definitivamente en España.

EL FIN DEL COUTO MIXTO
Los casi 27 kilómetros cuadrados del Couto Mixto se pusieron sobre la mesa de negociación cuando ambos países vecinos se sentaron para discutir una nueva demarcación de las fronteras. Portugal renunció a este territorio a cambio de que España le cediese la soberanía otros “pueblos promiscuos” —Soutelinho, Cambedo y Lamadarcos– en situación similar al Couto Mixto.

Así se recogió en el Tratado de lindes Lisboa, en 1865, y en la revisión de los marcos en 1866 y 1896. La fecha de entrada en vigor del acuerdo, 5 de noviembre de 1868, marcó el fin del Couto Mixto como microestado independiente y de los derechos que ostentaban sus habitantes.

Así, los mixtos pasaron a formar parte de la provincia de Ourense. Meaus se integró en el municipio de Baltar, y Santiago y Rubiás en Calvos de Randín. Tras el acuerdo, los habitantes del Couto Mixto que así lo quisieron pudieron adoptar la nacionalidad portuguesa. El acuerdo ponía fin a la “república” independiente del Couto Mixto, perdiendo para siempre sus privilegios y su organización social y política.

HOY, SOLO EL RECUERDO
En la actualidad, en el antiguo Couto Mixto se mantienen vivos algunos de los recuerdos de su pasado como territorio libre. En la localidad de Santiago existe un centro de interpretación con algunos de los elementos representativos de la época. Asimismo, en lo que fue el “parlamento” asambleario –el atrio de la iglesia– una figura de bronce recuerda a uno de los últimos jueces del Couto Mixto, Delfín Modesto Brandán. Por otra parte, la asociación de vecinos y la Asociación de Amigos do Couto Mixto, esta última presidida por Luis García Mañá –autor, además, de un libro de referencia sobre la historia de este territorio–, realiza actos reivindicativos en los que se realiza el nombramiento de nuevos jueces “honorarios”. El hermanamiento con otros pueblos de la “raia”, con actividades conjuntas, sirven también para mantener el recuerdo de esta “república olvidada”. 

LA ANDORA QUE NO FUE
Resulta paradójico que después de más de siete siglos de independencia, y con una democracia con autogobierno pionera en la península Ibérica, los habitantes del Couto Mixto no fueran consultados sobre su situación y, tras el Tratado de Lisboa, fueran absorbidos por España y abolidos todos sus privilegios. La situación de este territorio fronterizo era similar a la de Andorra, país que sí prosperó hasta nuestros días. Según lo recogen diferentes medios, el presidente de la Asociación de Amigos do Couto Mixto, Luis García Mañá, reflexiona sobre el diferente destino que corrieron ambos territorios: “Al contrario de lo que pasaba en el Couto, allí el territorio era más grande y las casas nobiliarias tenían mucha más fuerza que aquí. Ese fue el factor diferencial”

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