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Cuando los Tercios conquistaron el Rhin

Miércoles 15 de Noviembre, 2017
En 1618 España se vio obligada a entrar en la Guerra de los 30 Años para salvar al emperador de Alemania de la amenaza protestante.

Mientras parte de los Tercios luchaba junto a Praga, Ambrosio Spínola tuvo que acudir con otro ejército a sofocar la expansión de la revuelta calvinista en Alemania occidental, acabando con la Unión Protestante en un solo año. Después Córdoba y el católico Tilly tuvieron que librar hasta seis batallas para aniquilar a una serie de príncipes que continuaban en rebelión. El premio para Madrid fue el control del Rhin, con la creación de la Alsacia y el Palatinado españoles y la reapertura del famoso Camino Español.

“Todo empezó cuando los calvinistas arrojaron por la ventana a los consejeros católicos del Emperador en lo que sería conocido como la Defenestración de Praga”- escribe Javier García de Gabiola en el reportaje sobre la conquista del Rihn de los Tercios españoles en el nº149 de la revista Historia de Iberia Vieja. El problema se hizo mayor en la Dieta imperial de Frankfurt de 1619 para elegir al nuevo Emperador alemán. Éste debía ser votado por los llamados Príncipes Electores, que eran siete. Tres de ellos eran católicos, yotros tres protestantes, de modo que el séptimo debía inclinar la balanza y determinar si el Imperio pasaba a ser controlado por la facción papista o la reformada. Y el séptimo era ni más ni menos que el Rey de Bohemia, que hasta entonces era un Habsburgo pero que con la rebelión era pretendido por el calvinista Federico V del Palatinado. Al final, a los rebeldes bohemios se les denegó la entrada en la Dieta y Fernando de Austria fue elegido emperador el 28 de agosto. Los calvinistas no aceptaron esta decisión y convocaron a la lucha a la Unión Protestante para coronar a Federico, de modo que la revuelta bohemia se convirtió en la Guerra de los 30 Años.

Fernando reaccionó entonces convocando a la Liga Católica, alianza de obispados controlada por Maximiliano de Baviera, y pidiendo ayuda a Madrid.

Ambas potencias serían compensadas con  el reparto del Palatinado entre ellas, y el título de Elector para el bávaro. A todo esto Baviera logró un sorprendente acuerdo entre la Liga Católica y la Unión Protestante en Ulm, el 3 de julio de 1620: ninguna de las fuerzas de ambos contingentes invadirían sus territorios. Aunque España se quejó de este tratado, ya que le dejaba solo frente a los protestantes en el Palatinado, el pacto ocultaba una doble ventaja para los católicos: las tropas de la Liga sí que podrían marchar a Bohemia a aplastar a los rebeldes sin tener que preocuparse de su espalda, mientras que España, por no ser firmante del tratado, podía atacar el Palatinado, impidiendo que la Unión fuera en socorro de los bohemios.

SPÍNOLA INVADE EL RHIN
El banquero genovés Ambrosio Spínola, comandante del Ejército de Flandes, formó en junio de 1620 el Ejército del Palatinado, que tras recibir un cuerpo formado en  Italia por Gonzalo Fernández de Córdoba, sumaría 21.000 soldados. Spínola marchó desde Flandes siguiendo el curso del Rhin hasta juntarse con Córdoba en Coblenza el 21 de agosto. Allí cruzó el río y avanzó  al este amenazando Frankfurt. La ciudad, al ver acercarse a Spínola, se rindió y retiró sus tropas de la Unión. Mientras, los 21-24.000 protestantes de Johan Ernst von Ansbach estaban situados en Oppenheim, en la orilla izquierda del Rhin, pero sabían que si acudían a proteger Frankfurt dejarían indefenso el Palatinado occidental, de modo que no se movieron. Spínola volvió a toda velocidad, bloqueó a Ansbach, desgajó un cuerpo de 5.000 soldados bajo Coloma que ocupó el Palatinado occidental, y rodeando al protestante marchó más al sur contra Worms, importante ciudad de la Unión, de modo que Ansbach se vio obligado a abandonar Oppenheim para protegerla. Entonces Spínola contramarchó de noche al norte y tomó Oppenheim el 14 se septiembre. Ansbach, burlado acabaría rindiendo la Unión en la siguiente primavera.

El éxito de Spínola había sido total y muy a tiempo, ya que por entonces expiró la tregua con Holanda, por lo que debía volver urgentemente a Flandes para comenzar una nueva guerra.

CÓRDOBA CONTRA MANSFELD
Así, Spínola partió con 10.500 soldados, pero dejó en el Rhin a Córdoba con 17.000 hombres. La guerra continuaba ya que aún quedaban las tropas personales de Federico del Palatinado y sus mercenarios anglo-holandeses, unos 8.000 hombres bajo Sir Horace Vere. Sin embargo, Córdoba no pudo gozar de su superioridad numérica, debido a la inclusión de una tregua hasta agosto que le impedía retomar las hostilidades, y cuando el español se puso en marcha cayó sobre él la amenaza de Ernst von Mansfeld: hijo bastardo de un comandante español, católico renegado y capitán de mercenarios, su divisa era “quemar los campos y ciudades, ya que un paisano sin casa se convierte en soldado”, yendo a así a engrosar su propio ejército. En 1618 había penetrado en Bohemia para que su patrón el Duque de Saboya fuera coronado rey en Praga. Fracasando en sus gestiones, no obstante mantuvo ocupada la ciudad de Pilsen, absteniéndose aayudar a los protestantes bohemios que fueron aplastados en 1620. El victorioso T’serclaes von Tilly, formado en la escuela española de Flandes, se le acercó con 10.000 católicos, y Mansfeld evacuó Pilsen tras ser contratado por Federico. Reforzado en el Alto Palatinado (no confundirlo con el Bajo, donde estaba Córdoba) intentó volver a Bohemia, pero Tilly le bloqueó en los pasos de montaña. A la vez, Maximiliano de Baviera levantó otro ejército y fue a atacarle por detrás en Furth. Cogido entre dos fuegos, el astuto Mansfeld negoció un tratado para pasarse a los católicos para luego escabullirse hacia el Bajo Palatinado y continuar al servicio protestante. Maximiliano ocupó el Alto Palatinado, al norte de Baviera, y envió a Tilly tras Mansfeld, en octubre.

Mientras, Córdoba cruzó el Rhin y tomó todas las plazas del Palatinado entre el Main y el Neckar. El pequeño ejército palatino se dividió para proteger Frankenthal, al oeste del Rhin, y Mannheim y Heidelberg, al sur del Neckar. Córdoba descruzó el Rhin e inició el asedio sobre Frankenthal, a la vez que desviaba 3.300 españoles bajo Campolattaro que tomaron Kaiserslautern. Entonces fue cuando llegó finalmente Mansfeld con sus 7.800 mercenarios.

Córdoba, reducido a 8.200 soldados, y viendo que podía ser atacado entre la guarnición de Frankenthal y el mercenario a su espalda, decidió levantar el asedio y replegarse. En ese momento se le unió Tilly, de modo que ahora fue Mansfeld el obligado a retirarse al sur, saqueando Spira (Speyer). 

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