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La Orden Teutónica

Martes 21 de Abril, 2015
Entre las órdenes religiosas militares fundadas durante el periodo de las Cruzadas, la Orden Teutónica es quizás la menos conocida en España, aunque sus vínculos con la península Ibérica se extendieron a lo largo de 300 años. La ayuda de estos caballeros a la Reconquista, a partir del siglo XIII, mereció la gratitud de los reyes de Castilla, lo que les permitió asentarse con una serie de privilegios y tierras que conservaron hasta su desaparición en el siglo XVI. Tommaso Cherubini

Al igual que sus hermanos mayores –los Templarios y los Hospitalarios–, también los Teutónicos iniciaron su historia en Tierra Santa, dedicándose a la asistencia de los peregrinos y a la guerra contra los infieles musulmanes. No obstante, la presencia alemana en Tierra Santa durante la primera cruzada fue escasa. De este periodo data la construcción dentro de la muralla de Jerusalén de un hospital dedicado a la Virgen María, con objeto de prestar auxilio y apoyo a los caballeros y peregrinos provenientes de los territorios alemanes, aislados del resto de la comunidad a causa de las dificultades de comprensión de la lengua alemana.

De esta forma nació con la aprobación del Patriarca de Jerusalén el primer asentamiento de los hermanos de la Orden Teutónica, bajo la protección de la Orden de San Juan, con el nombre de Fratres hospitalis Sanctae Mariae Theutonicorum Ierosolimitanorum. Para la emancipación de los hermanos teutónicos de la orden hospitalaria de San Juan y la definitiva transformación de los caballeros teutónicos de simple cofradía a orden religioso-militar, hizo falta esperar a 1198, cuando el Papa Inocencio III reconoció la regla, bajos los principios de pobreza, castidad y obediencia de la Ordo Fratrum Domus Hospitalis Sanctae Mariae Teutonicorum in Jerusalem. Gracias a la protección del emperador Federico II y del papado, la Orden se convirtió en pocos años en una potencia política autónoma, cuyo desarrollo culminó con la fundación de un estado independiente a las orillas del Báltico.

Mientras que algunos historiadores certifican la presencia del Gran Maestro de la Orden Teutónica Hermann von Salza en la Península en 1219, presumiblemente el día del matrimonio de los reyes, otros contradicen dicha tesis

Las investigaciones sobre la presencia de los caballeros teutónicos en la península Ibérica nos permiten delinear el papel desarrollado por la Orden Teutónica en estas tierras, desde su asentamiento en la península en el marco de las relaciones políticas que la Alemania de los Hohestaufen y la España de los reyes de Castilla instauraron en el siglo XIII.

UN MATRIMONIO DE ESTADO

En contra de la creencia de un presunto aislamiento entre las regiones europeas del Medioevo, los pueblos más distantes entre sí fueron capaces de establecer relaciones políticas y militares, consolidando una especie de universalismo religioso, en el que se encuadraba la política diplomática del rey de Castilla Fernando III el Santo y de su hijo Alfonso X el Sabio. El hecho más relevante de esta actividad diplomática –que supondrá el inicio del asentamiento de la Orden Teutónica en España– fue el matrimonio celebrado en la ciudad de Burgos el 30 de noviembre de 1219 entre Fernando III y Beatriz de Suabia, nieta de dos emperadores Enrique VI Hohestaufen y el bizantino Alejo. De ese matrimonio hispano-germano nació el futuro rey Alfonso X, quien, durante su reinado, reforzó el vínculo entre la cultura española paterna y la germánica de su madre, promoviendo el cosmopolitismo de sus antepasados, también en el campo de las letras y de las ciencias. Las estrechas relaciones entre la corte de Castilla y la germana continuaron durante todo el reinado de Alfonso X, como avalan las pretensiones imperiales que el mismo Alfonso quiso hacer valer como heredero del Sacro Imperio, en calidad de nieto del emperador Felipe de Suabia.

Mientras que algunos historiadores certifican la presencia del Gran Maestro de la Orden Teutónica Hermann von Salza en la Península en 1219, presumiblemente el día del matrimonio de los reyes, otros contradicen dicha tesis, que consideran improbable por no estar respaldada por las fuentes existentes sobre los viajes del Gran Maestre en aquella época.

En la comitiva que acompañó a Beatriz en su viaje desde Alemania a Castilla, parece que estuvieron presentes caballeros de la Orden Teutónica, los mismos que probablemente años después aceptaron la donación y los privilegios concedidos por la reina a favor de dicha orden. Esos privilegios contemplaban la concesión del santuario de Santa María de Castellanos en la localidad de La Mota de Toro –hoy en día La Mota del Marqués–, en la actual provincia de Valladolid, un territorio de convergencia entre los antiguos reinos de León y de Castilla en la zona conocida como Montes de Torozos, donde fue constituida la única encomienda de los caballeros teutónicos en la península Ibérica.

LOS PRIVILEGIOS REALES

Al privilegio otorgado en Burgos el 20 de junio de 1222, relativo al territorio de la Mota de Toro, se le unió la autorización del 5 de junio del mismo año por la que Fernando III, en Burgos, concedía a su mujer el reconocimiento legal de la donación realizada a la Orden de las tierras de La Mota, con ulteriores territorios: Logares, Benafarces y Griegos. Estas informaciones provienen de los documentos que han representado durante años la base del estudio de la presencia teutónica en la península Ibérica: el Índice o Becerro de la Encomienda Teutónica, iniciado en 1526, en la época del último comendador, y el sucesivo Índice de las Escrituras y Papeles que hay en el archivo parroquial de Santa María de Castellanos y San Martín y su anexo de la Villa de Mota de Toro, alias del Marqués, diócesis de Zamora. Gracias a ambos documentos, incompletos por la falta de algunas páginas, podemos conocer cuáles fueron las tierras concedidas a los teutónicos, los privilegios heredados, los cultivos, el censo, las rentas, los bienes inmuebles de la encomienda, los gastos y todo aquello que representaba la vida cotidiana de estos caballeros.

Los estudios realizados durante la última década han puesto en duda las fechas establecidas hasta ahora por las investigaciones. En concreto, el historiador Nicolás Jaspert, en su estudio La Orden Teutónica en la península ibérica: límites y posibilidades de una provincia periférica, afirma que el documento de concesión y la sucesiva institución de la Encomienda podría datar de 1231, ya que hasta 1230 los territorios concedidos a los caballeros teutónicos –Mota, Benarfaces y Griegos– pertenecían al reino de León y no al de Castilla, por lo que Fernando III no habría podido concedérselos.

TIERRAS Y MÁS TIERRAS

En el mismo año, un segundo documento datado el 20 de septiembre de 1231, firmado por Fernando III en el Monasterio burgalés de Santo Domingo de Silos y respaldado por el arzobispo primado de España Don Rodrigo, concede a la Orden las tierras pertenecientes a la zona toledana de Higares, incluyendo su castillo, cercano al río Tajo, y limítrofes con los territorios ocupados por los musulmanes. Tal concesión representaba no solo un gesto de amistad y reconocimiento a la Orden, sino que tenía la finalidad de reforzar la presencia cristiana en una zona limítrofe y estratégica en la lucha con los musulmanes.

 

La benevolencia y simpatía que sentía la pareja real castellana hacia los Caballeros teutónicos se manifestó aún más con ocasión de la ofensiva militar que Fernando III realizó contra los musulmanes

El citado documento de 20 de septiembre de 1231 da testimonio de un segundo viaje del Gran Maestre Von Salza a España, que arribó, proveniente de Lombardía, en agosto de 1231, tal vez con el encargo de traer mensajes del emperador Federico II. Al Gran Maestre se le sitúa entonces en Santo Domingo de Silos para recibir el privilegio de las tierras toledanas. Si se aceptase la hipótesis de la presencia de Hermann Von Salza en España, rechazada por algunos estudiosos, habría que destacar sin ninguna duda la importancia de este evento, que trasciende de una simple concesión territorial a pesar de que España no estuviese dentro de las prioridades de la Orden en un momento crucial como el del inicio de la campaña de conquista teutónica de las tierras paganas de Prusia.

La benevolencia y simpatía que sentía la pareja real castellana hacia los Caballeros teutónicos se manifestó aún más con ocasión de la ofensiva militar que Fernando III realizó contra los musulmanes, que culminó con la conquista de numerosos territorios de la región meridional: Córdoba en 1236, Jaén entre 1243 y 1246, Carmona en 1247 y Sevilla en 1248. A pesar de la competencia con otras órdenes religioso-militares y de las órdenes militares españolas, que fueron las mayores beneficiarias en la distribución de las nuevas tierras concedidas por Fernando III, el mismo rey de Castilla cedió a los Teutónicos algunas posesiones, casas y molinos en los territorios conquistados de Córdoba, Jaén, Carmona y Sevilla, donde todavía hoy la Calle de los Alemanes –cercana a las posesiones de la Orden– testimonia la presencia teutónica. Las tierras andaluzas arrebatadas a los musulmanes por la Orden fueron rápidamente rebautizadas como las tierras de María y sus defensores Caballeros de la Virgen.

LLEGA EL REY SABIO

Y esa misma benevolencia fue garantizada luego por Alfonso X el Sabio, que en 1258 confirmó los privilegios concedidos por sus padres a los Teutónicos, dentro de un programa político más amplio con el que reivindicaba sus propias pretensiones imperiales en Alemania, presentando su propia descendencia de los Suabia como motivo de legitimación sucesoria. Entre tanto, los Teutónicos habían transformado su santuario de Santa María de Castellanos en un suntuoso monasterio, sede de la encomienda española de la Orden. Y es que, a pesar de los nuevos privilegios concedidos, el núcleo principal de posesiones teutónicas en España estaba representado por la encomienda de Santa María de Castellanos, de la que dependían los restantes bienes muebles e inmuebles en la Península.

 

La pérdida de poder coincidió con la regionalización del cargo de comendador, la completa españolización de la encomienda y el consecuente aumento de los conflictos de interés en las cuestiones locales

No hay datos de sucesivas intervenciones militares de la Orden a favor de la Reconquista y, a pesar de la generosidad de los reyes castellanos, los Teutónicos no se esforzaron en una política de expansión territorial. Este hecho no impidió a la encomienda mantener la típica estructura de las órdenes monástico-militares, dirigida por un comendador, con monjes alemanes coordinados por un prior y con varios seglares al servicio de la iglesia de Santa María de Castellanos y de su hospital anexo. En el curso de los siglos, la encomienda disfrutó de numerosos privilegios: los caballeros de la Orden y sus familiares gozaban de la exención del pago de peajes, impuestos y de cualquier otro servicio de carácter económico y estaban autorizados a la recogida de limosnas, acumulando así grandes sumas. En el transcurso de sus primeras y esplendorosas décadas de existencia, los Comendadores nombrados por el Gran Maestre fueron siempre alemanes.

UN LENTO DECLIVE

El primer Comendador natural de la región parece haber sido Juan Alonso de Vezdemarbán, quien, una vez realizado un viaje a Malbork –fortaleza principal de los Teutónicos– con objeto de entrar en la Orden, volvió a España con el encargo de presidir la Encomienda de Santa María de Castellanos de la Mota. En esta época, la Orden perdió los territorios toledanos de Higares, definitivamente enajenados en 1355. En los años sucesivos, una serie de usurpaciones condujo al lento pero imparable declive de la presencia teutónica en España. Los motivos de esta crisis fueron la constante rivalidad con las otras órdenes militares y religiosas en la Península, el fin de la relación entre los monarcas españoles y la dinastía de Suabia, que se había extinguido, y la expansión teutónica hacia el Báltico con el consiguiente desinterés de la Orden en la política mediterránea. La pérdida de poder coincidió con la regionalización del cargo de comendador, la completa españolización de la encomienda y el consecuente aumento de los conflictos de interés en las cuestiones locales.

Durante cerca de quince años, la encomienda permaneció sin regente, administrada por un hermano de la Orden de los Predicadores, hasta que, en 1440, el Papa Eugenio IV concedió la Encomienda Teutónica a Pedro Gundisalvo, procurador general de la reina María de Castilla y prior de los caballeros del Santo Sepulcro de Toro.

LOS ÚLTIMOS COMENDADORES

Cien años más tarde, otro comendador español, Juan de la Mota, tuvo que afrontar una serie de pleitos sobre los bienes de la Orden, a lo que se añadieron las continuas usurpaciones de tierras y bienes de la Orden por parte de los monjes cistercienses del Monasterio de la Santa Espina y de los canónigos de la Orden del Santo Sepulcro de Toro. Tras el sucesor de Juan de la Mota, Juan de Bullón, quien recibió la encomienda de manos del Gran Maestro Ludwig von Erlichausen, llegamos a los dos últimos comendadores de Santa María de Castellanos, ambos pertenecientes a la familia del Castillo, originaria de Cuenca, que protagonizaron el fin oficial de la única encomienda de la Orden Teutónica en tierra ibérica.

El primero de ellos, Diego del Castillo, cedió numerosas hectáreas de tierra, cerca de 750, a favor de Rodrigo Ulloa, primer señor de la Mota, contador mayor de los Reyes Católicos. Aprovechando la hostilidad que los Reyes Católicos sentían por las potentísimas órdenes militares, Ulloa llevó a cabo una importante campaña contra la encomienda, instigando a los vasallos contra el comendador Diego del Castillo. Muy pronto, éste, cansado e impotente frente a tantos pleitos y zancadillas por parte de Rodrigo Ulloa, cedió las tierras a cambio de una renta perpetua.

A la muerte de Diego, en 1514, le sucedió como último Comendador su sobrino Constantino del Castillo, que, entusiasta del cargo, recuperó muchas de las propiedades de la encomienda, gracias también al favor del Papa León X, quien le concedió prestigiosos cargos en el interior de los Sagrados Palacios: conde del Sacro Palacio Lateranense, noble del Sacro Palacio Apostólico, familiar y escudero pontificio.

Las crecientes dificultades políticas y económicas que la Orden Teutónica debía afrontar en los territorios de Europa nororiental –durante siglos sometidos a su dominio– facilitaron la alienación de las posesiones españolas

Sin embargo, Constantino no consiguió recuperar el prestigio de la encomienda Teutónica, y quizás centrándose más en el objetivo de conseguir gloria personal que en el interés general de la misma, contribuyó a su desaparición. Con el consentimiento del Papa, proyectaba poner bajo la protección de la Santa Sede los territorios de la Encomienda: la ocasión llegó cuando en 1523 una delegación de caballeros teutónicos enviados por el Gran Maestre visitó Santa María de Castellanos. El comendador Constantino manifestó la enorme dificultad de proteger los bienes de la encomienda, ya muy deteriorada, y propuso la creación de siete capellanías perpetuas presididas por un Capellán Mayor que sería auxiliado por otros capellanes y dos sacristanes, retribuyendo la dotación con una cantidad que no pasaría de 120 ducados de oro de Zamora, todo ello bajo la protección del Papa.

Las crecientes dificultades políticas y económicas que la Orden Teutónica debía afrontar en los territorios de Europa nororiental –durante siglos sometidos a su dominio– facilitaron la alienación de las posesiones españolas, consideradas demasiado lejanas y difícilmente gestionables y controlables.

El Papa Pablo IV aprobó en su bula de 5 mayo de 1556 la propuesta de Constantino, y decretó la extinción de la encomienda de la Orden Teutónica de Santa María de Castellanos de la Mota. El último comendador, Constantino del Castillo, conservó el título hasta su muerte, que tuvo lugar nueve años después en Cuenca, su ciudad natal, donde fue sepultado en la capilla de Santa Elena, aún hoy visitable en el interior de la catedral.

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