Se encuentra usted aquí

¿Cómo acabó sus días el duque de Osuna?

Lunes 27 de Julio, 2015
Don Pedro Téllez-Girón y Velasco Guzmán y Tovar nació en Osuna el 17 de diciembre de 1574. Hijo de don Juan Téllez-Girón de Guzmán, II duque de Osuna, viajó hasta Nápoles cuando aún era un niño. Joven intrépido y aventurero, hábil con la espada y enérgico de carácter, el heredero de la dinastía se acabó decantando por el oficio de las armas. Su mayor hito fue la victoria que obtuvo la flota patrocinada por él mismo frente al cabo de Celidonia, que determinaría el modo en que se iba a desarrollar la guerra en el mar. ¿Cómo se lo agradecieron sus compatriotas? José Luis Hernández Garvi
Duque de Osuna, Venecia, Quevedo

En contra de lo que hubiera sido lógico, la victoria de los galeones del duque de Osuna en el cabo de Celidonia señaló el ocaso de su buena estrella en la Corte de Madrid. Al actuar por su cuenta y riesgo con acciones corsarias contra los intereses de la República de Venecia, poniendo en peligro el equilibrio estratégico de fuerzas en Italia y desobedeciendo las órdenes del Consejo de Estado, se había granjeado la enemistad de importantes personalidades que conspiraban contra él enemistándolo ante el rey. En este sentido, nunca fueron tenidas en cuenta las perversas maniobras emprendidas por los venecianos, uno de los enemigos más peligrosos y taimados a los que entonces se enfrentaba la Monarquía hispánica.

Inmerso en un peligroso ambiente de tramas políticas, el duque de Osuna se vio implicado en la que fue conocida como Conjura de Venecia, oscuro incidente en el que también se vieron envueltos el marqués de Villafranca, gobernador de Milán, y el marqués de Bedmar, embajador de España en Venecia. Supuestamente se trataba de un complot organizado por las citadas autoridades españolas en Italia que contaba con la participación de un grupo de mercenarios franceses que debían crear un clima de inestabilidad y violencia en Venecia que forzase la intervención militar de España. Fracasada al ser descubierta, en realidad se trataba de una conspiración urdida por los propios venecianos para desprestigiar a sus rivales. A pesar de las sospechas sobre sus verdaderos instigadores, el escándalo salpicó la reputación del duque de Osuna.

Sin embargo no fueron los venecianos los que precipitaron su caída. Los numerosos enemigos del duque en la Corte difundieron el rumor de que ambicionaba la independencia de Nápoles de España, denuncia que no se correspondía con la realidad. A pesar de los esfuerzos que Osuna emprendió en su defensa, Felipe III prestó oídos a las voces que lo acusaban injustamente. El fallecimiento del monarca precipitó los acontecimientos y el duque fue detenido. Enfermo y abandonado por todos, el 24 de septiembre de 1624 Osuna el Grande o Pedro el Grande, nombres por los que en su época también fue conocido, murió en prisión como un vulgar delincuente. Francisco de Quevedo, que en su día ejerció como secretario de duque, dedicó unos versos en su memoria que reflejan con gran acierto la injusticia de la que fue víctima:

 

Faltar pudo su patria al grande Osuna,

pero no a su defensa sus hazañas;

diéronle muerte y cárcel las Españas,

de quien él hizo esclava Fortuna.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario