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Los asientos de negros

Miércoles 29 de Julio, 2015
Los denominados “asientos de negros” eran los acuerdos comerciales de la Corona española con otras monarquías, o con particulares, para proveer a las posesiones americanas de esclavos, ya que España no podía conseguirlos directamente en África. La Corona concedía un monopolio al asentista a cambio de recibir un porcentaje de las ganancias de la compañía que solía ser del 25% y se cobraba al desembarcar a los esclavos en los puertos americanos. Fernando Ballano
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Estos contratos nos permiten calcular el número de esclavos que entraba en las posesiones españolas, ya que se intentaba controlar el contrabando, pues de este la Corona no percibía su porcentaje por lo que ponía toda su diligencia en controlarlo, en la costa, y a posteriori, en las granjas. Por otra parte, a los traficantes tampoco les interesaba llevar muchos para que no bajara el precio.

TRÁFICO DE INFLUENCIAS

Como era un gran negocio, se movía mucho el tráfico de influencias. Así, Carlos V, en 1517, lo concedió a unos flamencos que se hicieron ricos rápidamente. A los españoles de Santo Domingo no les gustó y, en 1522, los colonos llegaron a sublevarse y matar al gobernador, por lo que lo suspendieron y dejaron mano libre. En 1580, necesitando dinero el rey, concedieron un nuevo asiento. Entre 1595 y 1640 lo disfrutaron siempre súbditos portugueses. Hasta 1600 lo tuvo Gomes Reinel. Entre 1600 y 1609, se contrató con Joao Rodrigues Coutinho, gobernador de Angola, quien debía llevar 4.250 esclavos anuales a América a cambio de pagar al rey 182.000 ducados cada año. Se prorrogó hasta 1615 con una rebaja de 22.000 escudos en el canon a pagar. En 1615, se firmó uno por ocho años con otro luso, de 3.500 esclavos a cambio de 115.000 ducados. En 1623 otro, por ocho años, a cambio de 120.000 ducados. En 1631, otro más de ocho años: 2.500 esclavos por 95.000 esclavos. En 1639 se interrumpen los asientos por las guerras al intentar independizarse Portugal. En 1650 España intentó un acuerdo con el rey Kongo, de la zona norte de Angola, pero no lo lograron pues les faltaba experiencia africana y tuvieron que seguir con los lusos.

 

Ese mismo año se cede a la empresa Comercio y Consulado de Sevilla, que también los compraba en Curaçao, por 1.125.000 pesos... más 200.000 de donativo

En 1662 se establece un asiento con los españoles Domingo Grillo y Ambrosio Lomelin, que operaban a través de una compañía intermediaria holandesa de la isla caribeña de Curaçao, a quien compraban los esclavos. Fue por siete años, para 24.000 esclavos y por 2.100.000 pesos. En 1674 se firma con el portugués Antonio García por cinco años, a 4.000 sujetos anuales por 450.000 pesos, pero no fueron capaces de cumplir su parte y se les rescindió el contrato en 1676.

Ese mismo año se cede a la empresa Comercio y Consulado de Sevilla, que también los compraba en Curaçao, por 1.125.000 pesos más 200.000 de donativo. En 1679 los holandeses les prohíben a los españoles adquirir esclavos en Curaçao, por lo que pasan a hacerlo en Jamaica con los británicos. En 1680 se firma por cinco años con Juan Barroso del Pozo y Nicolás Porcio (de Cádiz), a través del holandés Baltasar Coymans, por 1.125 pesos. Quiebran y se pasa directamente a tratar con Coymans, quien lo mantiene hasta 1686. Parte del pago lo hace por adelantado en fragatas para la Marina española. En el contrato especifican que les acompañaran a África diez monjes capuchinos para cristianizar a los esclavos. Después, el contrato pasa a Jean Carçau, ayudante de Coymans, pero en 1688 se le encarcela en Cádiz acusado de fraude y el asiento pasa de nuevo al español Nicolás Porcio.

Por el Tratado de Utrecht, de 1713, que puso fin a la guerra de Sucesión, Gran Bretaña se quedó con el peñón de Gibraltar y Menorca, así como con el asiento de negros

En 1692 se acuerda por cinco años con Bernardo Francisco Marín de Guzmán, residente en la actual Venezuela, por 2.125.000 escudos de plata en total. Pero en 1695 pasa a la Real Companhía da Guiné do Reino de Portugal que lo mantiene hasta 1701, en que lo ceden a los franceses. No olvidemos que en ese año comienza a reinar en España el borbón francés Felipe V y entrega el negocio al noble galo Jean Baptiste du Cassé, de la Compagnie de Guinée et de l’Asiente des Royaume de la France para que el negocio quedara en la familia.

HIERRO CANDENTE

Por el Tratado de Utrecht, de 1713, que puso fin a la guerra de Sucesión, Gran Bretaña se quedó con el peñón de Gibraltar y Menorca, así como con el asiento de negros. Tenía una validez de 30 años. Su majestad británica lo subcontrató a la South Sea Company. Podía llevar 4.800 esclavos anuales, lo que suponía un total de 144.000 en total. Debía pagar a la Corona española un 25% de las ganancias, más o menos unos 33 pesos en escudos de plata por cada uno que desembarcaba en posesiones españolas y se abonaba al momento. Para certificarlo se le marcaba una señal con hierro candente al esclavo. La Corona británica se llevaba otro 25% y los comerciantes el 50%. Por el acuerdo, los traficantes se obligaban a no “causar ofensa ni escándalo al ejercicio de la religión católica romana.” Gozaban de monopolio: “Que desde el día primero de mayo del presente años de 1713” […] “no podrá la compañía de Guinea de Francia ni otra persona alguna, introducir ningún esclavo negro en las indias”. Si apresaban esclavos de contrabando se confiscaban y pasaban a ser propiedad de la Corona española.

En una de estas inspecciones el capitán español cortó una oreja al contrabandista británico Robert Jenkins, quien fue al Parlamento a mostrarla

La Marina española podía inspeccionar los barcos británicos que se acercaban a las costas americanas (derecho de visita). En una de estas inspecciones el capitán español cortó una oreja del contrabandista británico Robert Jenkins quien fue al Parlamento a mostrarla. Hubo tensiones entre ambas potencias. España canceló el asiento y Gran Bretaña le declaró la guerra en 1739, Guerra del Asiento o Guerra de la Oreja de Jenkins. Duró hasta 1748, aunque a partir de 1742 cayó en una especie de punto muerto.

Cuando estalló la Guerra de Sucesión Austriaca, ambos volvieron a ser beligerantes. Por fin, en 1748, se firmó el Tratado de Aquisgrán renovándose el asiento. Poco después, en 1750, por el Tratado de Madrid, Gran Bretaña renunció al asiento a cambio de una indemnización de 100.000 libras. Es curioso que el gobierno español accediese a pagar esa cantidad salvo que alguien influyente y cercano al gobierno español pensara dedicarse a ese tráfico. Aunque no se hubiera pagado, se hubiera suspendido de todos modos porque en 1761 estalló una nueva guerra entre España y Gran Bretaña, la de los Siete Años.

VENENOSAS MINAS DE MERCURIO

Entre 1765 y 1779 el monopolio lo consigue Miguel de Uriarte, de la Compañía Gaditana de Negros, pero había de actuar simplemente como intermediaria, con barcos y tripulaciones de otros países, pues los traficantes no dejaban acercarse a las costas africanas a los advenedizos. Lógicamente el beneficio principal se lo llevaban los que compraban en las costas africanas a muy buenos precios. Por otra parte, en 1755, el rey Fernando VI permitió a Barcelona entrar en el negocio de ultramar. Según Sant Gisbert, “el impulso económico que Cataluña experimentó durante todo el siglo dieciocho (mejoras agrícolas, especialización vitivinícola y producción de manufacturas algodoneras) obligó a los comerciantes catalanes a buscar nuevos mercados y, en esta coyuntura, fueron muchos los que lo aprovecharon para participar activamente en el lucrativo comercio de esclavos”.

En 1765 hubo un Tratado de paz entre España y el sultán de Marruecos que fue acompañado de liberación de los prisioneros o esclavos que ambos tenían pues, durante varios siglos, desde los puertos del norte de África atacaban las costas españolas y eslavizaban a los que podían. Del mismo modo, los que eran apresados mientras atacaban también eran esclavizados. En este caso pasaban a ser propiedad de la Corona y se les utilizaba como galeotes o en las venenosas minas de mercurio.

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