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Guinea, una colonia bañada de alcohol

Miércoles 21 de Noviembre, 2018
La historia de la colonización española en la actual Guinea Ecuatorial es muy desconocida. Un aspecto particular muy ignorado es la relevancia del uso del alcohol con los nativos. Fernando Ballano.

La bebida ya era un problema antes de la toma de posesión por parte de España. Los lugareños de etnia bubi de la isla de Fernando Póo (actualmente Bioko) desde siempre tomaban lo que ellos denominaban topé, vino de palma, un jugo que extraían de las palmeras (cada planta daba unos cinco litros al día).

Lo fermentaban durante 12 días y lo consumían. Era una de las pocas tareas a que se dedicaban los hombres además de la caza y la guerra con otros poblados. La agricultura y ganadería eran cosa de las mujeres.

Los primeros colonos británicos llevaron alcohol europeo, más fino que el de palma y enseguida consiguió muchos adeptos tras la adecuada promoción comercial. El alcohol europeo se convirtió en una forma de conseguir que les vendieran sus productos y, sobre todo, hacerles trabajar por un sueldo en las plantaciones de aceite de palma y de cacao. Según Aymemí, uno de los que más los ha estudiado en profundidad, en Los bubis en Fernando Póo:

“La mujer bubi estaba condenada en tiempos pasados a ser perpetuamente esclava del hombre y su bestia de carga” […] “Mientras la mujer se ocupaba de estos quehaceres, el hombre va de paseo o a procurarse el exquisito vino de palma, o se entretiene con sus compañeros conversando”.

LEYES CONTRA LOS BORRACHOS
Cuando, en marzo de 1843, llegó a Bioko el capitán de navío Juan José Lerena se encontró con un Consejo de Vecinos de la Ciudad de Clarence (después Santa Isabel y ahora Malabo) debidamente constituido por Mr. Brew, Mr. Nicoll, Mr. Johnson y Mr. Escott como miembros (dos blancos y dos negros procedentes de colonias británicas).

El 10 de abril convocó una primera reunión de dicho consejo, donde se establecieron leyes y ordenanzas sobre salud y limpieza pública; borracheras y mala conducta; observancia del domingo, disparos por la noche; comercio, etc.

Una de las primeras normas del consejo fue prohibir la venta de alcohol a los bubis, ley que se repetirá continuamente ya que nadie la respetaba ni la hacía cumplir, pues la codicia siempre vencía.

A finales del siglo XIX La Trasatlántica, compañía del II marqués de Comillas, se dedicó a las plantaciones de cacao y al comercio. Alrededor de 1890 los comerciantes solían cambiar ron por madera (okume y ébano), caucho y aceite de palma.

Poco a poco el ron fue sustituido por el cognac o brandy, que se hizo muy popular. A partir de 1884 los misioneros claretianos, con sede en Vic, se convirtieron en monopolio misional de la colonia.

También se ocuparán de lo material, con fincas que cultivaban por medio de trabajadores liberianos, llevados con engaños, a los que también vendían alcohol y otros productos como un finquero o comerciante más.

Ramos-Izquierdo fue subgobernador del distrito continental de Bata durante varios años, desde 1904 a 1912, y en ocasiones gobernador accidental de todos los territorios por ausencia del titular. En el libro de memorias que escribió tras su regreso a la metrópoli relata algunos abusos con los que se encuentra al tomar posesión del cargo en diciembre de 1904.

Es especialmente relevante la confesión sobre la venta de alcohol industrial, que tantas discapacidades y muertes provocó en bubis, fangs y braceros extranjeros: “El bubi es de todos los naturales de nuestras posesiones en general el de constitución física menos desarrollada y el de más inteligencia para la agricultura, siendo apacible, tímido y respetuoso.” […] “la procreación se extingue en estos naturales efecto de la degeneración que en sus organismos produce el alcohol y de los abortivos que extraen de las plantas de aquella rica flora, de las que tan conocedores son y suministran a sus mujeres”.

IMPUESTOS PARA DISMINUIR EL CONSUMO
En 1906 el gobernador Barrera había establecido impuestos, de 1,50 pesetas por litro de vino, y en junio de 1913 otro de 7,75 por litro de alcohol de más de 50º, para hacer disminuir su consumo, pero no sirvió de mucho, por lo que tuvo que aplicar otras medidas prohibiendo el suministro a los braceros de bebidas alcohólicas excepto el vino:

“El alcohol en esta colonia causa efectos tan desastrosos, que la población disminuye rápidamente, y la generación que tiene es de seres degenerados y raquíticos, resintiéndose la agricultura de este estado de cosas, pues son gentes impropias para el trabajo y los que fallecen por la bebida de alcoholes son brazos que se roban a la agricultura.”

Se intentó controlar la entrada y distribución de alcohol desnaturalizado que se usaba para las lámparas de alumbrado pues se tenía sospechas de que se utilizaba para fabricar bebidas alcohólicas quitándole el sabor desagradable.

El éxito del alcohol era tal que todas las plantaciones contaban con una tienda donde les vendían bebidas y los braceros acababan debiendo más de lo que ganaban por lo que nunca podían abandonar la plantación.

Legalmente solo les podían vender dos litros por trabajador y mes. Los claretianos también tenían fincas y tiendas. Justificaban la venta: “Otra cosa había que nos estimulaba a vender vino, y era evitar que comprasen licores y alcohol amílico que les emborrachaba, y en poco tiempo los atonta y mata.

Por esto vendíamos vino en casa al precio como aquí va, que es a una peseta los . de litro, con lo cual había una ganancia de 50%” […] “parte para que no fuesen a las factorías [tienda] donde se habla frecuentemente mal de la Religión”.

En 1907 se prohibió la venta de bebidas con amílico aunque se les dio un plazo de cinco meses para seguir delinquiendo. En 1912 el censo de bubis en Fernando Póo solo llegaba a 6.800.

Se les clasifica en: 4.500 primitivos, 1.300 civilizados y 1.000 semicivilizados (que trabajan en las plantaciones). Sanz Casas señala como causas del descenso de población algo que veremos repetirse continuamente hasta 1935: “los efectos del consumo de bebidas alcohólicas, de los decretos de prestación personal [deber de trabajar algún día al mes en obras públicas], los malos tratos y las condiciones de trabajo en las plantaciones coloniales”.

Gustau Nerín, en el artículo Inversors catalans i la conquesta del Muni (1900-1926), comenta que estos les vendían sal, alcohol, pólvora y escopetas. Añade que muchas veces se trataba de vino muy adulterado o de licores de pésima calidad en buena parte procedentes de Cataluña.

CONTROLES DE CALIDAD
Durante los años veinte se comienza a implementar el control sobre el alcohol y en el Archivo General de la Administración (AGA) encontramos abundante documentación de los litros de vino vendidos en las factorías – tiendas– de la isla durante esos años ya que el jefe de cada destacamento de la Guardia Colonial debía visitar mensualmente cada una de las factorías, controlar las existencias de vino de la isla y enviar los informes a Santa Isabel.

En la revista claretiana La Guinea Española del 10 de enero de 1914, podemos leer cómo diezmaban las enfermedades a los bubis, sobre todo la viruela y la tos ferina, pero también el alcohol y los malos tratos en las fincas:

“2º. El alcohol. El bubi es apasionadísimo por las bebidas alcohólicas aunque sabe muy bien que ellas le han de llevar al otro mundo. Cuanto más piquen [más fuertes] como ellos dicen, son mejores. Estas son las que han diezmado, diezman y diezmarán, si Dios no pone remedio, a la tribu bubi, hasta acabar con ella. Hablo así por experiencia, en los veinte años que llevo en estas tierras, he visto morir muchísimos por el alcohol. Es verdad que el Gobierno, con buen acuerdo, ha puesto manos en el negocio cargando extraordinariamente las entradas de alcohol, pero aún así hay contrabando. En casi todas las factorías algo distantes de la población de Sta. Isabel se vende ginebra y otras bebidas alcohólicas con grande contento de los naturales, aunque les cueste un ojo de la cara. Prefieren enfermar y morir a dejar de beber.”

En junio de 1919 el gobernador se vio obligado a publicar un nuevo decreto sobre alcoholes que comienza extrañándose de la gran cantidad de alcohol que llega a la isla en comparación con el de víveres y teme que ocurra lo mismo que con los indios de Norteamérica y los nativos de Polinesia.

A pesar de la nueva ley, según Nerín, entre 1917 y 1932 se duplicó el valor del alcohol llevado a Guinea. En 1926 se publica otro nuevo decreto contra el alcohol y se hace referencia a las anteriores leyes de 1919 y 1923.

El problema es que no se implementaban. Francisco Madrid fue un periodista republicano que criticó contundentemente la colonización anterior. En su libro de reportajes La Guinea incógnita (vergüenza y escándalo colonial) publicada en 1933, comenta:

“Los reclutadores libres dábamos alcohol al indígena ¿Que no es posible? ¿Que el Estado tiene prohibida la venta y el regalo del alcohol al indígena?… Basta con acercarse a los libros de la Aduana de Bata y Kogo [puertos de Río Muni] y leer la entrada de las cajas de coñac. Por mucho coñac que se beba en Bata, a pesar de que se beba mucho, ¿pueden gastarse de 2.000 a 6.000 botellas men suales para una población de 1.500 blancos residentes en los 24.000 k [cuadrados]? Las cifras son verídicas y elocuentes ¿Adónde va ese coñac? Va a parar a los poblados indígenas, donde empiezan a viciarse”.

UN PROBLEMA SIN SOLUCIÓN
El 28 de agosto de 1932, los indígenas bubis dirigen un escrito al Comisario de la República en funciones de Inspector de Servicios de la Dirección General de Marruecos y Colonias (Sección Colonias) en el que se quejan de que han perdido propiedades [que les había regalado el Estado] por no registrarlas, y de cómo los engañan:

“Los contratos son celebrados del siguiente modo con los bubis poco entendidos; como en la mesa del europeo no falta la botella de coñac, conquistan al bubi a mediación de una borrachera, y con muy buenas frases, arman un contrato a su gusto anteriormente a la constitución del que hoy llaman Patronato de Indígenas que más abajo hablaremos sobre él, le hacen firmar al bubi dicho contrato, una vez hecho y bebido unas cuantas copas de la referente botella, por X años”. […] “Si el alcohol en la colonia es perjuicio a los indígenas o les perjudica la salud,” […] “que se suprima su entrada en la misma. 28 de agosto de 1931”.

Según Sanz Casas, en 1932 entraron en la colonia más de un millón doscientos mil litros de alcohol. Tras la Guerra Civil, para controlar el alcohol, en noviembre de 1940, se establece la necesidad de un permiso facilitado por la policía para transportar bebidas alcohólicas entre poblaciones. Tampoco se podía “pagar trabajos realizados por indígenas no emancipados, con bebidas alcohólicas”, lo que indica que se efectuaba. En Navidad se permitía a los nativos comprar bebidas alcohólicas, del mismo modo que también se les concedía permiso para beber en bodas, bautizos y funerales.

Fernando García Gimeno, en su libro de memorias El paraíso verde perdido, relata cómo aguaban el vino con destino a los indígenas: “A las barricas de vino que vendíamos en la tienda, se les añadía un 10% de agua, para que no les sentara tan mal, así que todas las noches después de cerrar la tienda, bajábamos nuevamente y entre todos íbamos poniendo los grifos a las barricas que estimábamos se podían despachar al día siguiente.

Por el tapón de arriba hacíamos los trasvases necesarios. ‘Agua dinero cristalino que hay que añadir al vino’”. A pesar de las prohibiciones se vendía todo tipo de bebidas, eso sí, a precios abultados. El negocio es el negocio.

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