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Y el Renacimiento llegó a España

Miércoles 25 de Mayo, 2011
Tras casi mil años de medievo, el Renacimiento trajo aires nuevos a una anquilosada Europa. En España ese movimiento se tradujo en un cambio radical en la fisonomía de sus calles y en la forma de ver al ser humano. Al progreso en el comercio y la industria se sumó una recuperación del placer por la vida, aunque con sus sombras y peculiaridades propias respecto a otros países. Por: Janire Rámila
Entre principios del siglo XV y mediados del XVI, el occidente de Europa experimentó un movimiento cultural de extraordinaria viveza conocido como Renacimiento. Por supuesto, tal término no procede de la época, sino del siglo XIX, cuando el historiador Jules Michelet lo acuñó, no sólo para referirse al resurgir de las letras y de las artes en aquellos años, también para denominar al nuevo hombre surgido de las cenizas del medievo.

Como primera expresión de los tiempos modernos que comenzaban a andar, el hombre renacentista se encaró con la Naturaleza y con la Historia interesándose por sus mecanismos. Los textos ya no eran patrimonio exclusivo de los religiosos y muchos laicos indagaron en los archivos para aprender algo más sobre sus predecesores, sobre aquellos romanos y griegos que habían moldeado el mundo. Así fue cómo descubrieron un amor por la vida que la Edad Media había sepultado durante siglos y quisieron recuperarlo, para forjar un nuevo tiempo en el que el hombre pudiera desarrollar sus facultades sin trabas ni impedimentos más allá de su propia iniciativa. Los cuadros se llenaron de color y de formas mucho más realistas, los libros ya no hablaban sólo de santos y de justas e incluso los ropajes se volvieron más vistosos y juveniles.

La sociedad acogió con buen agrado estos cambios y poco a poco se experimentó una tímida, pero imparable desvalorización espiritual. La norma y la vida ya no eran una, sino que podían caminar perfectamente por sendas opuestas. Este desapego por lo espiritual favoreció asimismo una mayor autovaloración individual. Las personas no estaban sujetas a los designios de Dios, sino que podían vivir conforme a sus deseos y gustos, naciendo el individualismo. Cambio de perspectiva que influenció el comercio, la economía, las leyes… Porque libres de la atadura de los principios éticos que regían las transacciones comerciales durante la Edad Media, los hombres renacentistas apostaron por el libre juego de la oferta y la demanda, cuyas leyes obedecían a principios estrictamente económicos. Este aspecto capitalista fue clave para conceder al Renacimiento su peculiar dinamismo. Las ciudades ya no prosperan por sus mercados, sino por sus puertos, por el trasiego de mercancías entre países y ducados, y el señor feudal terrateniente da paso al empresario capitalista. La calidad de vida aumenta y ello trae consigo un aumento demográfico, especialmente en las urbes, que necesitan mayores productos para cubrir sus necesidades. De España llegan vinos, aceite y lanas; de Italia armas y paños de los Países Bajos, trigo de Sicilia, maderas del Báltico…
La necesidad de importar y exportar provoca que la navegación se perfeccione con barcos más grandes y resistentes, capaces de circular por mares ignotos y protegidos hasta entonces por leyendas plagadas de monstruos y tormentas. Así es como surgen los grandes descubrimientos geográficos, con Cristóbal Colón atravesando el Atlántico y los portugueses, con Vasco da Gama al frente, llegando a La India y las Molucas por el este. Hitos geográficos que impulsan o que se originan, según se vea, como consecuencia del mejor conocimiento del cosmos. Ahí estuvo para atestiguarlo Jerónimo Muñoz, destacado astrónomo español quien cobró notoriedad en Europa a raíz del informe que, a petición de Felipe II, publicó sobre la supernova de 1572 y que fue comentado por diversos astrónomos del continente,
También es el momento en el que se forman las primeras grandes fortunas de Europa. Ricos señoríos que atraen a sus mansiones a los artistas más pujantes del momento, impulsando las artes y las letras con un Boticelli amante de las formas femeninas, un Bocaccio deslumbrante y, por encima de todos, un Leonardo da Vinci, ejemplo para la posteridad del hombre renacentista.

En suma, el Renacimiento fue un triunfo del espíritu, y del espíritu latino especialmente, porque, mientras al norte de los Alpes Europa desarrollaba el gótico con sus oscuridades, al sur la tendencia discurría por otros mundos. ¿Y España? ¿Qué papel ocupó en este movimiento? ¿Fue su Renacimiento tan esplendoroso y deslumbrante como el italiano?
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