Se encuentra usted aquí

Reyes: dioses en la Tierra

Miércoles 28 de Febrero, 2018
En las épocas medievales y modernas ser rey no era una cuestión de suerte, sino una cuestión de genes y elección divina. Para los monarcas, quien vivía en una corte real había sido elegido por una fuerza superior.

En las épocas medievales y modernas ser rey no era una cuestión de suerte, sino una cuestión de genes y elección divina. Para los monarcas, quien vivía en una corte real había sido elegido por una fuerza superior. Esa creencia sólo pudo mantenerse porque existió una penetración social de ese tipo de “ideas”. Incluso en aquella época se hablaba de los dos cuerpos de rey, que no dejaba de ser otra cosa más que la creencia en que algunas personas tienen una naturaleza divina y otra naturaleza mundana.

Eso hizo que algunas dinastías creyeran en ese órdago contra la racionalidad, y fue el hecho de que en siglos anteriores se convirtiera la búsqueda del Santo Grial en la búsqueda de una pureza que hizo nacer a algunas noblezas y dar cuerpo a dinastías reales como los Merovingios o los Carolingios.

De ahí viene lo de “sangre azul”, ya que en francés sangre es casi lo mismo que santo. Ellos se creían distintos y tocados por una suerte de varita mágica que hacia al resto tontos y a ellos listos. Como había una gran influuencia de conceptos religiosos trasnochados, esas monarquías fueron masculinas, razón por la que nació el anacronismo de la “ley sálica”, que más o menos viene a significar que sólo los hombres pueden heredar tronos. Ese tipo de creencias trasnochado existe incluso hoy, en doctrinas tan monárquicas como la española.

En aquella época, el rey incluso parecía destinado a tener momentos en los cuales se apartaba del mundo y se aislaba dentro de la Casa Real, cuya misión era ejercer de mediadora entre los reyes y su entorno, de forma que se salvaguardaran los usos y costumbres para que los mandados las acataran.

Así pues, para el pueblo era normal que el poder real lo atesoraran los hombres, pero cuando una mujer tenía ese poder de las cosas dinásticas y la falta de hombres para gobernar sobre los súbditos, la aristocracia se enfrentaba a un problema, ya que el poder de la reina podían estar influenciada por conductas que según la religión podían ser peligrosas.

De hecho, la figura de las reinas consortes y casos como el de Juana fueron relativamente habituales en aquella época: una mujer a la que se la hace casarse con un desconocido de otra tierra y de otro país al que tiene que viajar. Se consideraba que ella podían poner los reinos en peligro; es por ello que Juana fue perseguida por los suyos. La madre de Juana, Isabel la Católica, solventó ese “problema” –y no lo hizo del todo– asumiendo el error que la naturaleza había cometido con ella, y fomentó la idea de que su cabeza era masculina. Y se quedó tan pancha.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario