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Los Tercios, el primer ejército moderno de la historia

Jueves 20 de Noviembre, 2014
La rendición de Breda

Los Tercios españoles configuraron la primera infantería moderna de la historia. Se inspiraron en las legiones romanas. Recorrieron toda Europa expandiendo y defendiendo el imperio en escenarios como Italia, África, Flandes, Francia, Portugal, Alemania e incluso Hungría. Obtuvieron todo tipo de victorias a lo largo del siglo XVI y hasta mediados del XVII, convirtiéndose en el germen de los futuros regimientos, batallones y brigadas de los que se componen actualmente todos los ejércitos del mundo.

Javier García de Gabiola

Durante mil años, desde la caída del imperio romano hasta finales de la Edad Media, la caballería fue la reina de los campos de batalla. El redescubrimiento del estribo y la llegada de las migraciones bárbaras procedentes de las estepas euroasiáticas, lugares idóneos para la cría de caballos, hicieron que el jinete superara finalmente a la infantería pesada romana, organizada en legiones. El jinete era un guerrero de élite que requería un equipo carísimo, como varios caballos, una armadura y un entrenamiento que podía durar toda la vida, pero aunque por ello su número era escaso, su calidad era muy superior a la del infante

EL RESURGIR DE LA INFANTERÍA

Sin embargo, la infantería podía imponerse a la caballería si se lograba contar con recursos suficientes como para equipar un número elevado de soldados. Así, la masa de infantes, muy superior en número a los jinetes, una vez entrenados como luchadores colectivos (y no individuales, como los caballeros) y protegidos bajo un bosque de lanzas, podían detener la carga de los jinetes. Equipar a esta masa de infantes exigía realizar registros de ciudadanos, almacenes de armamento, funcionarios para realizar las levas, organización de convoyes y depósitos de suministros para alimentarlos, todo ello presente con la estructura burocrática del imperio romano. Sin embargo, en cuanto el régimen imperial se resquebrajó por las guerras civiles entre diferentes familias por el control del imperio, y cuando la presión fiscal era tan grande que las gentes abandonaban las ciudades para volver al anonimato del campo, la infantería dejó de funcionar eficazmente y fue derrotada por las élites de una caballería bárbara renacida.

A finales del siglo XIII los estados feudales europeos empezaron a convertirse en incipientes estados modernos  al desarrollar sus instituciones tributarias y su funcionariado

No obstante, a finales del siglo XIII los estados feudales europeos empezaron a convertirse en incipientes estados modernos  al desarrollar sus instituciones tributarias y su funcionariado, y al contar con las primeras financiaciones bancarias, lo que facilitó el equipamiento de las formaciones masivas de ciudadanos lanceros, especialmente en las zonas urbanas donde la administración era más sencilla y eficaz. De este modo, en el siglo XIV los lanceros triunfaron en Stirling y Bannockburn sobre la caballería inglesa; en Courtrai sobre la caballería francesa; en Laupen sobre los jinetes alemanes; o los arqueros ingleses sobre la caballería francesa en Crecy, Poitiers y Azincourt en los siglos XIV y XV. Finalmente, la propia caballería castellana fue derrotada en Aljubarrota y en Nájera frente a portugueses e ingleses.

Sitio de Gravelinas

 

LLEGA EL TERCIO

Hasta 1536 (con la excepción del imperio romano y los pequeños cuerpos de guardias reales), no existía el ejército permanente, de modo que las tropas eran levantadas para una campaña, a veces para varias, pero en cuanto la guerra terminaba, todos los soldados eran licenciados. Sin embargo, en España, con tantos territorios dispersos que defender y tantos enemigos expectantes (el imperio, a diferencia de otros países, no era un contínuum territorial, sino que entre una posesión y otra, como Flandes, Milán, Nápoles, el Franco Condado o América, había cientos o miles de kilómetros), se hizo necesario crear una unidad que estuviera permanente de guarnición en los territorios más amenazados. Así, en la Ordenanza de Génova de 1536, Carlos V crea y nombra por primera vez a las tres primeras unidades orgánicas de la historia: los tres Tercios de Nápoles, Lombardía y Málaga, cada uno formado por diez compañías de piqueros y 2-3 de arcabuceros, de unos tres mil hombres cada uno. Los tercios, a diferencia de otras unidades, no eran disueltos al acabar cada campaña, sino que seguirían en activo permanentemente para mantener a los veteranos  de anteriores luchas en pie de guerra y fomentar el espíritu de cuerpo, y para defender las posesiones españolas más alejadas. Sólo décadas más tarde las demás potencias europeas verán las ventajas de este sistema, creándose en Francia, Alemania e Inglaterra unidades semejantes llamadas regimientos, también de carácter permanente.

En 1536 Carlos V crea las tres primeras unidades orgánicas de la historia: los tres Tercios de Nápoles, Lombardía y Málaga

 

Sobre el origen del nombre de “Tercios” se han barajado muchas hipótesis, como por ejemplo por estar formado por un tercio de tiradores, o como una derivación de Legión Tertia, ubicada en España, pero parece que no se ha tenido en cuenta algo tan sencillo como que las primeras unidades creadas del ejército permanente eran tres, de modo que cada una de ellas era un tercio del ejército permanente.

Más tarde, el Tercio de Málaga se convirtió en el de Cerdeña, y del de Nápoles se segregó otro llamado de Sicilia, sumando en total cuatro tercios. Posteriormente, a lo largo del siglo XVI y XVII se crearon (y disolvieron) otros muchos (72 de ellos ha identificado Juan Luis Sánchez sólo en Flandes), por lo que los cuatro primeros, para reconocer su antigüedad, pasaron a ser conocidos como Tercios Viejos. Finalmente, también las tropas italianas pasaron a estar formadas por Tercios, así como los irlandeses. Las demás tropas, como valones, flamencos o alemanes, estarían agrupadas en regimientos. No se debe olvidar que el imperio español, desde 1520 era un imperio plurinacional, en el que sólo entre un 10 y un 15% de las tropas en lucha eran españolas, aunque sin embargo, el peso de la acción y el nervio de la guerra eran llevado a cabo por nuestros tercios de infantería. Finalmente, en 1567 el Duque de Alba marchó a Flandes con unos 10.000 soldados en cuatro tercios desde Italia para aplacar la revuelta de los flamencos, quedando allí permanentemente como tropas de combate, y dando comienzo la épica singladura de los Tercios de Flandes.

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