Se encuentra usted aquí

Sexo en España desde la antigüedad a nuestros días

Jueves 12 de Enero, 2017
Por muchas vueltas que le demos, nada determina tanto la humanidad como el sexo. Sin sexo no hay Historia que valga. Y la posición de las religiones sobre él, su represión o los momentos de libertinaje han definido nuestra sociedad.

Aparecieron en un monasterio. Ahora se encuentran en la Filmoteca de Valencia. Se trata de tres películas pornográficas que en muchos aspectos no tienen nada que envidiar en cuanto a claridad y rotundidad a los actuales. Las filmaciones eran obra de los hermanos Ricardo y Ramón Baños, que vivieron la eclosión de algunas artes escénicas en una época –comienzos del siglo XX– en la que la técnica apareció como una herramienta perfecta para plasmar el arte a través de ciertas formas de expresión, entre las que el cine tuvo una relevancia especial.

Ricardo Baños viajó a París, la capital del arte, para conocer de cerca los ilimitados mundos que abría el séptimo arte. A su regreso a España, en colaboración con otro artista en ciernes, Albert Barro, creó Hispano Films y grabaron juntos algunas de las obras más importantes de la época. Mientras, su hermano Ramón decidió que su sitio estaba en el Amazonas y hasta allí viajó para filmar escenas sobre la vida tribal y las sociedades primitivas. La dureza de aquella vida y algunas enfermedades que contrajo le obligaron a retornar.

PÍCARO ENCARGO
Ya juntos llevaron a cabo algunos proyectos que contribuyeron a sentar las bases del cine en nuestro país. Muchas de las obras en las que trabajaron tenían aire más documental: había que filmar todo para dejar constancia de cómo era la vida. E incluso filmar lo que ocurría dentro de las alcobas de forma clara y descarnada –o muy carnada, según se vea, porque en aquellas primeras películas pornográficas el cuerpo ideal de la mujer no era tan estilizado como en la actualidad–, sobre todo porque existía un público ávido de ver esas películas que nos enseñaban las cosas tal como son. Si bien eran las clases pudientes las que tenían esa curiosidad, lo cierto es que por entonces se crearon, para todas las clases sociales, las llamadas “sesiones golfas”, en las que se mostraban películas subidas de tono en salas apartadas a horas intempestivas.

Uno de los mecenas de los hermanos Baños pidió que realizaran tres películas de contenido erótico. Él mismo realizó los guiones y trazó los argumentos. Y es que el productor era alguien avezado y con larga experiencia en ese mundo. Sabía lo que quería y cómo lo quería, porque además era para uso y disfrute personal. Ése auténtico avanzado de la época, guionista y productor, era el rey Alfonso XIII que, de este modo, se convirtió en uno de los padres de la pornografía cinematográfica en España.

El reportaje de Bruno Cardeñosa que abre nuestro monográfico nº7, no sólo analiza el sexo en la era más reciente de la humanidad, sino que se remonta a la prehistoria hasta nuestros días.

Que los megalitos puedan identificarse como emuladores del pene, que eran adorados por ellas, no es una casualidad.

De hecho, una de las primeras representaciones de la voluptuosidad femenina, aunque aún hay mucha discusión al respecto, son las Venus, que fueron las primeras representaciones artísticas que efectuó el ser humano. Son esculturas que representan a mujeres y que tienen entre 25.000 y 30.000 años de antigüedad. El hecho de que se identifiara a la mujer como la otorgante de vida hizo que en los primeros tiempos, cuando las civilizaciones se estaban desarrollando, existieran numerosas comunidades profundamente matriarcales, en donde la mujer era el pilar de la sociedad.

SEXO SAGRADO
Siglos después, con la llegada de las grandes religiones monógamas, la mujer quedó relegada a un segundo plano, lo que no quiere decir, en contra de lo que se crea, que en las relaciones de pareja haya habido otros modelos más abiertos y liberales. Los pueblos íberos, antes de la llegada de Roma, ya instauraron, con pocas diferencias respecto al cristianismo, el hecho del matrimonio o la monogamia. Diodoro narra cómo se caso el líder íbero Viriato. Hubo ritual, sacrificios, banquetes… y luna de miel: “Luego sentó a la novia en su caballo y partió en busca de su escondida morada”. El matrimonio era representado en las primitivas muestras de arte erótico como algo sagrado, mientras que el acto sexual era parte de esa misión divina.

La llegada del cristianismo quitó el aura místico a las prácticas sexuales, pero se observó aún en obras como la urna de Lobón, en donde incluso a la felación y a la prostitución se le da un aire sagrado.

La llegada de Roma a la península Ibérica rompió algunos moldes, si bien siempre hay que ser consciente de que determinadas prácticas sexuales eran propias de sectores sociales concretos.

ENTRE DIOS Y ALÁ
A diferencia de lo que pueda creerse, el Islam fue más abierto en cuestiones sexuales que el cristianismo. La cultura árabe mantenía esa visión casi mística de las relaciones sexuales, que consideró necesarias para la buena convivencia en la pareja. Para los musulmanes que habitaban en la Península, el sexo era una necesidad física otorgada por Alá, cuya práctica incluso tenía beneficios para la oración y la fe.

En los tratados de Algazel, un jurista andalusí del siglo XI que determinó muchas de las normas a seguir por los fieles, incluso se describen situaciones, posiciones y prácticas que los matrimonios deben llevar a cabo, si bien cualquier práctica sexual fuera del mismo estaba rotundamente condenado por la religión. “Guardaos de mirar a la mujer hermosa, que la mirada siembra en el corazón el apetito”, decía uno de los libros de la época.

Por el contrario, en el cristianismo de la época –y en el que posteriormente de impuso– la práctica del sexo era un alejamiento de Dios, razón por la cual el celibato en las órdenes religiosas siempre estuvo presente, pese a que entonces se cumplía casi menos que ahora. El propio teólogo cristiano Tomás de Aquino llegó a establecer como pecado mortal el hecho de que en las prácticas sexuales, únicamente destinadas a la procreación, se produjera un hálito de deseo y placer. Para muchos cristianos, la visión del sexo que tenían los árabes rayaba en la pornografía, mientras que existía una rotunda oposición a la posibilidad de que los matrimonios pudieran romperse, tal y como sí permitía el Islam, lo que incluso llevaba a los cristianos a calificar de bígamos a los árabes que, tras separarse, volvían a contraer matrimonio. Estas acusaciones –incluso la de incestuosos– llegaron a formularse contra los moriscos antes de su expulsión de la Península, pese a que el Islam prohibía –los calificaban como haram, es decir, pecado– los matrimonios en los que existía algún tipo de vínculo familiar, algo que en el cristianismo era relativamente aceptado. La afectividad y la forma de vivir la sexualidad eran parte de las acusaciones que se efectuaban contra los moriscos, de quienes se condenaba –así se decía– su erotomanía.

No fue hasta el año 1348 que se establecieron las normas más duras en relación al sexo. El culpable de todo ello fue el rey Alfonso X el Sabio, que en su código moral y legal llamado Las Siete Partidas castró la libertad e impuso la fidelidad como una exigencia. El adulterio pasó a ser una amenaza para el orden social, tanto es así que el marido tenía el derecho de matar a la adúltera y a su amante.

CLANDESTINIDAD
Pero ¡lo que son las cosas! El propio Alfonso X tuvo amantes. Y es que las normas morales que se establecían desde el poder tenían como objeto el control y dominio de la estructura social. No hubo monarca que se preciara que no tuviera amantes. Incluso Fernando el Católico –dechado de religiosidad y entrega a la misión divina– tuvo amantes y encuentros ocasionales por doquier. El mismo Felipe II, que se creía casi un dios en la Tierra, mantuvo una incontenible actividad sexual y, sin embargo, condenaba a galeras a los bígamos. Su propio padre, Carlos I, tuvo que llamarlo más de una vez al orden para que dejara guardada a buen recaudo su fogosidad, algo que también tuvo que hacer una de sus innumerables amantes, Margarita, sobrina del monarca, que con 15 años tuvo que meterse a monja para poder estar alejada del rey.

LOS BORBONES EN PELOTA
La agitada vida sexual de la reina Isabel II, apodada "la golfona", unida a la agitada vida política de la España del siglo XIX, provocó que se extendiera una visión de la casa Borbón en la que lo que primaba eran los escarceos de la reina. Bajo este contexto se publicó una serie de láminas conocidas como Los Borbones en pelota. Las pinturas, de acuarela, mostraban con tono satírico el libertinaje de palacio, en el que todos estaban con todos en plena pulsión perenne, incluso el apocado Francisco de Asís, a quien se le representa en una de las láminas como “el primer palillero de la corte”.

Todas las láminas que conforman la colección incluyen escenas de sexo explícito. Se podría considerar como la primera revista porno de la historia de España.

En algunas de las escenas aparece un sacerdote, el padre Claret, en medio de las orgías reales. Pero, sobre todo, aparece Carlos Martofi, uno de los amantes de la reina, con quien hace el amor en todas las posturas. Incluso algunos de los personajes más ridiculizados en los dibujos llega a sujetar el pene de Martofi para penetrar bien en el cuerpo de la reina. La autoría de tamaña colección de sexo satírico es un misterio. La obra la firma SEM, un nombre bajo el cual se podrían esconder los hermanos Bécquer, aunque existen otras versiones que sitúan al autor en la esfera del republicanismo.

La colección, aunque fue un escándalo, se pudo publicar libremente. Pero, a veces las cosas van para atrás… Alguien lo escondió y no se pudo volver a ver hasta 1991. Parece que entonces había más apertura al sexo explícito que durante gran parte del siglo XX.

Lee el reportaje completo en el monográfico nº7 de Historia de Iberia Vieja: Sexo de la antigüedad a nuestros días

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario