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Bienvenido Míster Marshall… a cambio de nada

Miércoles 11 de Julio, 2018
En 1948 España estaba sumida en una grave crisis económica que podría haber subsanado con la ayuda del Plan Marshall. Sin embargo, este nunca llegó. Estas son las razónes.

Se han cumplido en abril 70 años de la aprobación en Estados Unidos del Plan Marshall. El asunto tuvo en España una cierta trascendencia y arraigo popular, del que se llegó a rodar una película de éxito llamada Bienvenido, Mister Marshall, dirigida por Luis García Berlanga.

El presidente estadounidense Harry S. Truman puso en marcha el plan con el objetivo de ayudar a levantarse, tras la Segunda Guerra Mundial, a la destruida Europa. Otra cosa es que no pensaba dar nada regalado y lo convirtió en una forma de respaldar a sus propias empresas para abrir mercados.

Franco intentó sumarse al carro de la reconstrucción. Cualquier inversión que llegara sería bien recibida en la España del hambre. Otra cosa es lo que estuviera dispuesto a ofrecer un dictador a cambio de conseguirla. Y esa era la clave de la ayuda. El franquismo, que había sobrevivido a los nazis, no era bien visto en Europa y en una parte de Estados Unidos.

Meterse en el berenjenal de premiarlo le suponía a Truman un problema político. El senador Alvin O’Konsky visitó España en 1948 y consiguieron convencerle de la bonanza del régimen, por lo que defendió en su Congreso la inclusión de España. El primer paso estaba dado, pero el segundo…

Truman aceptó con una condición que hicieron suya sus legisladores y diplomáticos: que Franco aceptara que se permitiera la libertad religiosa. Era una concesión que sentaría bien a los protestantes estadounidenses y suponía una pequeña apertura del régimen.

Franco se negó, más que por decisión propia por la negativa de la Iglesia Católica a renunciar al privilegio. No quería enfrentarse a la curia y dejó pasar el tren que hubiera permitido a España comenzar a salir de la grave crisis económica.

Es verdad que en 1953 firmó los Pactos de Madrid con Estados Unidos, pero ese progreso que llegó después podría haber empezado cinco años antes. Pero ni Franco ni la Iglesia quisieron acabar rápido con la crisis.

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