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“El escritor debe vivir con intensidad la historia para trasladar esa emoción”

Lunes 23 de Julio, 2018
Gonzalo Giner es uno de los grandes maestros de la novela histórica en España. Decenas de miles de lectores han seguido sus pasos desde que hace diez años relatara la epopeya de un veterinario durante la Edad Media en El sanador de caballos, su primer gran éxito. Su última novela, Las ventanas del cielo, acaba de aparecer en edición de bolsillo, una oportunidad inmejorable para charlar con él sobre la génesis y las intenciones de una obra prodigiosa, destinada a durar.

¿Qué es lo que le atrajo del mundo de las vidrieras para lanzarse de cabeza (y de corazón) a esta epopeya?

Siempre me habían llamado la atención cada vez que visitaba alguna de las maravillosas catedrales góticas que atesora nuestro país. Pero fue en Milán, en Il Duomo, cuando después de recibir sobre mis ojos los sorprendentes chorros de color que recorren el pasillo central desde su rosetón, a última hora de la tarde, me empecé a preguntar por qué esos autores que las crearon eran unos verdaderos desconocidos, o por qué esta disciplina no se ha llegado a considerar casi ni arte, cuando emociona contemplarlas; un arte pintado con luz en vez de con óleos.

Quizá la Sainte-Chapelle, que lo deslumbró en su juventud, sea la gran referencia de los vitrales medievales en Europa. ¿Qué tres catedrales españolas recomendaría visitar para valorar en su justa medida este arte?

Sin duda alguna la primera sería la de León con sus antiquísimos y hermosos vitrales; ejemplo del primer estilo de vidriera gótica. También recomendaría las del monasterio de Santes Creus en Tarragona por poseer uno de los conjuntos de vidriera cisterciense mejor conservado. Y en Burgos, aparte de las que lucen en su catedral, visitaría la cartuja de Miraflores, escenario clave en la novela, y destino de las primeras vidrieras flamencas que se instalaron en España.

Su novela no es solo un documentado viaje por Europa y el norte de África en un período de transición, sino también el viaje interior de Hugo de Covarrubias, un personaje en constante movimiento… ¿Qué le resultó más complicado, montar el “cuadro” de esa época o retratar a las “figuras”?

Reconozco que me costó mucho adentrarme y entender la técnica del vidrierismo medieval, imaginar un taller de vidrieras o descubrir cómo sus maestros jugaban con el grosor del vidrio y sus diferentes colores para trasformar la luz que penetraba en los templos. Pero también me resultó muy laborioso encontrar documentación escrita sobre los mercados medievales de la lana o de la sal; dos oros blancos que movieron la economía de aquellas sociedades, en las que meto a mis personajes con sus sueños, frustraciones, aventuras, amores y venganzas.

El halcón de Las ventanas del cielo entronca con otros animales que han saltado a las páginas de sus novelas. Hace unos años, en una entrevista, sostenía que era “más veterinario que escritor”. ¿Lo sigue siendo?

Puede ser que ahora lo vea de una forma más equilibrada; adoro sin ningún recato el mundo animal pero también la literatura. Y si meto animales en mis novelas es por un acto de justicia. ¿Acaso no han sido también protagonistas de nuestra historia? Confieso que me encanta saber que muchos lectores me reconocen como el escritor de los caballos, de los perros o ahora de los halcones. Los animales tienen tanto que contarnos…

Yo, como veterinario, soy testigo diario de ello. Han transcurrido unos meses desde la primera edición del libro, traducido ya al italiano, al portugués…Y, ahora, acaba de salir la edición en formato bolsillo. ¿Qué reacciones y comentarios está recibiendo de estos? Abrumadoramente buenos. Algunos lectores han viajado por las catedrales que aparecen en la novela, otros muchos me confiesan que desde su lectura miran las vidrieras de otro modo.

Al igual que nos ha pasado con otros títulos de su cosecha, una vez que iniciamos la lectura de este libro fue imposible abandonarla. ¿Hay alguna técnica (confesable) para escribir best-sellers? Para contagiar al lector y captar su interés hay que ofrecer una narración ágil, no excederse en las descripciones y menos aún en su contenido histórico, hacer a los personajes muy cercanos, que sea fácil empatizar con ellos, dibujar con intensidad sus emociones, conseguir escenas muy visuales y construir personalidades coherentes y bien definidas.

Se me ocurren esos puntos, pero sobre todo creo que el escritor debe vivir con absoluta intensidad la historia para poder trasladar esa misma emoción a los lectores. Todo esto, y supongo que más, es lo que intento poner de mí en cada novela. ¿Cuándo podremos disfrutar de su próxima novela? Confío que a finales del año que viene, en el 2019. Estoy terminando de estructurarla, de documentarme, y en breve empezaré a escribir… ¿Alguna pista? Habrá muchos animales, y esta vez muy, muy sorprendentes. ¡Qué ganas!

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