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Teresa González, la española que interpretaba las estrellas

Martes 10 de Enero, 2017
Si el mundo ha estado cerrado a las mujeres, qué decir del cielo. A lo largo de los siglos muchas mujeres quisieron hacerse sitio en el mundo de la astronomía. Muy pocas lo lograron. Entre ellas, una española de finales del siglo XVIII llamada Teresa González. Estaba convencida de que la fuerza de las estrellas afectaba directamente al ser humano.

El ejemplo más asombroso del esfuerzo de la mujer por hacerse hueco en el mundo de la astronomía se vio a finales del siglo XIX. En los Estados Unidos, a finales de esa centuria, cierto astrónomo llamado Edward Charles Pickering, a la sazón director del Harvard College Observatory, decidió estudiar el espectro de la luz de las estrellas que llega a nuestro planeta. No era una tarea sencilla, y de hecho fue un auténtico trabajo hercúleo, que se convirtió finalmente en un catálogo de espectros visuales sobre más de 45.000 estrellas. Una magna obra que se atribuyó a Pickering y a su equipo… ¡solo que ese grupo era en realidad un ejército de mujeres astrónomas que fue ignorado en su tiempo!

El conocido como catálogo estelar Henry Draper, el médico y astrónomo que financió el estudio, fue una realidad que ha mantenido su influencia desde entonces, gracias al tesón de mujeres que trabajaban siete horas diarias durante seis días a la semana con sueldo de oficinistas, calculando estrella tras estrella la huella espectral que había recorrido distancias inconmensurables para llegar hasta nosotros. No eran simples administrativas, muchas de ellas tenían estudios superiores, aunque se las trató como trabajadores de segunda clase en el mundo académico. Pero, de aquel aparentemente rutinario trabajo, surgieron carreras científicas que asombraron al mundo, como las de las astrónomas Henrietta Swan Leavitt o Annie Cannon.

EL ESTADO DEL CIELO PARA EL AÑO DE 1778
Alejandro Polanco Massa, nos explica en el número de enero de 2017 de Historia de Iberia Vieja que, en siglos pasados, ser mujer y además tener pretensiones intelectuales era algo poco menos que tarea agotadora, cuando no directamente imposible. Pero he aquí que en nuestra España del siglo XVIII una mujer intentó algo similar, logrando cierto predicamento, y cayó finalmente en un olvido tan profundo que sus huellas apenas han llegado hasta nosotros.

Muy probablemente no llegó a ser una observadora con los medios de muchas astrónomas, pero su empeño por llevar a imprenta una obra astronómica es digno de buen recuerdo.

En la Biblioteca Nacional de España duerme desde finales del siglo XVIII cierto volumen con un llamativo título: El estado del cielo para el año de 1778, arreglado al Meridiano de Madrid: pronóstico general, con todos los aspectos de los planetas, por la Pensadora del Cielo Doña Teresa González. Ahí es nada, estamos ante cierto almanaque astronómico, con ciertos tintes astrológicos, supuestamente creado por una mujer. Impreso en Madrid, muy posiblemente ese mismo año de 1778, o bien a finales del año anterior, en la imprenta de Don Manuel Martín, localizada en la calle de la Cruz de la capital española, se nos presenta como un manual astronómico con dos autores declarados. Por un lado, la misteriosa Teresa González. Por el otro, Manuel José Martín, el propio impresor.

La obra vendría a ser una versión mejorada, y actualizada, de otra muy similar que vio la luz en 1777. Se trataba de El estado del cielo para el año de 1777, arreglado al meridiano de Cádiz. Pronóstico general. Por Teresa González, natural de Córdoba. Y no se trató de los primeros intentos de esta olvidada cordobesa, pues se guarda registro de una solicitud de licencia, no concedida, que data de 1773, para cierta “Pensadora del cielo”.

La obra de 1778 sí tuvo cierto predicamento y alcanzó difusión, aunque poco más se conoce acerca de su gestación. Su contenido es descrito de forma directa en la presentación del libro (de título kilométrico) Pronóstico general con todos los aspectos de los planetas entre sí y con la luna, el signo y grado que esta ocupa diariamente, y los eclipses de los dos luminares. Juicio astrológico en cuanto a sucesos elementales y cosecha de frutos, por la Pensadora del cielo, Doña Teresa González.

En total, 104 páginas que vienen a ser una mezcla entre almanaque de efemérides astronómicas, con sus cálculos y tablas, junto a una especie de divertimento “astrológico” relacionado con las cosechas y los cultivos, que al final muy posiblemente era el gancho para cazar al posible comprador de la obra.

ENTRE LA ASTRONOMÍA Y LA ASTROLOGÍA
El almanaque está dedicado a la Condesa de Benavente, doña María Josefa Pimentel y Téllez-Girón, conocida mecenas de artistas y científicos de su época. La razón de ser de esta obra hunde sus raíces en la moda que por entonces inundaba las páginas de la prensa. A fin de cuentas, el pronóstico astronómico, desde simples fases lunares a complejas predicciones de eclipses, se convirtió en todo un divertimento practicado con mayor o menor fortuna por editores de todo el país.

La Pensadora del cielo, que demuestra en las páginas de su obra gran conocimiento matemático y de la ciencia de su tiempo, a buen seguro que no tuvo otro remedio que plantearse el publicar algo como aquello, tanto para conseguir algo de dinero como para difundir su conocimiento. Curiosamente, se sabe que ese tipo de libros contaba con mucha atención por parte de aquellas mujeres que podían acceder a la literatura en su tiempo. ¡Vaya atrevimiento!

Lee el artículo completo en el número 139 de Historia de Iberia Vieja

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