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7 claves de Murillo, el gigante del barroco

Lunes, 30 Julio, 2018 - 22:00
Murillo, es un grande del Barroco español, revisamos aquí su trayectoria. La dulzura de su obra, la ternura de su mirada, le procuraron una inusitada fama tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, así como el respeto de sus contemporáneos. Fue un intérprete de su tiempo y por eso resulta igual de válido para el nuestro. Alberto de Frutos
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Hijo de Sevilla

El escenario que alimentó los ojos infantiles de Murillo fue la Sevilla del siglo XVII, una ciudad dinámica, pujante, tal como se aprecia en la imagen que preside esta página. ¡Vivían en ella alrededor de 130.000 habitantes! A ciencia cierta no sabemos la fecha exacta de su nacimiento –sí la de su bautizo y las circunstancias del mismo–.

Así, en la columna de la izquierda, vemos la fachada de la iglesia de Santa María Magdalena, la pila donde fue bautizado el 1 de enero de 1618 y la partida que da fe de ello. Tras su probable paso por el taller de Juan del Castillo, donde se formó como pintor, inició su trayectoria artística. En su juventud, su estilo fue evolucionando desde un dibujo sencillo y con gran colorido a otro de tonos más sobrios y elaborados. En 1645 recibió el encargo más importante de su carrera.

Como testimonio de ello, traemos, a la derecha de estas líneas, la obra Murillo presentando su lienzo de la Inmaculada, obra atribuida a José Gutiérrez de la Vega que recrea el interior de la ya desaparecida iglesia de San Francisco. En la parte inferior recordamos el cuadro que estaba pintando Murillo en el momento de su muerte, Desposorios de Santa Catalina. Trabajando en su ejecución, se cayó de un andamio y pocos días después falleció como consecuencia de las heridas. Su huella en la ciudad de Sevilla es inmensa y la memoria de sus vecinos muy agradecida. En la plaza de Santa Cruz, la Academia de Bellas Artes instaló en 1858 una placa para recordar el lugar donde fue enterrado, el templo de Santa Cruz.