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Blas de Lezo, el héroe de nuestra historia

Miércoles 11 de Enero, 2017
Aparte de combatir la piratería, recuperar Orán y dirigir la última flota de la Carrera de Indias, el almirante Blas de Lezo destrozó a la armada británica del almirante Vernon en Cartagena de Indias en 1741, hecho que nuestros hermanos colombianos conmemoran cada año, y que sólo en España en la última década se ha empezado a rememorar.

El almirante Blas de Lezo nació en Pasajes, cerca de San Sebastián, en 1689, siendo el tercer hijo de entre ocho de una familia de la pequeña nobleza guipuzcoana. Debido al mayorazgo, don Blas no podía heredar los bienes familiares de modo que buscó una profesión: sobrio, íntegro y duro como un pedernal, optó por el servicio en la Armada, en la que se alistó siendo un niño, a los doce años. Sin duda le influyó el carácter puramente marinero de su villa natal, y el hecho de que su abuelo hubiera sido el capitán y patrón de un galeón.

En aquella época dio comienzo la Guerra de Sucesión Española (1700-1715) en la que España era aliada de Francia. Con nuestra flota prácticamente desmantelada, don Blas entró en la Armada de Luis XIV como Guardiamarina donde comenzó a dar pruebas de su valía y su espíritu de sacrificio. En agosto de 1704 participó en la batalla de Málaga, en la que una bala de cañón inglesa le destrozó la pierna izquierda justo por debajo de la rodilla.

Para evitar la tan temida gangrena, el cirujano-barbero le amputó la pierna con un serrucho a lo vivo. En todo caso, si en Francia Luis XIV creó la institución de Les Invalides para dar sostén económico a los mutilados al servicio del rey, en España, a Don Blas se le ofreció el puesto de Asistente de Cámara de Felipe V. Con ello tendría a los 15 años asegurada su posición de por vida. Sin embargo, poco dado a componendas y minués palaciegos, lo rechazó, y pidió ser mantenido en el servicio.

En 1706 nuestro héroe recibió su primer mando independiente: el de una flotilla de abastecimiento que debía suministrar a las tropas francesas que asediaban Barcelona. Lezo utilizaba diferentes subterfugios como quemar paja, cuya humareda cubría sus movimientos, y cargaba los cañones con balas incendiarias de su invención.

Posteriormente, se le destinó a uno de los fuertes de Toulon, que en ese momento estaba siendo asaltado por los imperiales. Un proyectil levantó una esquirla de roca que se le clavó en el ojo izquierdo, dejándolo tuerto.

Tras recuperarse, Don Blas fue ascendido en 1707 a Teniente de Guardacostas y destinado a Rochefort. Allí, se dice que actuó brillantemente capturando hasta 11 barcos enemigos, y en 1710, al mando de una fragata de la que extrañamente no ha llegado el nombre (esto es, un buque de guerra mediano, de hasta 45 cañones), consiguió abordar y capturar al navío de línea Stanhope de 70 piezas. Ya en 1712 don Blas fue ascendido a Capitán de Navío, y en 1714 tenemos registro fidedigno del primer barco capitaneado por él: el navío español Campanella, de 70 cañones, con el que intervino en el asedio final de Barcelona.

Allí recibió un disparo de mosquete que le dejó tieso el antebrazo derecho. Con apenas 25 años Lezo era ya manco, tuerto y cojo, pero empezaba a nacer la leyenda de “Medio Hombre”.

Lee la biografía completa de Blas de Lezo en el número 139 de Historia de Iberia Vieja

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