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Góngora, genio incomprendido

Martes 11 de Julio, 2017
La poesía de Góngora en la España del siglo de oro fue una gran revolución literaria que requería de gran exégesis y le granjearía muchos enemigos. Sergio Basi.
Góngora, genio incomprendido, Retrato de Velázquez

Luis de Góngora y Argote nació en Córdoba un 11 de julio para ser un genio de la poesía española del siglo de oro. Su estilo críptico, barroco, y de necesaria exégesis, recibió, posteriormente, el nombre de culturanismo o gongorismo, y fue muy seguido por muchos autores de relevancia. Hijo de una noble y de un juez del santo oficio, Góngora estudió en la Universidad de Salamanca, donde ya destacaba como un poeta extremadamente adelantado que acabaría revolucionando el lenguaje lírico hasta puntos que sólo volverían a lograr de nuevo y por primera vez algunos franceses en siglo XIX.

Su mayor enemigo fue Francisco de Quevedo, al cual siempre acusó de imitar sus versos bajo pseudónimo. Por su parte, el conceptista, le llegó a dedicar muchos versos tan burlescos como famosos: “Érase un hombre a una nariz pegado”. También el prolífico dramaturgo Lope de Vega trabó enemistad con él. Realmente su forma de escribir le llevó a ganarse una gran cantidad de detractores, el uso barroco de la palabra y las alteraciones que realizaba del orden gramatical llevaban a que sus poemas tuvieran un punto de complejidad que requería de ser estudiado para interpretar. Góngora ya buscaba esto, decía que "no escribía para ignorantes". Lo cierto es que gracias a todos estos enemigos y con sus contemporáneos, hoy conocemos más de su biografía, pues muchos de ellos dedicaron algún fragmento de sus obras a hablar de él. 

Su prestigio y fama eran incuestionables y escribió obras tan importantes como sus incompletas Soledades o el Polifemo. A la edad de 55 años tomó el santo sacramento del sacerdocio, con el cual pudo acceder, con la mediación del Duque de Lerma, a ser en 1617 el capellán personal del monarca Felipe III. Ostentó tal cargo hasta que en 1626 se arruinó por endeudarse por su gusto a los lujos y para ayudar económicamente a todos sus familiares. Se retiró en extrema pobreza y habiendo perdido la memoria a Córdoba, donde moriría al año siguiente de una apoplejía.

A continuación presentamos un bello soneto en el que se refleja a la perfección toda su personalidad lírica. Lo compuso tratando el tema de la belleza femenina usándose de ciertas mitificaciones de la misma. Este tema, al igual que las metáforas utilizadas, fue bastante propio de la producción poética del renacimiento y del Siglo de Oro, donde el culto a una bellísima dama podía convertirse en una suerte de adoración religiosa. En esta maravillosa composición la dama es convertida en templo y objeto de idolatría:

De pura honestidad templo sagrado,

cuyo bello cimiento y gentil muro

de blanco nácar y alabastro duro

fue por divina mano fabricado;

 

pequeña puerta de coral preclaro,

claras lumbreras de mirar seguro,

que a la esmeralda fina el verde puro

habéis para viriles usurpado;

 

soberbio techo, cuyas cimbrias de oro

al claro sol, en cuanto torno gira,

ornan de luz, coronan de belleza;

 

ídolo bello, a quien humilde adoro,

oye piadoso al que por ti suspira,

tus himnos canta, y tus virtudes reza.

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