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José Cadalso, la pluma crítica

Viernes 17 de Noviembre, 2017
El gaditano José Cadalso (1741- 1782) fue la figura más relevante en el campo de la prosa neoclásica.

Siendo coronel murió durante el Gran Asedio a Gibraltar lo que no hizo sino acrecentar la leyenda de una personalidad que escapaba a cualquier clasificación al uso. La obra de José Cadalso entronca con los principios ilustrados del siglo XVIII, pero anticipa a la vez el Romanticismo del XIX. Cartas marruecas y Noches lúgubres, sus obras más leídas, encarnan esa dualidad, de la que su propia vida fue un ejemplo.

La prematura muerte de la actriz María Ignacia Ibáñez, que había representado su tragedia Don Sancho García en 1771, lo sumió en una profunda depresión que conjuró escribiendo Noches lúgubres. Tediato, el protagonista de esta novela dialogada, se obsesiona con exhumar los restos de su amada para después suicidarse frente a ellos prendiendo fuego a su casa.

Sus obras, las que firmó o las que le atribuyeron –como el Calendario manual y guía de forasteros en Chipre (1768)–, no dejaban indiferente a nadie.

Cartas marruecas, una novela epistolar que remite a las Lettres persanes de Montesquieu, ofrece una visión serena de los problemas de España. Publicadas por entregas en el Correo de Madrid en 1789, y como libro cuatro años más tarde, las Cartas arremetían contra la herencia de pobreza de los Austrias y denunciaban el atraso de las ciencias, pero se mordían la lengua con la Iglesia, por temor a la Inquisición, y no discutía el gobierno borbónico.

Al igual que haría Moratín unos años más tarde con La derrota de los pedantes, Cadalso presentó batalla a la educación superficial de la época con Los eruditos a la violeta (1772), un requerimiento contra todos aquellos sabios de boquilla “que fundan su pretensión en cierto aparato artificioso de literatura”. Y, a diferencia de tantos escritores del Barroco, sus obras se pueden leen sin el menor problema en el siglo XXI, y se seguirán leyendo igual en los venideros.

 

Llamo mérito al conjunto de un buen talento y un buen corazón

En España en este siglo no hay quien no sepa que se ha de morir de hambre como se entregue a las ciencias

La naturaleza es la única que pueda ser juez, pero su voz, ¿dónde suena?

Creo que el carácter de algunos escritores europeos es el siguiente: los españoles escriben la mitad de lo que imaginan; los franceses, más de lo que piensan, por la calidad de su estilo; los alemanes lo dicen todo, pero de manera que la mitad no se les entiende; los ingleses escriben para sí solos

El lujo es dañoso porque multiplica las necesidades de la vida

En todos los países del mundo las gentes de cada carrera desprecian a las de las otras

No puedo comprehender qué utilidad puede sacarse de disputar setenta años una misma cosa, sin el gusto, ni siquiera la esperanza de aclararla

El culto con que veneramos a los viejos suele ser a veces más supersticioso que debido

El hombre grande nunca es mayor que cuando se baja al nivel de los demás hombres

El día que el género humano conozca que su verdadera gloria y ciencia consiste en la virtud, mirarán los hombres con tedio a los que tanto les pasman ahora

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