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EL LOBO: Condena a muerte eterna

Martes 21 de Marzo, 2017
La banda terrorista ETA, que marcó nuestra infancia, nuestra adolescencia y la madurez con la máxima expresión de odio y cobardía de nuestra historia reciente, anuncia la entrega definitiva de su armamento. Recordamos la entrevista que Bruno Cardeñosa realizó a Mikel Lejarza, alias El Lobo, cuando se cumplieron 40 años de su infiltración en ETA

Tener delante de mí a Mikel Lejarza, El Lobo, al agente secreto más importante de la historia de España desde la Transición, es impactante. Tiene una personalidad arrolladora, habla bien, es entretenido, atrevido… No tiene la imagen de un James Bond al uso. Él es de verdad. Auténtico, sincero, honesto. Sin pelos en la lengua. Vino a mi programa de radio, a La rosa de los vientos de Onda Cero, de la mano de Fernando Rueda.

Fue un honor. Conversé con él durante una hora. Inolvidable. Utiliza mucho la segunda persona cuando habla sobre él. Quizá es un mecanismo de defensa. No le gustó la película que se hizo sobre su vida, pero lo justifica. Lo entiende todo.

¿Cómo era Mikel antes de convertirse en Gorka, el infiltrado?
Era un muchacho ingenuo. Con una vida diferente, totalmente normal, sin nada que sobresaliera para poder realizar un trabajo de este tipo.

Fuiste capaz de descabezar a la cúpula de ETA...
Ellos mismos lo dicen. ETA se quedó en la cuarta parte de lo que era. Se quedó mermada. Quedó la infraestructura, pero la cúpula desapareció por completo.

Dos años de proceso de infiltración. Has llegado a sugerir que si te hubieran dejado, habrías llegado más lejos aún.
El objetivo era buscar el final de ETA. Estaba dispuesto a seguir hasta el fin, pero hay un momento en el que mis jefes consideraron que se había hecho más de lo que se hubiera imaginado y deciden dejarlo ahí.

Cuando se produce el final de la operación, ¿tuviste la sensación de que ya no te va a matar ETA, sino el servicio secreto?
Es algo que uno tiene que llevarlo en mente. En un momento dado, los infiltrados nos volvemos incómodos y se busca la manera de deshacerse de uno. En el último momento ganaron los que consideraron que no me iban a matar, pero yo estaba mentalizado.

Cuando se produjo la operación, con todas la detenciones, yo estaba en el hotel Colón de Barcelona. Me habían dado unos libros para leer, pero me fue imposible. Me hubiera gustado ver todo lo que estaba ocurriendo… Fue una noche tremenda. Nunca lo he dicho, pero pasé toda la noche con la pistola en la mano, esperando que viniera uno de mis compañeros y me liquidara.

¿Llegaste a sentir desamparo?
Sí, totalmente. Después, me sentí ignorado. Hay un momento en el que veo que todos están contentos, que había mucha alegría desmesurada…

Se habían colgado la medalla -le interrumpo. Él sabe como nadie que los de arriba se atribuyen muchos méritos que corresponden a los de abajo, a los currantes… ¡Las medallas! –responde, con energía–. Se colgaron muchas medallas. Se olvidan de uno, que fue el instrumento y te quedas en la oscuridad.

Con el paso del tiempo, ¿se ha ido disipando esa oscuridad?
No. A veces incluso ha ido en aumento.

¿En qué momentos?
A lo largo de toda la vida, en varias ocasiones. En casos como el mío, la historia se divide en cuatro partes. La primera es la utilización, aunque yo me presto voluntariamente a esa operación. La segunda, la de engaño, porque no se cumplen todas las cosas que te prometieron. La tercera, la de traición, porque algunas veces tus compañeros de otros cuerpos de seguridad te dejan al descubierto. Y la última es la de ignorarte, te van dejando a un lado porque te han sacado todo el provecho y ya no vales. Con esas cuatro partes, se puede formar toda la historia de tu vida.

Cuando volviste a ser tú, ¿qué había cambiado?
Todo. Ya no tienes nada de lo que eras antes. Tu vida cambia totalmente. Dejas de existir y comienza la vida de otro Mikel, pierdes todo contacto con tu familia, con tus amigos… Es una vida totalmente nueva. No he podido ver a mis padres. No he podido ver a mis hermanas. No he podido ir a su boda. No he podido ir al entierro de mis padres. La vida cambia del todo. Es una vida totalmente diferente.

Durante los dos años que estuviste infiltrado en ETA, ¿cómo radiografiarías la personalidad del etarra?
Totalmente diferentes a los de ahora. Hoy en día quieren justificar de tal forma a ETA que se quieren erigir en padres de la democracia. A mí no me pueden engañar… Había etarras muy preparados intelectualmente, pero era gente que odiaba a todo lo español con una fuerza impresionante. Me acuerdo que estando con la dirección de la organización les pregunte: “¿Qué queremos? ¿La independencia de Euskadi?” Me dijeron que qué va, que si yo estaba loco, que eso no se va a producir nunca. “Nos hemos metido en este berenjenal y tenemos que tirar para adelante, ya no podemos ir para atrás”, me dijeron. Puedo decir que de los etarras de aquella época sólo el 5% tenía unos ideales.

¿Crees que se podía haber acabado con ETA antes de todo este tiempo?
Ha habido varias ocasiones. La primera fue cuando la operación Lobo. Era un momento idóneo para haberlo conseguido, pero se hicieron mal las cosas. Aquel momento, en 1976, era un momento dulce. Es difícil tener un momento así. Ha habido otros pero no sé qué pasó, como si hubiera habido unos intereses ocultos.

¿Puede llegar a ser que en un momento determinado interesara que existiesen grupos así?
Es lo que pienso. Hay muchos intereses ocultos. Es incomprensible que después de 40 años se esté hablando de lo mismo, de otra manera pero de lo mismo. Lo que no entiendo es que ahora se quiera pasar página y a la vez se esté hablando de la memoria histórica. Ojo. La serpiente se reproduce. Ellos son capaces de dejarlo todo, pero, si no les salen bien las cosas, pueden volver.

¿Qué hiciste después?
Se cuenta, se dice, que cuando todo aquello termino me fui a América... Pero lo cierto es que terminé mi trabajo y me fui de vacaciones. Me iba a ir a Hawai… pero el avión se quedó en Canarias –y se ríe, con ironía, pero sin maldad alguna. Mikel, o como demonios se llame, es un tipo divertido, sonríe mucho y hace sonreír, de los que convierte cualquier conversación en agradable.

¿Seguiste trabajando en los servicios de inteligencia?
¡Hasta hoy!

Puedes leer el reportaje al completo en el nº112 de la revista Historia de Iberia Vieja

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