Se encuentra usted aquí

Marie Curie... una vida de cine que llega a España

Jueves 18 de Mayo, 2017
La genialidad de Marie Curie, su carácter y sus partes más tiernas son perfectamente retratadas en este filme que nos narra los momentos más importantes de la vida de una científica tan admirada como envidiada, luchadora en un mundo de hombres y ganadora de dos Premio Nobel.
Marie curie

Marie Noelle es la directora de Ludwig II (2012) y La mujer del anarquista, la película de 2009 ambientada en la Guerra Civil española. Y ahora continúa con el género biográfico narrando la vida de Marie Curie, posiblemente la científica más importante de la historia, “descubridora” del radio y el polonio y ganadora –la primera persona y la única mujer– de dos premios Nobel.

Precisamente, la película transcurre entre la entrega del primero de estos premios, el de física, en 1903, y la consecución del segundo, el de química, en 1911. Casi dos décadas de una vida apasionante definida por su amor a la ciencia, su incansable espíritu de lucha y una voluntad de hierro que la hizo levantarse de todos los golpes que el destino la fue propinando. El guión del filme acierta a recoger esos aspectos, en un repaso a la vida íntima de Marie, tanto en lo profesional como en lo familiar y amoroso; y la cámara se presta siempre a iluminar y embellecer cada momento –magnífica fotografía de Michal Englert–, aproximándose al cuerpo de la protagonista, a su rostro, feliz o contrito, o a sus manos heridas por la radiactividad; o retratando a los personajes en escenarios casi oníricos, bañados por la luz o difuminados en la niebla o la espesura. Siempre, en todo caso, con estricta precisión y evidente sentido estético, como mimando a un ser aparentemente frágil pero con tremenda fuerza interior; lo que también describe la extraordinaria banda sonora de Bruno Coulais: es de rigor citar estos elementos.

 

Una mujer de carácter

El relato se inicia cuando Marie y Pierre Curie son padres de su segunda hija y, tras dilatarlo en el tiempo, acuden por fin a Estocolmo a recibir el premio Nobel que ganaron juntos por sus investigaciones sobre los fenómenos de radiación. Son los albores del siglo XX y todavía Marie se encuentra en un segundo plano tras la figura de su marido. En París empiezan a surgir los primeros movimientos en favor de la emancipación femenina, pero la sociedad francesa –aún estremecida por el caso Dreyfus–, presta poca atención a estas reivindicaciones. Los esposos Curie se embarcan en su tarea, conscientes de sus limitaciones económicas y científicas y Marie aparece como una entregada madre y esposa a la vez que decidida investigadora. Pero en 1906, Pierre muere en un accidente en las calles de París y ella se queda sola.

Son momentos de incertidumbre, de dudas entre regresar a su Polonia natal o proseguir sus investigaciones; pero su carácter se impone, apoyada en su familia política, y vuelve al trabajo, empeñada en conseguir un laboratorio avanzado y suficiente para su empeño: conseguir aislar una partícula de radio puro. Claro que su empeño choca con el machismo de los académicos y profesores franceses, que no soportan ver a una mujer tachada de extranjera y atea impartiendo clases y realizando experimentos de altísimo nivel. Pero Marie cuenta –además de con la admiración de destacados científicos, como el mismísimo Albert Einstein– con la ayuda de su ayudante y amigo André Debierne y de su colega Paul Langevin. Con este último mantiene un apasionado romance, que acaba de manera melodramática, mientras la prensa y la calle la crucifican y ella, con los primeros síntomas de la enfermedad que la mataría, consigue el éxito buscado y recibe de la Academia Sueca de las Ciencias su segundo premio Nobel, esta vez el de química.

Marie Curie tiene en la pantalla el rostro y la figura de Karolina Gruszka, la intérprete ideal para plasmar la energía y la determinación del personaje tanto como la entrega y la pasión amorosa para con sus dos hombres. Ella tiene la belleza y la fuerza que, como decía, describe el guion y envuelven música y fotografía: toda una vida, todo un espectáculo.

 

Curie en España

Estuvo en tres ocasiones en nuestro país y en cada una de ellas causó una honda impresión a la sociedad española, tanto por  su personalidad como por  sus profundos conocimientos.

La primera de ellas, en abril  de 1919, despertó el interés de  Gregorio Marañón, quien acabaría convirtiéndose en buen amigo de la Premio Nobel, y la describió sin más adorno que un sombrerillo verde, sobria, delgada y vestida toda de negro. En esta primera visita, donde participó –en el Teatro Real de Madrid– en el Primer Congreso Nacional de Medicina, fue especialmente recordada por  la conferencia que celebró el día 22 de abril  en el Colegio de San Carlos con  el título El radio y sus aplicaciones, donde recibió el vivo aplauso de las muchas investigadoras presentes en el acto, que sirvió de acicate para que estas continuaran con  una labor en  aquel tiempo eminentemente masculina. Sus primeros días españoles concluyeron con  la Gran Cruz de Alfonso XII.

También en abril,  y doce años después, en 1931,  fue la “estrella” invitada en un espacio de la élite  intelectual que no  tardó en seducirla, la Residencia de Estudiantes. Tanto apreció sus novedosos métodos de estudios y el talento y prestigio de  profesores y alumnos, que dos años después, en su tercera visita, se convirtió en coordinadora del Comité de Artes y Letras de la Sociedad y ejerció de moderadora entre algunos de los  más grandes intelectuales y científcos europeos en el debate El porvenir de la cultura.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario