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El melancólico Felipe V

Martes 22 de Diciembre, 2015
Tras la muerte sin sucesión de Carlos II, se desencadenó la guerra de Sucesión en España, que finalmente refrendaría el testamento del último Austria: Felipe V se entronizó rey de España. Desde el principio, dio muestras de un humor variable pero, en el transcurso de la Guerra de Sucesión, mostró un gran arrojo, lo que le valió el apelativo de El Animoso. Por: Alberto de Frutos
Felipe V, Isabel de Farnesio, Farinelli, Luis I
En 1717, un día que salió a cabalgar, se manifestó su primer brote de locura, cuando creyó ser atacado por el sol. A partir de ahí su “melancolía” –así la llamaban entonces– se hizo más virulenta: sufría pesadillas, la más recurrente de las cuales consistía en una lucha a muerte con un fantasma al que debía clavar una espada; y se negaba a cambiarse de ropa o lavarse, por lo que lo asediaban los piojos.
Empezó a sufrir trastornos de sueño y solía reunirse con sus ministros pasada la medianoche. Tenía las ideas más extravagantes, como creerse una rana o que su ropa y la de su esposa irradiaban una luz mágica que podía llegar a envenenarlos. Para contrarrestar esos poderes malignos, encargó a unas monjas que le hicieran la ropa y ahuyentar así al Diablo.
Su condición mental le provocó desórdenes físicos de todo tipo, como fuertes cefaleas y trastornos gástricos, y se convirtió en un notorio hipocondríaco. Su único reposo espiritual lo encontraba escuchando al castrado Farinelli, a quien Isabel de Farnesio contrató para amansar a su marido.
Su madre, María Ana Victoria de Baviera, había sufrido de depresiones constantes, que la mantuvieron aislada casi toda su vida en el palacio de Versalles. En 1724, con la esperanza de heredar el trono de Francia, abdicó la corona en su hijo Luis I, pero este falleció poco después de viruela, y Felipe V volvió a sentarse en el trono, animado por su segunda esposa, Isabel de Farnesio, que temía perder su poder.
Fue entonces cuando su locura se ensañó con él, de acuerdo con Francisco Alonso Fernández. Por ejemplo, se negaba a cortarse las uñas de los pies hasta el punto de que no podía caminar. 
Según el hispanista Henry Kamen, sufría trastorno bipolar, que se manifestaba en períodos prolongados de tristeza, pérdida de interés por las actividades cotidianas, desórdenes de sueño y dolores físicos.
Si estudiamos su cuadro clínico, apreciamos también rasgos del delirio de Cotard, que le hacía creer que no tenía brazos ni piernas e incluso que no estaba vivo. En Vida y obra de Fernando VI, el escritor y divulgador Pedro Voltes apuntó que se había empeñado en llevar siempre una prenda usada antes por la Reina, porque temía que “le envenenasen con una camisa; otras veces prescindía de esa prenda y andaba desnudo ante extraños; se pasaba días enteros en la cama en medio de la mayor suciedad, hacía muecas y se mordía a sí mismo, cantaba y gritaba desaforadamente, alguna vez pegó a la Reina, con la cual se peleaba a veces y repitió tanto sus intentos de escaparse que fue preciso poner guardias en su puerta para evitarlo”.
En 1746 una embolia puso fin a sus días, a su reinado y a sus locuras.
Felipe V fue el sucesor del último monarca de la casa de Austria, su tío-abuelo Carlos II, por lo que se conviritó en el primer rey de la casa Borbón en España, una dinastía con historia. 
 
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