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MIGUEL DE CERVANTES

Viernes 16 de Diciembre, 2011
La vida personal de Miguel de Cervantes, eclipsada en cierta medida por la magnitud de su obra literaria, está salpicada de sucesos que aún permanecen envueltos en el misterio. Hombre de su tiempo, asistió a muchos de los acontecimientos históricos de una época trascendental de la Historia de España. Su experiencia vital influyó de manera decisiva en muchas de sus obras, inspirando sus tramas y los personajes que aparecen en ellas. Por: José Luis Hernández Garvi
Las dudas sobre la vida de Cervantes se plantean desde el momento en que nos preguntamos cuál fue la ciudad natal del escritor. Fue hace aproximadamente cincuenta años cuando los investigadores consiguieron probar que nació en Alcalá de Henares. Hijo de Rodrigo de Cervantes, un cirujano sordo que en realidad ejercía como sangrador y barbero, y Leonor de Cortinas, fue bautizado el 9 de octubre de 1547 en la parroquia de Santa María la Mayor de la localidad alcalaína. Sin embargo, la fecha exacta de su nacimiento no ha podido ser aún determinada con certeza, aunque todo apunta que fue el 29 de septiembre teniendo en cuenta que ese día se celebraba la festividad del arcángel San Miguel.

En 1551, Rodrigo de Cervantes con su madre, su tía María, su esposa y sus cuatro hijos, vendieron sus posesiones en Alcalá de Henares y se trasladaron a Valladolid, en donde se había instalado la Corte. Los cambios de residencia y la profesión del padre de Miguel, aspectos que caracterizaban las vidas de muchos cristianos nuevos de la época, ha inspirado a algunos autores la teoría sobre la posibilidad de un pasado de judíos conversos en la familia del escritor, dato que nunca ha podido ser confirmado.

Instalados en Valladolid, sufrieron graves problemas económicos y Rodrigo se vio obligado a recurrir a un usurero que le prestó dinero para sacar adelante a su familia. Sin embargo su situación no mejoró y el prestamista no dudó en llevar a Rodrigo a la cárcel mientras embargaba sus escasos bienes. Huyendo tal vez de los sinsabores de la capital vallisoletana, en 1553 el padre de Miguel se traslada a Córdoba buscando la ayuda de su padre, Juan de Cervantes. No hay datos que nos permitan asegurar si el resto de la familia acompañó a Rodrigo en su viaje al sur, aunque todo hace pensar que así fue. Rodrigo encontró trabajo como cirujano y ejerció como tal en el Hospital de la Caridad y en la cárcel del Santo Oficio.

Poco se sabe sobre cuándo y dónde comenzó sus estudios el joven Miguel de Cervantes. Parece seguro que asistió a clases en un colegio de jesuitas sin que haya podido determinarse si fue en Valladolid, Córdoba o Sevilla. Sí está demostrado que en Madrid recibió lecciones del catedrático de gramática Juan López de Hoyos. Este, en un libro que publicó en 1569 sobre la enfermedad, muerte y exequias de doña Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, incluyó tres poesías de “…Miguel de Cervantes, caro y amado discípulo”, comentario que confirma ese dato.

Hasta 1564 se pierde la pista de la familia Cervantes, fecha en que los documentos conservados de la época nos permiten encontrarlos en Sevilla. Rodrigo de Cervantes llegó a la capital andaluza acompañado de su hermano Andrés. Parece ser que fue el tío de Miguel quien prestó dinero a su familia para comprar una casa de cuyos alquileres vivieron. Gracias a esta circunstancia atravesaron un periodo de cierta estabilidad económica que duró varios años. En ese tiempo, Miguel se convirtió en un joven deslumbrado por la magnificencia de Sevilla, en aquel entonces una capital cosmopolita a la que afluían todas las riquezas provenientes del Nuevo Mundo.

Las calles de la populosa Sevilla constituían a la vez una escuela y un espectáculo. El puerto, sus plazas, palacios, tabernas, iglesias y prostíbulos, abarrotados de una fauna urbana compuesta por nobles y pícaros, frailes, soldados y mercaderes y buscavidas de toda ralea, componían una estampa de éxitos y miserias de las que Miguel de Cervantes tomó buena nota para plasmarlos posteriormente en muchas de sus obras.

Cuando la vida de Miguel y su familia parecía asentada en Sevilla, un nuevo cambio iba a alterar su aparente estabilidad. No se sabe cuáles fueron los motivos que impulsaron a Rodrigo a tomar tan drástica decisión pero el caso es que en 1566 se trasladó a Madrid, ciudad que por aquel entonces estaba a punto de convertirse en sede de la Corte ofreciendo una oportunidad a todos aquellos que estuvieran dispuestos a medrar en medio de las ambiciones de una multitud de funcionarios y burócratas.

Cuando llegaron a Madrid, Miguel tenía diecinueve años y el cambio drástico de residencia debió de afectarle profundamente. El aspirante a escritor había dejado atrás el brillo deslumbrante de Sevilla para cambiarlo por las estrechas calles de la capital y la austeridad de una Corte sumida en sombras. La asistencia a las clases de López de Hoyos debió de compensar en parte la decepción del joven Miguel. Mientras escribía sus primeros versos y recibía el reconocimiento de su maestro tomó la decisión de dedicarse a la Literatura. Sin embargo, un incidente iba a interrumpir bruscamente sus estudios marcando su destino para siempre.

En septiembre de 1569 se emitió un mandamiento judicial en el que se hacía saber que se condenaba en rebeldía a Miguel de Cervantes por “…Haber dado ciertas heridas en esta Corte a Antonio de Sigura”, delito que, en una macabra premonición, llevaba emparejada la pena de amputación de la mano derecha con vergüenza pública y la accesoria de diez años de destierro. Las circunstancias y los motivos que rodearon el suceso nunca han podido ser aclarados. Parece ser que Cervantes hirió en un duelo de espadas al tal Antonio de Sigura, según unas fuentes paseante de la Corte y, según otras, un simple albañil iletrado.

Dos meses más tarde, la presencia del fugitivo aparece documentada en Roma, ciudad a la que llegó escapando de la acción de la justicia en España. En aquel momento tenía veintidós años y el rumbo de su vida era incierto. Algún contacto le permitió entrar al servicio del joven cardenal Giulio Aquaviva y durante un año trabajó como ayuda de cámara en su palacio, oficio que debió de frustrar sus expectativas. Cuando llegaron las noticias de la Armada que se estaba preparando para luchar contra el turco, el inquieto Cervantes no dudó en alistarse.

Convertido en arcabucero de los tercios, Cervantes recorrió gran parte de Italia hasta que fue embarcado en la flota combinada que España, Venecia y el papa Pío V habían reunido en el puerto de Nápoles para combatir a los turcos en el Mediterráneo. A bordo de una de las galeras bajo el mando del marqués de Santa Cruz debió de llegar Rodrigo, el hermano menor de Miguel, que había sido reclutado como soldado en España. El 14 de septiembre de 1571, la poderosa flota se hizo a la mar dispuesta a derrotar a sus enemigos. Tras más de veinte días de búsqueda infructuosa, el 7 de octubre los vigías divisaron a la armada turca al mando de Alí Bajá refugiada en el golfo de Lepanto.

Aquel día, Cervantes estaba enfermo con fiebre y vómitos, postrado bajo cubierta y atendido por los cuidados de su hermano Rodrigo, embarcado con él en la galera La Marquesa. Juntos asistieron a los preparativos de la batalla que se avecinaba y a pesar de su salud, Miguel no rehusó el combate y ocupó el puesto que tenía asignado. Hay pruebas documentales que hablan del comportamiento heroico mostrado por el joven escritor en medio del fragor de la lucha.
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