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Séneca, el mártir de su lealtad

Martes 12 de Abril, 2016
Se formó en retórica en Roma, donde tuco contacto con las distintas modalidades de la doctrina estoica. Entró en política y fue nombrado Pretor. Se enfrentó a Calígula y Claudio lo envió al destierro. Son algunas de las claves de la vida de Séneca, el célebre filósofo nacido en Córdoba
Así vio Rubbens la muerte de Séneca

Durante la era imperial romana, Lucio Séneca fue una de las figuras más importantes de la política gracias a que supo cosechar la admiración y el respecto de sus colegas al mismo tiempo que el odio de sus enemigos. La tradición ha situado su nacimiento en Hispania y, concretamente en Corduba (la actual Córdoba) en torno al primer año de nuestra era aunque, a decir verdad, no hay ningún documento que lo respalde.

Se caracterizó por ser uno de los más destacados pensadores e intelectuales de la época, con una oratoria brillante y unos principios políticos y filosóficos que llegaron a revolucionar el mundo, por lo que sigue siendo considerado el máximo representante del estoicismo romano.

De casta la viene al galgo, suponemos porque ya su padre, el procurador imperial Marco Anneo Séneca, fue también una eminencia de la retórica, el arte de la oratoria y del debate. Para no confundirles al hijo se le conoce también como Séneca el Joven. Tuvo la fortuna de criarse en el seno de una familia privilegiada que le procuró una educación de primer nivel en la escuela romana Sextii.

Desde muy joven logró convertirse en una figura popular dentro del ámbito del derecho, al mismo tiempo que ganaba fama como escritor de tragedias.

No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas.

Séneca siempre tuvo una salud enfermiza, debido al asma que padecía desde su infancia. Tanto es así que llegó a escribir que lo único que le impedía suicidarse era la incapacidad de su padre de soportar su pérdida.

Aunque sus problemas comenzaron realmente en el año 39 cuando el emperador Claudio lo acusó de cometer adulterio con su sobrina Julia Livila, lo que debió pagar con el exilio. De este modo fue enviado a Córcega en el año 41.

Un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella.

Séneca se mantuvo activo durante su exilio y  entre los años 40 y 43 escribió sus tres tratados denominados “Consolaciones”. Seis años después, la esposa de Claudio, le pidió a su marido que el filósofo regresara a Roma.

Aprovechó el tiempo porque, sólo un año después, Séneca contrajo matrimonio con Pompeya Paulina, lo que le permitió conectarse con personajes influyentes de la escena romana, y poco después convertirse en Pretor. Fue en esa época cuando se convirtió en tutor del joven Nerón, por lo que, cuando fue nombrado Emperador, Séneca se transformó en el primer ministro oficial.

El filósofo cordobés continuaría escribiendo. De hecho, muchos historiadores piensan que la mayoría de las políticas implementadas durante la primera mitad del reinado de Nerón fueron de su autoría.

Sin embargo, conforme Nerón fue creciendo, comenzó a desembarazarse de la «benigna» influencia de Séneca. Algunos de sus más íntimos amigos, convencieron al Emperador de que Séneca era en realidad un enemigo.

Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo que lo que los otros opinen de ti.

Y la desgracia volvió a caer sobre la vida de Séneca, que decidió retirarse de la vida pública en el año 62 y dedicarse a escribir las llamadas “Cartas a Lucilio”.

La ira: un ácido que puede hacer más daño al recipiente en la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte.

No fue suficiente para sus enemigos y tres años más tarde sería acusado de conspirar para derrocar a Nerón. Fue entonces cuando el emperador le pidió que, para demostrar su lealtad, se suicidara. Y Séneca se cortó las venas.

En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto.

 

 

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