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Simón Ruiz, el Rockefeller de Felipe II

Jueves 30 de Marzo, 2017
Exitoso comerciante, banquero y mecenas, el burgalés Simón Ruiz Envite se convirtió en uno de los personajes más destacados y poderosos del Siglo de Oro español, llegando a prestar dinero al mismísimo Felipe II, al tiempo que amasaba una fortuna y un legado de dimensiones colosales. Fue la persona que ayudó al rey en sus sueños imperiales.
Javier García Blanco

Aunque hoy en día muchos españoles no sepan ubicarla en el mapa, y la mayoría de nuestros vecinos europeos desconozcan incluso su existencia, hubo un tiempo, allá por el siglo XVI, en el que la villa vallisoletana de Medina del Campo fue una de las localidades más importantes del mundo occidental. La razón de la riqueza y prosperidad de esta villa castellana se encontraba en su intensa y envidiada actividad comercial, cuya mayor manifestación eran las ferias en las que se comerciaba con productos de todo tipo –y en especial paños y telas de los Países Bajos– llegados de todos los rincones del planeta.

Aquel boom mercantil de la Villa de Ferias –así sigue siendo conocida hoy– atrajo, como es lógico, a multitud de mercaderes de toda la Península y del resto del continente, pero también a una marabunta de cambistas, banqueros y toda suerte de hombres de negocios, deseosos de aumentar su fortuna en las tierras de Castilla. Entre ellos destaca la figura de un burgalés que, merced a su instinto para los negocios y su proverbial prudencia, logró construir casi desde cero una fortuna descomunal para un hombre que no contaba previamente con el apoyo de una poderosa familia a sus espaldas. Su nombre: Simón Ruiz Embito, un mercader de paños que acabó convirtiéndose en una de las figuras más respetadas e importantes de la España de Felipe II, monarca al que llegó a prestar abultadas cantidades de dinero cuando el Austria estaba más necesitado de ellas.

INSTINTO PARA LOS NEGOCIOS
Simón Ruiz nació en la pequeña localidad de Belorado (Burgos) hacia 1525 –la fecha exacta se desconoce–, en el seno de una familia de profunda raigambre burgalesa. Los Ruiz estaban lejos de ser una estirpe adinerada, pero no carecían de vínculos de importancia. El abuelo paterno de Simón,

Diego Ruiz Embito, había sido secretario del condestable de Castilla, don Bernardino Fernández de Velasco, y su abuela estaba emparentada con los condes de Oñate. En todo caso, parece que la economía familiar era más bien modesta, y estaba probablemente relacionada con el comercio de lana. Una actividad ésta, la mercadería de telas y paños, que continuaría Simón, y a la que dedicaría buena parte de su vida. No es mucho lo que sabemos de Simón Ruiz en sus años de adolescencia y juventud, pero las referencias a su persona comienzan a aumentar cuando alcanzó la veintena. Es entonces, a mediados de la década de 1540, cuando empieza a realizar sus primeras operaciones comerciales.

Uno de sus hermanos mayores, Andrés, se había establecido en la localidad francesa de Nantes en 1537, y desde allí mantenía relaciones mercantiles con comerciantes de Bilbao, Burgos y Medina del Campo. En la ciudad gala residía también otro comerciante, Yvon Rocaz, con quien Simón Ruiz no tardó en entablar contacto por medio de su hermano. Fue Rocaz quien empezó a enviarle paños y lienzos de Bretaña para que el burgalés los vendiera en las ferias castellanas, y de este modo Simón Ruiz acabó recalando en una de las plazas más importantes de la época, la de Medina del Campo.

Se inició así para Ruiz una intensa actividad mercantil de la mano de Rocaz, un negocio para el que se asoció con sus hermanos Andrés y Vitores y su primo Francisco de la Presa. Viendo la privilegiada y estratégica situación de Medina del Campo para sus planes empresariales, Simón decidió establecerse en la villa en 1550, residiendo en una modesta vivienda de la calle de la Plata. A partir de entonces los negocios de Ruiz no pararon de sucederse.

En 1551 se asoció con un comerciante llamado Juan de Orbea, y dos años después con otros dos mercaderes –Andrés Merino y Francisco de Zamora–, todo ello sin abandonar la pujante empresa iniciada junto a sus hermanos. Apenas cinco años más tarde, coincidiendo con el fi n del enfrentamiento entre Francia y España gracias al Tratado de Vancelles, sus tratos con Rocaz fueron aún mayores, rindiendo pingües beneficios para ambas partes. Una lucrativa asociación que perduró hasta 1569, año de la muerte de su socio francés.

Algunos años antes, en 1560, Simón Ruiz dejó temporalmente su “cuartel general” de Medina para viajar a Nantes. Allí visitó a su hermano, pero sobre todo se dedicó a cerrar nuevas operaciones de compraventa de mercancías. No es extraño que Ruiz decidiera presentarse en Francia para supervisar por sí mismo los detalles de sus negocios: en los años anteriores, su relación mercantil con Francia había supuesto una facturación por ventas cercana a los 80 millones de maravedíes. Por aquel entonces, comienzos de la década de 1560, Simón Ruiz ya se había granjeado una notable fama de mercader prudente, fiable y de confianza. Una reputación favorable que siguió creciendo a la par que su fortuna. En 1561, fecha de su matrimonio con doña María de Montalvo, dama vinculada a la nobleza, su patrimonio acendía ya a unos 35.000 ducados, una cifra nada desdeñable, a la que habría que sumar sus ya abundantes y valiosos bienes muebles.

Una de las razones que explican el rotundo éxito de los negocios del burgalés, convertido ya en una especie de Amancio Ortega del siglo XVI, es su extensa y tupida red de colaboradores y corresponsales distribuidos por toda Europa. Ruiz contaba con enviados y asociados en las ciudades más importantes del momento, como Lisboa, Valencia, Amberes, Génova, Lyon o Rouen, entre otras. Estos corresponsales no solo le abrían la puerta de innumerables negocios más allá de las fronteras castellanas, sino que además le proporcionaban información vital sobre la situación económica y política de los diferentes estados extranjeros,

Lee el artículo completo en el nº142 de la revista Historia de Iberia Vieja.

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