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Victoria Ocampo, nexo entre la cultura europea y americana

Viernes 07 de Abril, 2017
Valedora entre otros de Borges, Camus o Thomas Mann; fundadora de la revista cultural Sur; Victoria Ocampo fue una de las primeras mecenas y agitadora cultural del siglo XX. Se quedó escribiendo a la sombra. Decía que el pudor es el principal enemigo de la literatura y de la mujer.

Victoria Ocampo fue adúltera en una sociedad muy conservadora y renunció a la maternidad. Fue intelectual en una época de sospecha sobre ese género. De su obra dijo que “la piedra preciosa existe. Yo no soy dueña de ella sino una depositaria momentánea, pero la piedra está cubierta de ganga y probablemente nunca conseguiré limpiarla para que brille”. Por eso, en 1931, dedicó su fortuna y sus esfuerzos a la creación de la revista, Sur que se editó hasta 1992 y contribuyó a poner a América Latina en el primer plano cultural del mundo.

Sólo por estas cosas vale la pena conocer a Victoria Ocampo que, por si no lo sabes, fue hija de un aristócrata que descendía de un paje gallego de Isabel la Católica, uno de los primeros habitantes de la isla de Santo Domingo. Nació en Buenos Aires (Argentina) el 7 de abril de 1890 y su nombre completo era Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo. Ahí es nada.

Sus viajes a lo largo del mundo le permitieron entrar en contacto con los principales exponentes de la literatura y el ámbito intelectual. Pero no sólo fue una musa.

Publicó diversos libros como La laguna de los nenúfares (1926), diez tomos de Testimonios y Tagore en las barrancas de San Isidro (1961). La mencionada revista Sur promovió las obras literarias de importantes autores nacionales e internacionales como Federico García Lorca o Virginia Woolf. "El reconocimiento mundial a Borges es obra suya", según afirma Juan Javier Negri, director de Fundación Sur,

En 1941, se instaló definitivamente en su residencia Villa Ocampo —actualmente perteneciente a la UNESCO—, que se convirtió en lugar de recepción de figuras extranjeras como Rabindranath Tagore, Roger Caillois, Ernest Ansermet o Indira Gandhi, entre otros.

Tuvo la suerte de venir de una muy buena familia, de tener dinero y de aprovechar el momento en el que el cambio de la moneda argentina era favorable para impulsar proyectos en Europa.

Ocampo tuvo que capear toda su vida con el machismo. Dejó escrito que "los hombres han hablado enormemente de la mujer, pero, desde luego y fatalmente, a través de sí mismos".

Feroz en su lucha por el voto femenino, lideró campañas antifascistas y se desenvolvió orgullosa en su antiperonismo y republicanismo hasta acabar un tiempo entre rejas. Hasta Ortega y Gasset quedó fascinado por esta mujer que dejó a su paso una estela de intentonas románticas.

En los libros, Ocampo buscó aquello que le negaba la vida, superando, mediante la evasión literaria, los límites que le imponía su clase social. «Cuanto más vivo, más segura estoy de que no encontraré a un ser capaz de comprenderme. Me quedo con los libros, por el momento», confesó, en una carta, a su amiga Delfina Bunge.

Y no le faltó razón. En 1912 se casó con Luis Bernardo de Estrada, del que terminó separándose poco tiempo después de conocer a su verdadero amor, Julián Martínez. De hecho, tras una larga luna de miel en Europa, aparecieron las desavenencias entre ambos y al regresar a Buenos Aires, aunque vivían en la misma casa, sólo se encontraban en reuniones sociales para mantener las apariencias hasta que se separaron legalmente en 1922.

Nunca volvió a casarse, ni tuvo hijos. Escrutó sus propios celos, su deseo; confesó sin paños calientes que era adúltera, que no vivía con su marido y que creía en el amor libre.

En 1967 fue nombrada doctora honoris causa de la Universidad de Harvard. En 1976 designada miembro de la Academia Argentina de Letras, la primera mujer en ocupar ese lugar. Además fue presidenta del Directorio del Teatro Colón en 1933; Fundadora de la Unión Argentina de Mujeres y su presidenta de 1936 a 1938; Vicepresidenta Honoraria Internacional del Pen Club; y Miembro del Directorio del Fondo Nacional de las Artes de 1958 a 1973. Un apunte más: Ocampo fue la única periodista iberoamericana que estuvo presente en los Juicios de Nüremberg.

Falleció en Buenos Aires el 27 de enero de 1979.

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